¿Cómo no «morir» con Viola Davis? - ¿En serio con las series?

¿Cómo no «morir» con Viola Davis?

La recetas de la industria cultural para las series de leyes y crímenes se modernizan y se reinventan para satisfacer las expectativas más altas de los consumidores

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Viola Davis es, lo que se dice, un tronco de actriz. Un tronco saludable, de frondosas y múltiples ramas, de esos que cobijan y alimentan (el espíritu). No porque haya sido nominada al Oscar por películas como The Help y Doubt, y que lo consiguiera finalmente por Fences, ya tenemos que inferir su grandeza. Sucede que cuando actúa esta mujer resulta brillante, portentosa, convincente. Y eso lo saben perfectamente Pete Nowalk, el creador y principal guionista de How To Get Away With Murder (Cómo salvarse de un crimen), y la superconocida Shonda Rhimes, escritora de las más que populares Anatomía de Grey, Práctica Privada y Escándalo, quien aquí se desempeña como productora ejecutiva, cuando convocaron a la afroamericana casi cincuentona para que de una vez y por todas asumiera un protagónico en la televisión, después de sus esporádicas apariciones en capítulos de La ley y el orden, Whithout a Trace, CSI, Brothers & Sisters..., porque ella es esta serie que la cadena ABC estrenó en 2014.

No es que Wes Gibbins (Alfred Enoch), Connor Walsh (Jack Falahee), Michaela Pratt (Naomi King), Asher Millstone (Matt McGorry) y Laurel Castillo (Karla Souza), como los sedientos de éxito, muy ambiciosos, indetenibles, ingeniosos e inteligentes estudiantes de la profesora Annalise Keating (Viola Davis) sean incapaces de hacer transcender sus respectivos personajes, sino que Cómo salvarse de un crimen, que transmite Multivisión, está hecha a su medida.

Pero, ¿quién es esta siempre «atravesada» profesora Annalise Keating, que tanta influencia tiene en sus pupilos y lleva consigo la fama de ser la más estricta de la universidad? Imparte Derecho penal y ha elegido a sus cinco alumnos más competentes para que pongan en práctica, en la «vida real», su teoría de cómo se puede ganar un caso en el juzgado. Según la experimentada abogada, para defender a un cliente acusado de homicidio, basta con: 1- desacreditar al testigo. 2- hallar un nuevo sospechoso. 3- desaparecer las pruebas.

Lo cierto es que sus alumnos se lo toman al pie de la letra, porque cuando vienes a ver los descubres a todos quemando un cadáver en el medio del bosque, seis meses después de aquella importante lección, lo que significa que en ese lapso de tiempo han hecho y desecho, y con ello se han desatado los sucesos que irán enredando más y más la trama de este thriller serializado concebido para mantener a la audiencia en jaque, que explota sin timidez el suspenso, ofreciéndonos constantemente informaciones que solo despiertan nuevas preguntas, y que tiene de base las ya probadas disputas entre la fiscalía y la defensa (a los espectadores les encantan los procesos de los dramas legales) para ver quién logra ser más genial, sin importar demasiado la verdad.

Llegado a este punto, los seriéfilos sabrán de inmediato que How To Get Away With Murder no sobresaldrá justo por su novedad, lo cual no le resta méritos porque este dramatizado definitivamente entretiene, funciona, está bien realizado. Lo primero es que al mezclar con organicidad diferentes géneros, como bien aseguran sus hacedores, les puede interesar lo mismo a los seguidores de La ley y el orden, que a los defensores de Dexter o de Anatomía de Grey, es decir, que está dirigida para un amplio abanico de público.

Mucha importancia tienen los a veces extensos flashbacks y los flashforwards (escenas en el futuro) en esta serie donde se intercalan dos líneas temporales y en la cual los espectadores, porque de ese modo se lo han propuesto los guionistas, casi nunca poseen claridad de cuáles son las motivaciones que mueven a los diferentes personajes, lo que los torna más interesantes, aunque lo anterior también los limite de cierta forma en su desarrollo sicológico. Como le dice Annalise a su auditorio en clase: «¿Alguien sabe quién es quién en realidad?». Lo mejor, sin embargo, no es si son buenos o malos, el problema radica en las decisiones que toman.

