Internet se agota

La red de redes al borde del colapso por el aumento del tráfico y los crecientes gastos de mantenimiento La red al día

Autor:

Amaury E. del Valle
Navidad y fin de año. Dos épocas ideales para mandarse mensajes de felicitación por correo electrónico, con velitas encendidas, música incluida y la recomendación de reenviarlos a todos los conocidos.

Las estadísticas indican que en esta época del año aumentan significativamente los correos electrónicos, especialmente los no deseados o basura, llamados en el argot informático spam. También, por supuesto, crecen los programas malignos enmascarados en ellos.

A todo esto se une un fantasma en el horizonte. Internet tiene graves problemas. Los expertos predicen que en pocos años podría colapsar ante el aumento del tráfico, por la gran cantidad de contenidos y servicios que su infraestructura tiene que soportar hoy, lo que disparó los costos de su mantenimiento, que se hacen insostenibles para empresas y usuarios.

Spam indigesto

El análisis sobre el colapso de internet, realizado por Lawrence Roberts, jefe del grupo que desarrolló ARPANET, la primera gran red de ordenadores creada por el Departamento de Defensa de Estados Unidos y que supuso la semilla de lo que conocemos hoy como internet, ha puesto en discusión algo que varios expertos han alertado en otras ocasiones.

Roberts afirma que si bien el tráfico en la Red se ha ido duplicando cada año, la tecnología de los enrutadores, equipos capaces de gestionar estos volúmenes de datos, solo ha conseguido adaptarse a la creciente demanda. A pesar de las mejoras en velocidad conseguidas por los semiconductores y la adopción de fibra óptica, todavía esto es insuficiente.

Buena parte de la problemática está determinada por la cantidad de contenido que hoy se asienta en internet, especialmente la descarga de películas y música, o los innumerables negocios de comercio electrónico.

Otro elemento importante es el correo, pues según estudios internacionales cada segundo se envían más de dos millones de mensajes. Sin embargo, el 80 por ciento de estos es basura, o sea, mensajes comerciales no deseados o trucos fraudulentos para introducir programas malignos en nuestra computadora.

Esta situación es especialmente sensible en fechas específicas, como las celebraciones de Navidad y fin de año, pues aumenta la avalancha de correos de cualquier procedencia, y por ende entran decenas de spam enmascarados como felicitaciones, propuestas de negocios irresistibles, o simplemente ofreciendo todo tipo de productos y servicios, ya sea para regalar, regalarse uno mismo o pasar la noche de fin de año.

La historia del spam es vieja, y viene de la cocina. Durante la Segunda Guerra Mundial los soldados británicos en los frentes de batalla se alimentaban de una marca de carne de cerdo enlatada denominada Hormel Spiced Ham (jamón especiado Hormel) a la que denominaron Spam. Tan molesta resultó, que algunos años más tarde, cuando surgió el fenómeno del envío masivo de correos, alguien ocurrente los bautizó así.

Estos mensajes masivos surgieron incluso antes que la misma internet. El 3 de mayo de 1978, cuando todavía la madre de la Red, ARPANET, era apenas una incipiente red académica, Gary Thuerg, jefe comercial de Digital Equipment Corporation, tuvo la «feliz» iniciativa de enviar un inesperado e indeseado mensaje a 600 usuarios de la Red invitándolos a conocer el Decsystem-2020, una nueva computadora fabricada por su compañía.

Surgían así los mensajes comerciales indeseados, que poco a poco empezaron a extenderse sin que nadie pudiera pararlos. Sin embargo, el año 2003 fue el punto de viraje. Hasta ese momento los spammers —como se les denomina a quienes se dedican a estos menesteres— apenas producían el 30 por ciento del correo electrónico del mundo.

Fue el Sobig quien cambió todo. Este programa maligno, de autor todavía desconocido aunque por una pista sobre él Microsoft llegó a ofrecer 250 000 dólares, contenía un archivo adjunto con un «troyano» que se adueñaba de las máquinas y las convertía en zombis, pero además las recorría buscando más direcciones y se autodisparaba hacia estas.

Así, los spammers empezaron a contar con miles de computadoras en el mundo desde las cuales redirigir sus mensajes sin ser detectados, convirtiendo el correo-basura en una epidemia que nadie ha logrado controlar.

