El fruto de la desconfianza

Los celos excesivos hacen fracasar la mejor de las relaciones. La polémica acerca de esos sentimientos resulta tan antigua como la humanidad Pregunte sin pena

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Foto: Yaciel Peña de la Peña. De todas las enfermedades del espíritu, el celo es aquella a la cual más cosas sirven de alimento y ninguna de remedio.Honoré de Balzac

¿Te ha latido fuertemente el corazón cuando un ser querido observa insistentemente a alguien? ¿Has valorado la posibilidad de que «te quieran robar» su cariño? En las relaciones interpersonales esta incertidumbre es común, mucho más para aquellas personas que sienten miedo de perder algún vínculo amoroso o social.

La polémica acerca de este sentimiento resulta tan antigua como la humanidad, y al menos una vez en la vida todos hemos sentido celos. El comediógrafo francés Moliere decía: «el hombre es celoso si ama; la mujer también, aunque no ame», mientras para el novelista inglés Oscar Wilde ser celoso era el colmo del egoísmo, «es el amor propio en defecto, es la irritación de una falsa vanidad».

Estas frases, probablemente basadas en experiencias de sus autores, apoyan la definición dada por expertos psicólogos: los celos constituyen una respuesta natural, emocional, mental y conductual, ante la percepción, por parte del individuo, de una amenaza externa a su relación. Casi siempre van acompañados por ira, odio, tensión emocional, y sentimiento de fracaso personal.

Estudios de la Western Illinois University prueban que los individuos pueden celar por razones diferentes, entre ellas la pérdida de beneficios ante el riesgo de que otra persona resulte elegida como objeto de afecto. Otra razón radica en una baja autoestima e inseguridad, debido a sentimientos de inferioridad. Estas circunstancias coexisten entre amigos y familiares, aunque es más común encontrarlas en la pareja.

Por lo general se considera a los celos como una muestra de desconfianza. Algunos criterios los catalogan como mecanismo de defensa mediante el cual las parejas intentan perpetuarse. En el matrimonio —a veces, y en dosis moderadas— actúan como una fuente de energía positiva, una señal de los esfuerzos por mantener la llama del amor... pero la excesiva desconfianza puede provocar, a la larga, el fracaso de la mejor relación.

Caras de una misma moneda

Especialistas en el tema sitúan el inicio de esta conducta psicológica en la niñez, cuando el infante habituado a una atención exclusiva se siente desplazado o disminuido en esos cuidados, ya sea por la aparición de nuevos hermanos o por otras circunstancias.

Por eso se recomienda enseñar a cada criatura a compartir desde el principio y a fomentar sus potencialidades, para que se sienta útil y capaz. Además, deben dársele muestras de amor incondicional, para que no experimente la necesidad de competir por la aceptación de nadie.

Si cualquiera puede sentir alguna vez preocupación por la pérdida del ser amado y no desear que se vincule íntimamente con otras personas, las víctimas de celos patológicos exigen a su pareja una total exclusión emocional de la sociedad, sustentando sus enfermizos pedidos en causas generalmente infundadas.

La terapia racional emotiva de Albert Ellis plantea que quienes padecen este comportamiento obsesivo solo aceptan la posibilidad del cumplimiento de sus deseos, lo cual provoca repercusiones negativas en su proceder: cualquier gesto inocente de la pareja hacia otro sujeto se condena como inaceptable y trae consigo agresiones físicas o psíquicas, además de franca hostilidad contra quien es considerado rival, o la ruptura de la unión afectiva.

La persona poseída por los celos evitará por todos los medios la consumación de su mayor pesadilla: que la abandonen por otra. Cuando esto sucede su salud psíquica corre peligro, pues casi siempre este tipo de actitudes son propias de sujetos con baja autoestima, obsesivos compulsivos o con trastornos emocionales depresivos, ya sean situaciones de salud permanentes o solo en determinado período de la vida de cualquier individuo normal.

En su libro Psicología y Salud, el doctor Fernando Villavicencio Porro comenta el valor éticamente negativo de los celos, al asociarlos a la envidia producida cuando alguien obtiene algo que deseábamos. Estas emociones, incompatibles con una personalidad madura y equilibrada socialmente, manifiestan mezquindad y egoísmo.

Un artículo de la psicóloga clínica María Teresa Serra, publicado en Internet, da soluciones para quienes exigen la exclusividad del cariño de los demás: la primera de ellas consiste en la aceptación de la realidad por parte del afectado, sin comportamientos posesivos.

Luego debe apreciarse la situación objetivamente, y valorar si hay motivos reales para celar. Conocer el significado del «intruso» para la otra persona emerge como primordial necesidad, pues evita decisiones precipitadas. El diálogo ocupa un imprescindible lugar. No obstante, si no aparece una salida, conviene pedir ayuda facultativa.

En cualquier caso, la búsqueda de soluciones propias resulta lo más recomendable. El conocimiento de uno mismo deviene un arma para valorar cuánto pueden los celos distorsionar nuestra conducta.