How to Get... se ubica entre esos dramatizados que cuentan con tramas legales en que, justo por lo anterior, en nuestro papel de detectives hogareños, nos encontramos haciendo suposiciones que no conducen a ninguna parte, a no ser hacia una posición ética no muy firme cuando nos sorprendemos empatizando sobre todo con aquel que creemos es el asesino.

Aplaudo de esta realización, que por su acogida ya tiene aprobada una cuarta temporada, el modo natural como se lleva adelante la representación de identidades, como al parecer es característico en los audiovisuales que portan la marca de la showrunner Shonda Rhimes. Como era de esperar, no pocos se han molestado en Estados Unidos porque Cómo salvarse de un crimen presentó como protagonista a una mujer negra, de mediana edad, asumiendo el rol que le debería corresponder a un hombre blanco y bello. Y como si fuera poco, su Annalise, además de haber contraído un matrimonio interracial, escandaliza con su bisexualidad (la actriz Famke Janssen tiene la capacidad de siempre imantar), mientras algunos personajes muestran abiertamente, como lo más normal del mundo (como lo es), su relación gay (el caso de Connor, por ejemplo).

Y, como debe suponer el amigo lector, mi ovación mayor se la dedico a la Davis, quien borda con arte supremo un personaje que pudiera conducir a la caricatura. Su Annalise resulta una profesional brillante y, al mismo tiempo, un desastre en sus relaciones sociales. Puede ser severa, determinada, manipuladora, y también entregada, apasionada, vulnerable. Ella es un misterio. Se vuelve difícil saber la calidad final de la madera que conforma ese árbol, cubierto como está de tanta corteza.

Sí, es muy vulnerable... Lo evidencia esa fabulosa escena en la que Annalise se va librando de todo lo que la «protege»: peluca, pestañas, pintura, joyas, y queda frente al espejo, es decir, ante la cámara, sin esos adornos que la «blanquean» para quedarse con sus atributos de mujer negra. Así pidió a los realizadores que fuera la toma. «La peluca le hace sentir a Annalise que puede ser aceptada, de una forma en la que no siente que pueda serlo cuando muestra su propio pelo», dijo en una entrevista que concedió a The Wall Street Journal. «Estoy muy consciente de que soy un tipo de mujer diferente en televisión, en un papel sexualizado. Lo entiendo. Puedo pretender ser como el resto de los actores que la gente ha visto interpretando este papel, o puedo aprovechar y aceptar mi condición de mujer, mi sexualidad, mi cuerpo, mi edad, mi pelo. Sentí que sería mucho más efectivo».

Se suma esta extraordinaria actriz a la selecta nómina de ilustres de la actuación que han aceptado entrar en el ciertamente jugoso negocio de las series de televisión, pero con enorme decoro: Glenn Close, Jessica Lange, Sally Field, Kathy Bates, Holly Hunter, Dustin Hoffman, Kevin Spacey, Robin Williams, Kevin Bacon... Ellos, con sus increíbles talentos, elevan muchas de estas series a una altura incuestionable, mientras nos regalan el placer de disfrutarlos. Si además el guion se construye a base de secretos, pasiones, crímenes, misterios, sorprendentes giros argumentales, diálogos inteligentes, ritmo vertiginoso... entonces no hay quien se le resista a Cómo salvarse..., y a Viola Davis ¡mucho menos!

 

El sello Shonda Rhimes

Cuando se estrenó en 2014, Cómo salvarse de un crimen se convirtió en la revelación de la temporada, al conseguir que su capítulo piloto fuera visto por 14,34 millones de espectadores, según el Nielsen Media Research. Y por la duración que suelen tener las series respaldadas por Rhimes, todo parece indicar que esta tendrá para largo. La receta de Shonda radica en: «contar historias reales», pues «la televisión debería verse como la vida fuera de la televisión». De lo que se trata es, afirma, de mezclar «inteligencia, sensualidad, crimen y misterio».

 

En el ranking de las series de abogados

De acuerdo con las encuestas, How To Get Away With Murder está en el ranking de las diez series de abogados más buscadas, donde se encuentran: La ley y el orden (20 temporadas/ 1990–2010). Ally McBeal (5/ 1997–2002).  The Practice (8/ 1997–2004). Boston Legal (5/ 2004–2008). Shark (1/ 2006–2008). Damages (5/ 2007–2012). Eli Stone (2/ 2008–2009). The Good Wife (6/ 2009–2015). Suits (5/ 2011–2015).

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