Dos más uno… ¿y no da tres?

Afirma Mariela Castro, directora del CENESEX, que aun cuando los conceptos de pareja cambian progresivamente de un siglo a otro, la gente sigue atrapada en el «deber ser» y cuesta romper esquemas que nos impiden ser felices

Autores:

Mileyda Menéndez Dávila
Víctor Manuel Velázquez

…Qué importa mentirse para ser felices/ hasta que un deseo se meta en tu lecho/ mas, ¡¿qué estás pensando?! Te tapas el pecho…

Canción de invierno,
Silvio Rodríguez

Hace algún tiempo una lectora se acercó a nuestra página para pedirnos una ayuda poco usual. Su esposo lleva seis años con una mujer más joven. Ella lo sabe desde el inicio, pero aquella traición hizo que él se portara mejor que nunca y prefirió no darse por enterada.

Ahora es la joven quien presiona, le pide al hombre más espacio en su vida y amenaza con hacer pública la relación. La lectora siente que él está a punto de confesar y que ella decida, pero para ella no hay nada que decidir, aunque no quiere decirlo por miedo a que él le pierda el respeto.

A su juicio, él no va a empezar otra vida a los 57 años luego de 30 de matrimonio. «Si lo presiona más lo va a perder», razona la esposa, para quien lo mejor es dejar las cosas como están por el bien de los tres, pero no sabe cómo hacerle llegar tal ¿consejo? a la muchacha.

Su nombre no importa. Su caso es uno más entre decenas de cartas y llamadas a Sexo Sentido que nos proponen hablar sobre esas relaciones al margen del matrimonio oficial. En este caso la amante es una mujer, pero abundan historias en las que es ella la casada, o ambos, o es con alguien del mismo sexo, u ocurre con el consentimiento de todos…

Por naturaleza, la gente tiende a enriquecer su vida emocionalmente (más allá de otros intereses materiales de los que no hablaremos en esta ocasión). No es un fenómeno nuevo ni va a terminar, pues aun cuando los conceptos de pareja cambian progresivamente de un siglo a otro, la gente sigue atrapada en el «deber ser» y cuesta romper esquemas que nos impiden ser felices, afirma Mariela Castro, directora del CENESEX.

Lo que importa son las motivaciones, las maneras en que se reflexiona alrededor de esos paralelismos. Como si la infidelidad no reflejara un conflicto de la pareja sino una crisis de la monogamia como ideal social, valora la experta.

Cuerpo sí, mente no

El hecho de compartir una historia con una persona casada tiene sus reglas no escritas. La sociedad es más o menos tolerante con los infieles, pero la «pobre víctima» no debe saberlo, según el estereotipo, o es peor visto que los propios responsables del acto.

Si es hombre, lo critican más (como si tuvieran menos permiso social para defender su concepto de amor), pero incluso si es mujer es fácil imaginar los epítetos que le aguardan cuando conocen, consienten y hasta participan de esos deslices sexuales.

Tal es el caso de las parejas abiertas y los swingers, una especie de monogamia emocional con poligamia del cuerpo, como lo describió en el año 1994 el santiaguero Alberto Orlandini en su libro El enamoramiento y las parejas, de la editorial Oriente.

En la pareja abierta por lo general se permiten encuentros sexuales o romances fuera de casa. Hay aceptación, no participación simultánea. Otra variante es el poliamor, así llamado cuando el triángulo dura cierto tiempo y no es mera intrusión recreativa. En algunas culturas la poligamia es incluso legal.

Así la idea de matrimonio va, al decir del sexólogo chileno Roberto Rosenzvaig, de obligación a elección: «Las parejas contemporáneas asumen con mayor conciencia la peligrosa inconstancia de los vínculos amorosos (...) el matrimonio no aparece como salvaguardia, sino como conclusión de un proceso de mutuo y profundo conocimiento».

Intercambio consentido

La palabra swingers proviene del verbo inglés to swing, y significa hamacarse, ir de un lado a otro. En español se les llama también intercambiadores. Su perfil reconocido mundialmente es el de parejas estables, casi siempre por encima de los 30 años, que se encuentran para tener sexo (puede ser en la misma habitación, en dúos, tríos o grupal) o ver como otros lo hacen.

En el libro Estilo de vida: una mirada a los ritos eróticos de los swingers, Terry Gould afirma que esta modalidad nació entre pilotos durante la Segunda Guerra Mundial, pero tiene sobrados antecedentes en los tiempos griegos y romanos, y más tarde en el «honor» que hacían los reyes feudales a sus caballeros al acostarse con sus esposas, suceso de dominio público, pues los afortunados colocaban una cornamenta en su puerta en signo de distinción.

Según describe el forista Suggest en el foro sobre sexualidad del periódico villaclareño Vanguardia, «esas parejas no se unen con la intención de realizar este tipo de fantasías. Generalmente se conocen como todo el mundo, se llenan de confianza, y cuando ya tienen una relación estable, muy formalizada, muy seguros de ellos mismos, logran comentar sus fantasías más atrevidas y de ahí surge esa complicidad que luego los lleva a realizar ese tipo de actividades. Lógicamente buscan que las parejas con las cuales hacen intercambio sean igualmente estables, se amen entre sí y no busquen esto como una forma de arreglar una relación dañada».

Por lo general son muy discretos: conscientes del peso de la crítica social, no están interesados en desafiarla. Las vías de conocerse van desde círculos de confianza hasta lugares de encuentro, revistas o páginas web.

El forista Openminend afirma que no le gustaría compartir su pareja con nadie, pero acepta que «hasta cierto punto es mucho más honesto ser swinger que ser infiel porque el cambio se hace con el consentimiento de la otra parte», aunque «se corre el riesgo de que la pareja se enamore de otra persona en uno de esos encuentros casuales».

Para conjurar tal peligro rara vez se acepta en el grupo a personas solteras que amenacen el equilibrio de las parejas habituales, pues aunque suene fuera de contexto, la lealtad y la honestidad son para ellos conceptos importantes que implican fidelidad al cónyuge y al modo de vida adoptado.

Estudios recientes en Europa y Estados Unidos (donde hay más de 600 y 400 clubes swingers respectivamente) estiman que muchos de estos matrimonios mejoran su relación tanto en lo sexual como en lo afectivo, pero también hay celos, incomprensiones y vacíos emocionales cuando se intenta experimentar fuera sin alcanzar suficiente madurez en la intimidad de dos.

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