La infertilidad no significa ser menos mujer o menos hombre

Aunque la sociedad impone tabúes e incluso marca la vida reproductiva de una pareja, las decisiones deben tomarse sobre la base del respeto mutuo

Autor:

Mayte María Jiménez

Más allá del daño biológico que puede constituir una infertilidad, el no poder realizar ese sueño de ser padres y madres provoca también un estado emocional primado por la angustia, la frustración, los sentimientos de inferioridad o, peor aún, de fracaso.

Decir maternidad o paternidad deviene significado vacío para esas personas y una obsesión por conceptualizarlo. La pareja permanece en un período de sufrimiento que a veces no rebasan, y las relaciones sexuales se convierten en una carrera de relevos mensuales en espera del último batón de la victoria o la derrota.

Acudir a una consulta especializada resulta una solución apremiante para la que algunos hombres deben deshacerse de prejuicios machistas, y las mujeres aprender a reconocer el papel de ambos en la relación y la vida reproductiva.

Completo bienestar físico, mental y social del individuo son, entonces, factores determinantes para una reproducción humana en condiciones saludables, señala la Organización Mundial de la Salud, OMS.

Este proceso se integra como acto propio de la pareja, donde los dos deben intervenir por igual, inmersos en un contexto social del que no es posible sustraerse.

NI MENOS MUJER NI MENOS HOMBRE

Infertilidad no significa ser menos mujer o menos hombre. Tener problemas para concebir un hijo no es fuente de subestimación como entes sociales, ni implica el fin de la realización como seres humanos: la satisfacción personal va más allá de la paternidad o la maternidad.

Así lo afirma la doctora Georgina Rojas Mena, máster en Psicología e investigadora de la Unidad Epidemiológica adjunta al Programa de Reproducción Humana de la OMS.

«Cada sujeto será capaz de cumplir metas en la vida de acuerdo con sus aspiraciones reales, ya sea en el plano profesional, personal o social», asegura.

Refiere la especialista que en ello influye la equidad de la relación, pues ambos deciden, tienen derechos y se apoyan, correspondencia que evita la carga de estrés generada por la situación de infertilidad, de modo que sea manejada de forma pasiva, durante un proceso largo y tortuoso.

Por ello es incorrecto culparla ante la ruptura de la pareja. Aunque esta situación crea algunas tensiones entre los dos, solo se producirá un final si esa unión no era lo suficientemente sólida, no existía respeto, consideración, acuerdos mutuos para buscar la solución.

El hombre generalmente sufre este padecimiento de forma más dramática en el plano psicológico. Los prejuicios sociales le atribuyen un rol preponderante en la reproducción como un marcador de su virilidad y de su hombría, y solo el apoyo sincero y sin reproches de su compañera le ayudará a sobreponerse.

FAMILIA Y SOCIEDAD NO PUEDEN DECIDIR

Afrontar la infertilidad dentro de la vida en pareja, al igual que otros problemas, no es un proceso que comienza al detectarse, sino que va más allá: es una preparación desde la base.

«El individuo debe entender la necesidad de asumir una actitud responsable y protegida desde el inicio de su vida sexual. Debe tomar conciencia de que la concepción de una nueva vida es un proceso que precisa de condiciones saludables del aparato reproductor, y del organismo en su conjunto».

En tanto, la familia y el entorno social son elementos de mucha influencia. A veces presionan a la mujer aquejada y la disminuyen como ente social, o por el contrario, culpan al varón de su problema.

Es frecuente que a la consulta lleguen matrimonios donde la fémina se siente disminuida, con una autoestima muy baja, por el rechazo en la casa de su esposo, que no siempre sale en su defensa.

Sin embargo, destaca la especialista que cuando la culpa es masculina la mujer tiende a encubrir el problema e incluso se siente culpable por ello.

Estas actitudes se deben en gran medida a la persistencia de un sistema patriarcal, donde a pesar de la ascendencia social de la mujer, el tabú machista mantiene influencia en la comunidad.

A diferencia de la maternidad, un suceso vital que trasciende a ambas familias y el contexto social de las amistades, la infertilidad puede generar una influencia muchas veces negativa de esta red de apoyo.

Estas personas tienden a realizar intervenciones que generan más presiones y tensan la relación.

En estos casos es necesario evitar una intromisión excesiva para mantener un entorno de armonía y de paz que no perturbe la intimidad de los cónyuges.

RELACIONES SEXUALES: ¿UNA CARRERA?

Ante las ansias del hombre por embarazar y la mujer por quedar embarazada, en la pareja no se puede asumir la relación sexual como un medio para lograr la concepción, o un proceso donde ambos se utilizan con el propósito de ser padres.

Aclara la especialista que en estas circunstancias no se pueden perder el erotismo y la sensualidad. La pareja debe vivir también este momento de forma más placentera, disfrutar su realización y esperar a que se hagan realidad los sueños con las mismas expectativas que antes.

De lo contrario hacer el amor puede convertirse en una rutina enmarcada solo en los días fértiles, una obsesión que a largo plazo desencadena problemas psicógenos que ocasionan desequilibrios hormonales e inhiben o evitan el correcto desarrollo del proceso de ovulación.

Aunque los tabúes de la sociedad marcan y presionan la vida reproductiva, la pareja debe apostar y decidir entre los dos lo que desean y cómo lograrlo.

En la medida del apoyo, respeto y comprensión mutua está la dosis de paciencia necesaria para caminar en el sendero de su felicidad: llámese padres, profesión y ante todo, amor.

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