Transformarlos en algo saludable depende del equilibrio reinante entre los miembros del vínculo afectivo. Y aunque puedan relacionarse con el amor, es posible prescindir de ellos para vivir en armonía, porque —según dicen— el celoso ama más... pero el que no lo es, ama mejor.

Para que no huya tu pareja

El sitio http://www.terra.es sugiere diez pasos esenciales a tener en cuenta por esas personas con tendencia a ser muy posesivas en sus relaciones amorosas, y sobre todo para que la pareja no salga huyendo de su lado.

Estos son: Quererse mucho a sí mismo, para que el amor fluya sin presión entre ambos. Ser natural, y si hace falta, pedir ayuda cuando la situación sobrepase sus capacidades de resolución. No temer al fracaso: la ruptura es parte de las opciones de cualquier pareja. Disfrutar al máximo el presente, sin planear mucho el futuro ni establecer comparaciones con el pasado, que pueden resultar odiosas. Asumir que la libertad es un derecho de ambos, y el mundo de cada quien no tiene que girar solo en función de los deseos del otro. No abusar del «nosotros», para no perder la propia individualidad en lo que es y hace cada uno. Evitar las agobiantes escenas de chantaje emocional y el victimismo. Conversar sobre lo que les preocupa y el día a día de cada quien, pero no interrogar ni querer que todo se hable. Respetar los espacios privados, incluyendo agendas, carteras, bolsillos, como prueba necesaria de confianza. Convertir las nuevas tecnologías (como el móvil o el correo electrónico) en aliados de la relación, no en medios para acorralar o perseguir a la persona amada.

Sabías que...

La interdisciplinariedad en los estudios de género, los conflictos que genera la búsqueda de equidad entre mujeres y hombres, y sus alternativas asociadas a la sexualidad y las relaciones de pareja, la familia, la violencia, la cultura, las razas, la ciencia y la tecnología, el papel de los medios de comunicación en la socialización de estos contenidos, son algunos de los temas a convocatoria para el Tercer Coloquio Internacional «Estudios de Género: Teorías y Prácticas», a desarrollarse en Santiago de Cuba del 6 al 10 de abril próximos.

Los estudiantes y profesionales interesados en participar en este evento pueden contactar a sus organizadores (Grupo de Estudios de Género EQUIDAD, filial santiaguera de la Sociedad Cubana de Psicología y Universidad de Oriente) a través de los correos coloquio.genero@csh.uo.edu.cu, oulloa@csh.uo.edu.cu y wanton@csh.uo.edu.cu, para obtener más información sobre la cita, o enviar directamente el resumen de sus trabajos a las direcciones citadas antes del 28 de febrero, en español, inglés o francés y en formato de simposio, conferencia magistral o especial, discusión de ponencia o póster.

  Pregunte sin pena

D.H.: Estoy casada hace cinco años. Vivimos con mis suegros. Mi suegra tiene 70 años y no se acaba de dar cuenta de que la responsable de las cosas de su hijo ahora soy yo. Interviene en todas nuestras conversaciones, ideas, planes. Quiere que en la casa todo se haga a su forma, lo quiere tener debajo de su saya todo el tiempo y que se haga todo lo que ella diga. Esto está afectando seriamente nuestra relación. Temo a la separación por motivos ajenos a nosotros dos. Aún no tenemos hijos. ¿Qué me aconseja? Tengo 25 años y mi esposo 30.

Omites la posición de tu esposo en la familia. Al parecer se trata de un conflicto entre tu suegra y tú, en tanto ella hacía una especie de pareja con su hijo y no quiere cederte ese lugar a ti.

Sería oportuno definir exactamente qué y por qué te molesta tanto. Es importante distinguir cómo contribuyes tú al ambiente desagradable de la casa a través de tu comportamiento, susceptibilidad, fantasías, expectativas, etcétera, y qué le aporta tu suegra.

Es preciso además caracterizar la posición de él. Si como hijo disfruta de dicho estilo de relación con su madre, tendrás pocas oportunidades de ocupar el lugar que deseas. Él también tiene a su cargo permitirte la entrada como esposa en ese dúo que hace con su madre. Para ello debe disponerse a perder parte de las gratificaciones que dicha relación maternal le ofrece.

Como ves, aunque parecen problemas ajenos a la pareja son totalmente intrínsecos a esta. Ustedes deben definir el estilo de relación que prefieren, así como el lugar que otorgan a terceros.

La inserción de un nuevo miembro en el hogar constituye un cambio difícil para todos. El matrimonio no es una excepción. En este encuentro de seres diferentes, se precisa de una tolerancia y capacidad de negociación especiales. El hecho de que convivas en un núcleo familiar previamente constituido implica que no puedas imponer tu propio estilo como si viviesen solos. Necesitas el acuerdo de todos los demás, y aun así deberás adaptarte también al sistema familiar previamente establecido.

Mariela Rodríguez Méndez, máster en Psicología Clínica, consejera en ITS y VIH/sida, psicoanalista

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