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Arqueólogos develan foso negro de fortín español

Los trabajos se realizaron en el fortín número uno de la Trocha Militar de Júcaro a Morón, localizado en las inmediaciones del poblado de Júcaro, al sur de la provincia de Ciego de Ávila

Autor:

Luis Raúl Vázquez Muñoz

VENEZUELA, Ciego de Ávila.— Durante la última guerra de independencia la vida de los soldados españoles en los fuertes más próximos al puerto de Júcaro era, tal y como dicen muchos documentos de la época, llena de tedio, con niveles de hacinamiento en medio de noches largas y frías, y sometida a alguna que otra escaramuza con los mambises.

O al menos eso es lo que indican las últimas excavaciones efectuadas en el Fortín Uno de la Trocha de Júcaro a Morón, cuando un grupo de arqueólogos del Centro Provincial de Patrimonio y el Centro de Estudios del Área Arqueológica de Los Buchillones, del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), descubrieron el foso negro o sanitaria de ese recinto, a un kilómetro del puerto pesquero ubicado al sur de Ciego de Ávila y que fuera bastión de las tropas peninsulares.

Hasta la fecha no se habían realizado excavaciones en el sistema de residuales de los fuertes de la Trocha, línea militar construida por España durante la Guerra de los Diez Años para impedir el paso de las fuerzas mambisas entre el oriente y el occidente del país. Cuando el capitán general Valeriano Weyler tomó el mando de Cuba, durante la contienda iniciada en 1895, ordenó su reforzamiento y se construyó un sistema de fuertes de piedra, puntos de escucha, blockhouse y alambradas, entre otras obras que se extendieron desde Júcaro hasta las inmediaciones de Cayo Coco, al norte de Ciego de Ávila.

Roberto Álvarez Pereira, arqueólogo del Centro Provincial de Patrimonio, explicó que los trabajos consistieron en descubrir esa estructura, observar su tipología constructiva y localizar restos u objetos que brindaran una idea de la rutina diaria en ese tipo de espacios fortificados en pleno período de acciones militares.

En cuanto al hallazgo de piezas en el interior de la fosa, el resultado fue nulo. Ni un proyectil emergió del lodo, tampoco un fragmento de vasija y mucho menos pedazos de ropas o residuos de comida. Y ese hecho puede indicar

—en opinión de Álvarez Pereira— los niveles de disciplina del soldado español, a quien le exigían no verter nada a la fosa ni la letrina interior, la cual solo se debía utilizar en caso de sitio.

El descubrimiento también revela la calidad del diseño y ejecución del sistema sanitario, que impedía obstrucciones y preservaba así a los militares en una zona bastante hostil para la salud, donde el riesgo de contraer alguna epidemia era elevado debido a las plagas, el fango casi sempiterno y otras insalubridades provocadas por el propio terreno.

Sin embargo, otros detalles se descubrieron durante las excavaciones, que contaron con la asesoría del Doctor Jorge Calvera Rosés, del Citma. En primer lugar, que la fosa se mantiene intacta con su armazón original de madera. No obstante, diversas huellas indican que el sistema pudo haber sido ampliado en la época, pues su tamaño es mayor que el reflejado en los planos de inspección de obra hechos por el mando español.

Este elemento puede corroborar la idea de que en algunos momentos el fuerte —como la Trocha en general— debió acoger no a los 15 fusileros destinados originalmente a la vigilancia, sino que en su interior debieron hacinarse una treintena de personas, detalle reiterado en numerosas crónicas e informes, sobre todo después de 1898.

Pero si en el foso negro los arqueólogos no obtuvieron nada, en los alrededores del fuerte, en cambio, encontraron restos de losas y vainas de proyectiles de fusil, junto a parte de la atalaya de la garita superior o torre de vigilancia que tenía cada fortín. La suma total de los indicios encontrados junto con los restos de balas, vestuario, botones y vasijas hallados de las primeras excavaciones, hechas en abril de 2013, sugieren que, al menos en ese punto, los españoles no tuvieron que  encarar ataques prolongados.

Álvarez Pereira informó que los objetos encontrados y los resultados de las excavaciones serán expuestas en el futuro en distintos espacios. La información acopiada, además, permitirá recrear recorridos virtuales por estos emplazamientos con la ayuda de tecnologías en tercera dimensión, los cuales brindarán una idea de cómo eran originalmente y la vida cotidiana en ellos.

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