Suicidio virtual prohibido

La cuestión de la propiedad de la información y de los espacios donde la situamos en Internet es una de las más polémicas. Internacionalmente los vacíos legales dejan poco espacio de decisión a los usuarios. Tercera entrega y final de la serie La muerte digital

Autor:

Amaury E. del Valle

Justo el mismo día que se iniciaban las Olimpiadas de Londres 2012, la popular red social Twitter bloqueó la cuenta de un periodista del diario británico The Independent, cuando este criticó el retraso de la transmisión, mencionando el nombre y correo electrónico privado de uno de los principales ejecutivos de la cadena norteamericana NBC.

El bloqueo temporal estuvo amparado en la reglamentación oficial de este sitio, especificada en los términos de uso y condiciones, que prohíbe expresamente publicar información privada de otros.

Según explica Twitter en su sitio, «los miembros del servicio no deben publicar información confidencial de terceras personas, como números de tarjeta de crédito, correo o domicilio sin su permiso expreso».

Igualmente, la red advierte que «la gente será suspendida del sitio si se envía mucha publicidad», o si se emiten amenazas y comentarios violentos hacia otros.

A su vez, está terminantemente prohibido infringir las reglas de derechos de autor y usar el sitio para objetivos ilegales, siguiendo las normas jurídicas del país en el que se abrió el perfil del usuario. Además, no pueden usar imágenes obscenas o pornográficas para sus fotos de perfil o fondo de pantalla.

No obstante, los mismos ejecutivos de esta red social reconocen que dado los mil millones de comentarios publicados en el día, «las violaciones son difíciles de rastrear y las suspensiones son todavía imprevisibles».

Claro está, esa flexibilidad o rigurosidad para castigar a los infractores de Twitter es muy moldeable, como mismo sucede en otras redes sociales, por ejemplo Facebook, que hace caso omiso a las incitaciones al terrorismo de algunas páginas, mientras bloquea la de sitios cubanos, como le sucedió a Cubadebate, alegando inexistentes infracciones, precisamente por denunciar el llamado público a la violencia y el asesinato contra los líderes de la Revolución Cubana.

Este tipo de «muerte digital» o más bien censura abierta por diversas causas, puede tener diversas causas y manifestaciones, y se aplica contra aquellos que critican el status quo de los más poderosos, mientras hacen oídos sordos hacia otras manifestaciones xenófobas, racistas e incluso terroristas.

El suceso ha sido denunciado en más de una ocasión en varias partes del mundo, pero básicamente poco se puede hacer, más allá de la protesta de los usuarios, pues tras el decreto de muerte cibernética que dictan algunas de las más poderosas webs del mundo se oculta un vacío legal difícil de salvar.

La impunidad para matar también se esconde tras la no existencia de regulaciones internacionales al respecto; a que empresas supranacionales como Google, Yahoo, Facebook, Twitter, MSN o YouTube, por solo citar algunas, se subordinen judicialmente a tribunales norteamericanos, y al hecho de que muchos usuarios cuando «firman» los Acuerdos y Términos de Uso renuncian a la propiedad sobre los contenidos.

Derechos transferidos

Cuando una persona se inscribe en algún correo electrónico gratuito o red social, pocas veces se detiene a leer con atención los llamados Acuerdos y Términos de Uso.

Si lo hiciera, por ejemplo, descubriría que «Usted le otorga a Facebook el derecho irrevocable, perpetuo, no exclusivo, transferible y mundial (con la autorización de acordar una licencia secundaria) de utilizar, copiar, publicar, difundir, almacenar, ejecutar, transmitir, escanear, modificar, editar, traducir, adaptar, redistribuir cualquier contenido depositado en el portal».

O sea, que al firmar digitalmente, condición indispensable para disfrutar de las indudables bondades de la red social más famosa del mundo, Facebook tendrá la propiedad comercial de todo lo que tiene que ver con la vida privada de cada miembro de la red expuesto en ella.

Su rúbrica le otorga al sitio la facultad de usar sus fotos, videos y hasta sus mensajes si lo estimara conveniente, a pesar de que el director ejecutivo de la firma, Mark Zuckerberg, declaró a la prensa en cierta ocasión, para tranquilizar a los usuarios, que «nunca se utilizará esta información fuera del servicio Facebook».

Para nadie es un secreto, no obstante, que los esquemas de negocio, tanto de esta como de otras empresas que ofrecen servicios similares, incluyen la venta de información sobre los gustos de sus usuarios, las tendencias en la consulta de Internet y hasta la colaboración con los servicios de inteligencia de los países donde radican.

Ante esa situación no solo nuestra intimidad queda expuesta, sino que podemos perder el espacio en el cual la volcamos en cualquier momento, si los administradores de alguno de estos espacios consideran que hemos infringido sus Términos de uso.

No por gusto el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, al inaugurar el nuevo ciclo escolar en una escuela secundaria de Wakefield, en Virginia, en septiembre de 2009, alertó a los jóvenes: «Tengan cuidado con lo que suben a Facebook».

Condiciones de abuso

No usar tu nombre real, unirse a demasiados grupos, escribir excesivos mensajes en el muro de un usuario o en el de un grupo, o hacerlo en muchos grupos o a demasiados usuarios; así como agregar a mucha gente como amigo, falsear datos como el de su escuela u organización, hacer publicidad no pagada, tener cuentas de personajes ficticios, escribir contenido ofensivo, robar información de Facebook…

Las anteriores son algunas de las causas por las que pueden cancelarte una cuenta en Facebook, Twitter o Tuenti, tres de las redes sociales más famosas, condiciones que además son muy similares en servicios como Gmail, Yahoo o Hotmail, ahora rebautizado como Outlook.com.

Sin embargo, también te puede pasar como a Mark S. Zuckerberg, un abogado de Indianápolis especializado en casos de bancarrotas, a quien le cancelaron la cuenta en Facebook porque se le acusó de usar un nombre falso, solo por llamarse igual que el fundador de la red social.

El otro Zuckerberg debió recurrir a la prensa local para hacer constar su enfado por la decisión, e incluso crear su propia página web de protesta para ser oído, tras lo cual fue reconocido el error y subsanado.

Pocos conocen, por ejemplo, que si una cuenta en este espacio es borrada por algún motivo, pueden pedir que la reactiven escribiendo a correos como disabled@facebook.com, appeals@facebook.com o info

@facebook.com, y tratar de que le hagan el «favor» de regresársela, pues poco se puede hacer ante la ley, ya que uno mismo firmó su sentencia al aceptar previamente los Términos de Uso.

Lo más peligroso radica en que si incluso el usuario es el que quiere liquidar su presencia en algún espacio virtual, difícilmente podrá borrar para siempre su «huella digital».

Así, como hipotéticamente estos sitios son dueños de la información que a través de ellos se maneja, aunque la mayoría aseguran que eliminan el contenido de las cuentas a requerimiento del usuario, la ley les da la potestad de guardarla si lo desean, y existe muy poco margen legal para impugnarla.

Quizá lo mejor sea cuidarse de lo que situamos en estos espacios o de lo que escribimos en ellos, y a la vez respetar la intimidad de otros, sabiendo que los dueños, además de «matarnos» cuando ellos quieran, incluso nos quitan hasta la posibilidad de «suicidarnos» virtualmente.

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