El desventurado viaje del caracol africano

La presencia en Cuba del molusco terrestre Lissachatina fulica Bowdich, conocido como caracol gigante africano, ha generado importantes preocupaciones entre la población dado los riesgos que implicaría en la transmisión de enfermedades. JR aclara sobre las características y peligros reales de esta especie altamente invasiva

Autor:

Mayte María Jiménez

Desde hace pocas semanas una noticia ha recorrido las calles de La Habana: un peligroso caracol africano está en Cuba. Nadie sabía a ciencia cierta de qué se trataba, pero los rumores se expandieron rápido, y no eran halagüeños. Las teorías de su introducción fueron muy diversas: que si entró para fines religiosos, como una mascota exótica de regalo, o con pretextos decorativos. Lo cierto es que más allá de su impresionante tamaño o los enigmas de su «arribo» al país, esta especie guarda particularidades que detonan una señal de alerta para la salud humana.

Para descifrar algunas interrogantes sobre la procedencia, características y peligros reales de esta especie de molusco terrestre llamado científicamente Lissachatina fulica Bowdich, JR dialogó con el Máster en Entomología Médica y Control de Vectores, Antonio Alejandro Vázquez Perera, jefe del Laboratorio de Malacología del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí, quien centra los estudios de este caracol hallado en el municipio de Arroyo Naranjo, en la capital.

Explica que Cuba ha sido casi el último país en el continente americano donde se ha introducido la especie, pues hace años se conoce su existencia en Sudamérica y Centroamérica, lugares donde incluso se come y hay reportes continuados de contagio de enfermedades, y se ha advertido la presencia en la región Norte, en localidades estadounidenses como la Florida.

De acuerdo con los estudios que se realizaron inmediatamente después de que comenzaron los rumores de su presencia en el país, un equipo del IPK acudió a las zonas donde se especulaba estuvieran los caracoles, y efectivamente encontraron ejemplares que, por su tamaño, se estima hayan sido introducidos hace aproximadamente año y medio, o dos años.

Señala Vázquez Perera que los caracoles recolectados en el terreno tenían unos diez centímetros de largo, lo cual indica, según el patrón de crecimiento, que nunca sobrepasaría los dos años el tiempo que el caracol africano está en la capital; al menos no en ese territorio, pues también se trata de una especie sumamente invasora, con elevados índices de reproducción.

«Estamos hablando de caracoles que crecen por semanas y pueden llegar a alcanzar los 20 centímetros de largo; incluso se han reportado en el mundo algunos que superan esta marca, con una esperanza de vida de casi nueve años», apuntó.

En un artículo publicado por el investigador en el sitio del IPK, señalaba que esta colecta fue realizada en los alrededores del reparto Poey, municipio de Arroyo Naranjo, en julio de 2014, y se comprobó la presencia de un número considerable de individuos de L. fulica, con tallas medias de diez centímetros de largo de concha, fundamentalmente en árboles y arbustos.

Se trata de una especie nativa del continente africano que ya ha llegado a casi todo el planeta, pues se utiliza con fines religiosos y terapéuticos, y tiene una alta plasticidad fenotípica, o sea, que es capaz de adaptarse a las más disímiles condiciones de vida y reproducirse así.

Argumenta que el caracol africano tiene una estrategia de reproducción con alta fecundidad y fertilidad, puede poner entre 50 y 300 huevos, seis veces en el año. Además es una hermafrodita que puede alternar la fecundación cruzada con la autofecundación, lo que hace más alta su posibilidad de expansión.

«Todas estas características ecológicas la convierten en una especie altamente competitiva, capaz de autosoportar sus poblaciones y desplazar a las nativas, producto de la competencia por explotación e interferencia sobre los recursos (alimento, espacio).

«Debido a ello puede ser considerada una especie invasiva que podría traer consecuencias desagradables sobre la fauna y flora autóctona de Cuba», alertó.

Peligroso hospedero intermediario

Más allá de la amenaza que puede representar para las especies autóctonas cubanas, el caracol africano ha desatado una marcada preocupación por los riesgos que tiene como hospedero intermediario de enfermedades muy peligrosas para el ser humano.

El caracol africano es considerado el principal vector en el mundo de Angiostrongylus cantonensis, nemátodo causante de Meningoencefalitis Eosinofílica en humanos. «Este parásito, que existe en Cuba hace varias décadas y que es transmitido por la mayoría de las especies de moluscos terrestres autóctonos cubanos, pudiera incrementar su frecuencia de transmisión en humanos debido a una mayor compatibilidad con la nueva especie introducida», apuntó.

El especialista advierte que A. Cantonensis es un nemátodo parásito de roedores en su estado adulto, pero que utiliza a los moluscos como hospederos intermediarios. El humano se infecta de forma accidental al ponerse en contacto con larvas provenientes de los moluscos.

«Ello puede causar una meningoencefalitis que pudiera ser fatal si no se atiende a tiempo. El problema con el caracol africano es que, al ser más grande, puede albergar una mayor cantidad de larvas», significó.