Cualquiera es un zombi

Hoy buena parte del spam que circula se envía desde las botnets o redes de robots, formadas por los spammers al adueñarse de computadoras en todo el mundo sin que los dueños se percaten de esto, y utilizarlas para enviar sus mensajes.

El negocio es millonario, pues somos los mismos usuarios de correo electrónico quienes ponemos el fraude en bandeja de plata, al no tener actualizados los antivirus o reenviar los correos-basura.

Mucha gente sigue incautamente enviando a todo el mundo tanto largas listas de chistes, como correos que anuncian grandes cataclismos, virus, algunos más sentimentales como el de niños enfermos, o simplemente esos que te dicen que de reenviarlos se te cumple el deseo que pediste, te enamoras de alguien espectacular o Bill Gates te hace millonario al compartir su fortuna contigo.

La lista de inventos para recaudar direcciones de correos es inmensa. Y los spammers se aprovechan de esto para hacerse cada vez con más direcciones y por ende redirigir sus ataques contra estas máquinas y sumarlas a sus redes de envío.

Estudios realizados por la empresa Message Labs, experta en detección de spam, indican que el 90 por ciento del correo-basura surge de estas redes de robots. Cualquiera puede formar parte de ellas, y la mayoría ni lo sabe, pues se calcula que un 11 por ciento de las computadoras del mundo están secuestradas.

Un estudio realizado por los creadores del blog Security Fix, del periódico The Washington Post, para saber de dónde venía el spam, descubrió, tras analizar mensajes y rastrear direcciones IP, que desde los equipos del Dow Jones salieron mensajes que proponían remedios para alargarse el pene; se enviaron anuncios de medicamentos desde un ordenador de la compañía de videojuegos Electronic Arts; o hubo ofertas irresistibles para participar en operaciones de Bolsa fraudulentas desde Hewlett-Packard.

Como bien analiza un periodista del diario español El País, cazar a quienes envían spam es muy difícil. Y no sirve de mucho. Por ejemplo, cuando se detuvo al «Rey del Spam», Robert Soloway, un estadounidense de 27 años que figuraba en la lista de los más buscados de la Red por la ingente cantidad de mensajes que enviaba a través de sus botnets, se pensó que los correos basura disminuirían. En realidad aumentaron.

«En los últimos cuatro años la lucha contra el spam ha sido una auténtica carrera armamentista», asegura Mark Sunner, jefe de seguridad de MessageLabs. Y es que las cifras y por ende las pérdidas son astronómicas.

En el análisis de El País se ejemplifica que si cada segundo se envían más de dos millones de correos electrónicos o lo que es igual, unos 193 200 millones al día, por mucho que se filtre, al final de cada jornada se acaba colando una media de 78 000 millones de correos-basura. Y si cada persona emplea seis segundos en leer y borrar un mensaje, entonces a nivel mundial se desperdician casi 130 millones de horas diarias por culpa de los spam.

¿Sofá por la ventana?

La solución no puede ser botar el sofá por la ventana, renunciar al correo y volver a los tiempos del telégrafo. De hecho, el gran problema del spam es falta de educación sobre el tema, así como la necesidad de emplear y actualizar herramientas informáticas útiles.

Mucho y positivo en este sentido han hecho grandes proveedores de servicios de correo electrónico, como Hotmail, Yahoo o Gmail, quienes han establecido fuertes barreras contra los spammers.

Así se evita recargar los servidores de correos de empresas y organismos, a la vez que se aumenta la seguridad informática gracias a los fuertes antivirus de estas compañías, y disminuye el número de correos-basura, que son filtrados hacia una carpeta aparte y pueden borrarse de golpe, sin perder tanto tiempo.

Otra táctica es no reenviar cartas-cadena, ya que los spammers utilizan programas que buscan una simple «@» para adherir direcciones a sus listas, por lo cual tampoco es recomendable publicarlas en internet, so peligro de verse inundado de spam en poco tiempo.

La batalla contra el correo-basura es difícil, pero no imposible. En juego está la estabilidad de internet y mantener funcionando uno de los grandes logros de la humanidad, que ha revolucionado el planeta, y el cual sería un error perder por falta de previsión o de educación en el tema.

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