De labios, besos y tiempo

Amor y besos se asocian como elementos afines, pero no siempre fue así para los humanos Pregunte sin pena

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila
Lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción... Joaquín Sabina                                                                                                                                                                  

¿Quién no recuerda su primer beso de amor? ¿Quién, si aún no lo ha dado, no sueña ese momento como algo especial en su vida, un instante mágico, pleno de ese poder que los seres humanos asignamos al amor en todas las culturas?

Los animales, en su gran mayoría, no besan. Algunos primates llaman la atención del sexo opuesto con un chasquido de labios, pero no logran imprimir a tal gesto la pasión o ternura que las personas colocamos en un beso.

Sin embargo, los orígenes de este excitante intercambio de caricias bucales no son nada románticos, según cuenta la máster en sexualidad y periodista cubana Aloyma Ravelo.

Según datos encontrados por ella en Internet, el historiador griego Plutarco (que vivió entre el primer y el segundo siglo de Nuestra Era), afirmaba que los besos nacieron a partir de la obligación de los hombres casados de comprobar, por el aliento de sus esposas, si estas no habían bebido vino, un placer que la ley romana vetaba a las mujeres en esa época.

Pero oler no les pareció suficiente: fue preciso rozar los labios para comprobar su sabor... y al parecer ambos le cogieron el gusto a tales prácticas.

Desde entonces besar, para muchos, es la primera puerta de una relación erótica. El primer paso en firme hacia un intercambio más amplio de sensaciones, fluidos y —a veces—sentimientos.

Cuando besamos se ponen en tensión unos doce músculos de los labios y otros diecisiete de la lengua, sin contar los del resto del cuerpo que colaboran con las posiciones adecuadas para lograr esta caricia, ya sea superficial o profunda.

También el sistema circulatorio se favorece: nuestras pulsaciones cardíacas aumentan de 70 a 140 por minuto, haciendo que la sangre fluya más rápido por todo el cuerpo y oxigene nuestras células, además de repartir muchísima dopamina, una hormona asociada al placer.

Pero ningún órgano está tan comprometido en este asunto como el cerebro, regente del sistema nervioso central: la actividad de los labios involucra, junto con los pies, las manos y los órganos genitales, el mayor porcentaje de terminaciones nerviosas, según explica el psiquiatra y neurocientista norteamericano Daniel G. Amen.

De ahí que resulten tan eróticos los besos en los pies —sobre todo combinados con masajes relajantes— y hasta el supuestamente inofensivo saludo de los caballeros cuando rozan con sus labios las manos de alguna dama.

Bésame mucho

Un proverbio popular dice que el primer beso se da con los ojos, como anticipación al deleite que tal vez llegue después, si sabemos conquistar al ser objeto de nuestros deseos.

Esta especie de imagen literaria (conocida como sinestesia, puesto que asigna a un sentido lo que es por naturaleza del otro) es verídica: en materia de atracción sexual, la visión tiene un 50 por ciento de responsabilidad en lo que nos gusta o nos resulta repulsivo, proporción que aumenta en los hombres hasta casi el 80 por ciento.

Pero también el olfato, el tacto y el oído pueden decidir el destino de un beso y sus posibles consecuencias... ¡y ni qué decir del sentido del gusto!

Algunas parejas consideran que besarse mucho está bien solo al principio, pues luego el coito y otras muchas prácticas sexuales pueden sustituir tales intercambios.

En cambio la experiencia en casi todo el mundo apunta en otra dirección: los matrimonios de varias décadas que mantienen entre sus prioridades los besos viven por más tiempo eróticamente involucrados, se sienten más satisfechos de su elección en la vida y dan a la familia un mejor ejemplo de armonía y bienestar.

En varios países el beso público puede constituir un delito, aún tratándose de una pareja legalmente reconocida por la sociedad, mientras en otros se estila besar en la boca incluso a personas del mismo género sin intenciones sexuales.

En las culturas orientales se han descrito a lo largo de los siglos varios tipos de besos según su intensidad y propósitos, y a quienes los dominan se les reverencia como peritos en materia erótica, no importa si emplea tales dones por amor o en un «servicio» pagado.

En cambio en las civilizaciones occidentales es más común exaltar el beso como prueba de que la pareja está realmente involucrada en sus sentimientos, y está bastante extendido el estereotipo de que las personas que prostituyen sus cuerpos rara vez acceden a besar en los labios a quienes pagan por sus favores sexuales.

De cualquier modo, autores de canciones, poemas y relatos de todos los tiempos y confines aseguran que el mejor beso, ese que no se olvida nunca, es el deseado intensamente en algún momento de la vida, pero no dado jamás. Ese que de tanto soñarse parece muy real, y aún conserva el sabor de los misterios imposibles.

Tiempo El beso que no te dise me ha vuelto estrella dentro...¡quién lo pudiera tornar—y en tu boca...— otra vez beso!Quién pudiera como el ríoser fugitivo y eterno:Partir, llegar, pasar siempreY ser siempre el río fresco...Es tarde para la rosa.Es pronto para el invierno.Mi hora no está en el reloj...¡Me quedé fuera del tiempo!...Tarde, pronto, ayer perdido...Mañana inlogrado, inciertohoy... ¡Medidas que no puedenfijar, sujetar un beso!...Un kilómetro de luz,Un gramo de pensamiento...(De noche el reloj que latees el corazón del tiempo...)Voy a medirme el amorcon una cinta de acero:Una punta en la montaña.La otra... ¡clávala en el viento!...

(Poema de Dulce María Loynaz, musicalizado por Amaury Pérez en el disco Eternidad)

Pregunte sin pena R.C.: Nunca he tenido relaciones sexuales. Soy bastante tímido y no me atrevo a dirigirme a una muchacha porque pienso que ya es tarde, ya que soy desocupado. Tengo el complejo de que no soy profesional. Me están pagando una asistencia social como ayuda económica, aunque no sufro discapacidad física. No estudié porque tuve retraso escolar y luego me pusieron en una escuela especial. No sé qué hacer ante determinadas situaciones. He enamorado a muchachas que no me han aceptado. ¿Tengo derecho a tener pareja? Me siento rechazado por la sociedad. ¿Qué piensa usted sobre el riesgo? No es fácil conseguir amor y ternura, sin tener trabajo. Tengo 38 años.Todos tenemos derechos, pero el amor no se obtiene por asignación como tu asistencia social. Es preciso que te impliques en su búsqueda, que te arriesgues constantemente, que cedas y te entregues en cada intento. Por lo que me cuentas, supongo que tu problema radica en la dificultad para insertarte en tu medio social. No se debe tanto a que seas discapacitado, sino que te proyectes como alguien sin ninguna capacidad. No se es desempleado, se está desempleado hasta que se decide.Dudo que tu soledad se deba específicamente a tu desvinculación laboral. No tienes trabajo, pero sí un sustento económico, aunque sea a través de la seguridad social.Posiblemente, sientes que en verdad podrías insertarte laboralmente. De hecho, no eres profesional, pero sí estudiaste en una escuela especial. Tal vez, puedas tributar con tu trabajo a la sociedad. Este no es solo un modo de ganar dinero, es además una manera de establecer un lazo social.Es difícil constituir una relación de pareja cuando se vive ensimismado en el reducido espacio del hogar. Si no te atreves, debes valorar que tal vez seas tú quien se rechaza a sí mismo. En tal caso, es preciso que te decidas a cambiar tu posición en la vida. Para ello, sería bueno que trabajes estos temas junto a un psicólogo.Mariela Rodríguez Méndez, Máster en Psicología Clínica, Consejera en ITS y VIH/sida, Psicoanalista

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