No obstante, aclara Vázquez Perera, debemos señalar que prácticamente todas las especies cubanas de moluscos terrestres (más de 1 500), así como algunas de agua dulce, transmiten este parásito.

—¿Por qué es tan peligrosa esta especie respecto a otros caracoles terrestres?

—En este caso la compatibilidad molusco-parásito es muy buena. Si a sus características biológicas de buen hospedero intermediario se le suman otras como su facilidad de reproducción, así como algunas ecológicas como su capacidad de ser generalista de hábitat y alimentos y su fuerte aptitud competitiva, el escenario podría favorecer la transmisión de A. Cantonensis por L. fulica.

—Se habla en otras geografías de un problema de salud…

—Efectivamente, L. fulica es considerada un problema de salud en muchos países de América del Sur por el nemátodo que transmite, pero fundamentalmente asociado a su consumo crudo o mal cocido, o el contacto con su baba. Los resultados preliminares con muestras colectadas por nosotros han revelado una alta infección con A. Cantonensis.

—¿Qué otras enfermedades puede transmitir el caracol?

—Se describe en la literatura médica especializada que este caracol puede ser hospedero de parásitos como el Aelurostrongylus abstrusus, Angiostrongylus costaricensis (causa angiostrongyliasis abdominal), Trichuris spp, Hymenolepis spp y Strongyloides spp, que pueden afectar la salud de diferentes especies.

«No obstante, lo referido a informaciones no científicas acerca de las enfermedades diarreicas que tratan de asociarlas a esta especie no guarda mucho sentido: de forma general los moluscos pueden ser reservorios de muchos microorganismos y virus que, en teoría, pudieran causar estos eventos».

—¿Cómo prevenir el contagio en los seres humanos?

—Los cuidados con el caracol africano son los mismos que con cualquier otra especie de molusco: evitar tocarlo o jugar con él, y en todo caso, lavarse las manos con jabón después, y no pasa nada.

«Lo mismo sucede con las frutas (lavarlas antes de comerlas) puesto que esta especie es generalista de hábitat y puede caminar por cualquier parte, incluso dentro de las viviendas».

—¿Qué estrategia ha seguido el IPK en el estudio de estas especies?

—La fauna malacológica de Cuba es considerada una de las más diversas del mundo con un endemismo que alcanza el 95 por ciento en sus representantes terrestres. El Laboratorio de Malacología del IPK ya está realizando las investigaciones necesarias (distribución, ecología, parámetros demográficos y parasitología) sobre esta especie en condiciones cubanas para determinar su plan de manejo en relación con la Dirección Nacional de Vigilancia y Lucha Antivectorial.

«Por lo que hemos visto en el terreno pensamos que está bastante localizado, aunque no dudo que se expanda. Se trata de una especie que es hermafrodita, con una tasa de reproducción muy elevada de casi 300 caracoles en seis puestas al año y algunos picos de explosiones demográficas, por eso hablamos de una especie que puede ser muy invasiva.

«Aún no tenemos precisión del origen de este caracol, estamos realizando estudios para saber de qué región pudo llegar, pues hablamos de una especie que esta diseminada ya por casi todo el continente americano, y en Cuba encuentra un clima muy propicio para su reproducción».

—Una vez introducida, ¿hay posibilidades de controlarla o erradicarla?

—Hay posibilidades de controlarla si se actúa ya, pues la tasa de reproducción es muy elevada. Lo ideal sería colectas manuales y transformación del hábitat. Para ello está diseñado un plan de control de vectores en todo el país, pero hay que actuar rápido.

Características a tener en cuenta

El caracol gigante africano es una especie terrestre, cuyos adultos pueden presentar una concha de hasta 20 centímetros de longitud y diez centímetros de ancho. Los huevos son depositados en el suelo, las puestas pueden llegar a tener hasta 600 huevos de medio centímetro de diámetro y son de color amarillento.

Se ha observado alimentándose de numerosas especies hortícolas, ornamentales y de la vegetación natural, de excrementos de animales domésticos, hojarascas del suelo, restos orgánicos domiciliarios y hasta de animales muertos, tanto de especies nativas como de su propia especie.

Son de hábitos nocturnos, ya que se los encuentra con mayor actividad biológica durante la tarde, noche y en las primeras horas de la mañana, siempre que las condiciones climáticas se lo permitan.

El caracol gigante africano es más abundante en áreas no naturales como jardines y patios, aunque pueden presentarse en una amplia diversidad de ambientes como áreas boscosas naturales e implantadas, áreas agrícolas, urbanas y periurbanas; utiliza diferentes sustratos como refugios. Se le  observa en paredes, árboles, arbustos, en el suelo y el interior de viviendas.

Son capaces de moverse hasta 50 pies (1 500 cm) en una sola noche para alimentarse. Estimados de países donde está presente informan que pueden llegar a trasladarse hasta 125 metros en un mes.

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