Una red con muchas caras

El 17 de mayo se celebró el Día Internacional de las Telecomunicaciones, este año dedicado a Internet y la conectividad de las comunidades rurales

 

Autor:

Amaury E. del Valle

La población mundial continúa creciendo de una manera alarmante, especialmente en las zonas más pobres, y según la Sección de Población de las Naciones Unidas somos casi 6 800 millones de personas los que habitamos el planeta, y las previsiones indican que para 2012 superaremos los 7 000 millones.

De esa cifra hay más de 5 000 millones de personas en el mundo que no acceden a Internet, según reveló la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) a propósito del Día Mundial de las Telecomunicaciones, celebrado este 17 de mayo, y que estuviera especialmente dedicado a Internet y la conectividad de las comunidades rurales.

La conmemoración, que se instauró desde el año 2005, ha servido para echarle una mirada al panorama de esta tecnología a nivel planetario, que actualmente ha dejado de ser un lujo para convertirse en una verdadera necesidad para los países y las personas en particular.

La llamada «brecha digital», término acuñado definitivamente en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, efectuada en el año 2003 en Ginebra, Suiza, es apenas uno de los problemas que enfrenta el desarrollo de Internet a nivel mundial.

A eso hay que sumarle, entre otros, el desgobierno de una red cada vez más planetaria y desigual en su conformación, los múltiples delitos informáticos que se cometen a través y en ella, así como la incitación al terrorismo, la xenofobia y a la prostitución, especialmente la infantil, problemáticas en las que no hay un común acuerdo de cómo enfrentarlas.

Ciberguerra y cibervíctimas

Cuando en 2050 lleguemos a la cifra de 9 000 millones de seres humanos, según estimaciones de la ONU, el número de internautas deberá haber crecido más, y la Internet habrá cambiado su configuración para ser más que una mera autopista virtual de información y comunicación, y convertirse así en una herramienta imprescindible del desarrollo humano.

Su misma configuración ya está cambiando, reconoció la UIT en un comunicado reciente, donde aseguró que la cifra de dispositivos móviles que se conectan en red es ya mayor que las computadoras de escritorio utilizadas para ese fin.

Pero esa ciberconexión solo está en manos de un cuarto de la población mundial, y el uso del ancho de banda —cada vez de mayor amplitud— no privilegia precisamente el conocimiento y la superación pareja de los humanos. Mucha de esta se pierde en propaganda comercial, delitos informáticos y guerras virtuales de todo tipo.

El periódico El País señala que, gracias a la cada vez mayor rapidez con que circula la información, en buena medida debido a los adelantos facilitados por Internet, no se trata de «guerras nuevas, pero sí son, por primera vez, visibles. Son portada de diarios, motivo de tertulias y, lo más importante de todo, tema de conversación entre la gente».

«Vivir» los criminales bombardeos a Libia en tiempo real, como si se estuviera en el país agredido, es una realidad posible a través de las páginas web de múltiples emisoras e incluso de usuarios individuales que «cuelgan» esos videos en sus espacios en redes sociales como Facebook, Tuenti o Twitter.

Este es solo un ejemplo de muchos, pues la red de redes, en la que aparentemente se agreden unos a otros los bandos contendientes, en verdad está dominada por las potencias imperiales, que controlan la mayoría de los servidores, satélites, cables de fibra óptica, proveedores de tecnología y demás, lo cual les permite utilizarla a su antojo.

No obstante, este mismo predominio mundial también puede volverse en su contra si es utilizado inteligentemente, como lo demostró Julian Assange y su Wikilleaks, quien trazó el camino de cómo desmontar las falsedades de un imperio y sacar a la luz sus trapos más sucios, utilizando para ello la misma red que pretenden monopolizar.

De hecho los escándalos protagonizados por Wikilleaks develaron no solo el juego sucio de la diplomacia norteamericana o las torturas de sus soldados en la ilegal base naval de Guantánamo, sino también los designios del Norte sobre Internet, a la cual pretenden maniatar, como lo demostraron cuando intentaron e intentan por todos los medios acallar la web transgresora de Assange.

Tuvieron su contrapartida igualmente en Anonymous, un grupo de activistas sin rostro, como su nombre lo indica, que con sus conocimientos hicieron caer varias páginas web que se enlazaron en la campaña contra Wikilleaks.

Spam y brechas

Operaciones encubiertas mediante la red, campañas de desinformación y contrainformación, utilización de redes sociales como Twitter y Facebook para intentar desestabilizar gobiernos, pero también para unirse por causas sociales, todas son demostraciones de los múltiples usos de una herramienta de comunicación, que aun cuando no es asequible a todos, ha revolucionado la sociedad en sus apenas 20 años de existencia bien activa.

Aparecen también, por supuesto, otras caras complejas, como el hecho de que de los más de 90 billones de correos enviados durante el año 2009, según la consultora Ratner, el 81 por ciento fueron spam o propaganda comercial no deseada.

Esa cifra impresionante de correos electrónicos fue generada por unos 1 730 millones de usuarios de Internet, de ellos buena parte concentrados en Europa y América del Norte, aunque Asia, y fundamentalmente China, sigue liderando las estadísticas de mayor cantidad de cibernautas; mientras Oceanía, África y el Oriente Medio, en ese orden de atrás a adelante, tocan fondo en la distribución de las bondades de la nuevas tecnologías.

América Latina se sitúa como una de las regiones de mayor crecimiento en este campo en los últimos tres años, según un informe de la consultora Tendencias Digitales, la cual asegura que el uso de Internet ha crecido un 47,3 por ciento, y ya somos más de 200 millones de usuarios en la región.

Aun así, las cifras siguen siendo dispares y el acceso depende más de cuánto tienes en el bolsillo que de cuánto puedes aportar a la Humanidad, algo que Cuba ha tenido en cuenta a la hora de definir la política para el acceso a la red de redes.

Esa política, que —según explicó el viceministro de Informática y las Comunicaciones, Boris Moreno Cordovés, en la celebración del Día Mundial de las Telecomunicaciones— es la que sustenta priorizar la conectividad de aquellos sectores claves para el desarrollo del país, seguirá manteniéndose y ampliándose, en aras de acercar cada vez más las nuevas tecnologías a la población.

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