Entre tú y yo

Investigaciones constatan que la intimidad es vital para el desarrollo de una relación estable de pareja

Autor:

Yoelvis Lázaro Moreno Fernández

SANTA CLARA, Villa Clara.— Una pesquisa realizada a finales del pasado curso en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas (UCLV) como ejercicio de culminación de estudios en Psicología reveló aspectos interesantes sobre la intimidad de parejas estables en un contexto universitario.

Precisan en su tesis de grado las investigadoras Laira Yanela Sariol Benítez y Vipsania Rojas Díaz que en una unión amorosa la vida íntima puede percibirse y concretarse de diversas formas, de modo que hablar sobre la necesidad de concebir espacios privados con vistas al crecimiento de un vínculo amoroso como fuente de satisfacción personal acapara la atención de no pocos lectores.

Espacios para dos

Considerada elemento decisivo para la configuración de una relación estable, la intimidad psicológica es entendida como la empatía, comprensión y tacto que han de existir entre los miembros de una pareja, y radica además en esa posibilidad que tiene el sujeto de revelar sus inclinaciones y sentimientos más profundos a través de su personalidad.

Se trata entonces de un requisito imprescindible para el desarrollo de afectos espontáneos y duraderos y es un proceso gradual, tendiente a crecer en la medida en que ambos seres sean capaces de demostrarse mutuamente mayores motivos de confianza.

En su libro Personalidad y relaciones de pareja, la doctora cubana Lourdes Fernández Rius, plantea que al redimensionarse esta variante de la intimidad, se posibilita que renazcan con fuerza la búsqueda de afectos, el rescate del placer espiritual, la comunicación, la entrega mutua y el enriquecimiento emocional.

Valiosa resulta también la distinción propuesta por el sicoanalista de origen alemán Erich Fromm entre la intimidad psicológica o anímica —se denominan indistintamente—, y la de tipo corporal cuando explica que esta última consiste básicamente en el intercambio de caricias y contactos físicos.

De acuerdo con este autor, la intimidad de naturaleza psicológica debe preceder el encuentro corpóreo, para que de ese modo el placer sexual sea más rico e intenso. Fromm sostiene que cuando falta la privacidad psíquica esta tiende a reemplazarse por la sexual, que es dada a alcanzarse con mayor facilidad. Aunque el disfrute erótico mutuo es una condición que une, resulta insuficiente para mantener el vínculo o para que ambos miembros de la unión se sientan satisfechos.

Si ambas dimensiones de la intimidad, vitales en una relación amorosa, logran combinarse por los miembros de la pareja, se potencia una unión cuyo sentido es más extensivo e inestimable que el de una amistad.

Socializar un mundo interno

La especialista en Sexualidad Humana Maira Quintana Ugando, profesora de la Facultad de Psicología de la UCLV, quien fungió como tutora de la pesquisa, esclarece que muchas veces reducimos la intimidad al espacio físico donde tienen lugar las prácticas sexuales y no se le entiende con total claridad en otras dimensiones de la vida en pareja, como la social.

En las diez parejas encuestadas (todas con más de seis meses de unión y cuyos miembros tienen edades comprendidas entre 19 y 25 años) se pudieron comprobar marcadas diferencias al percibir la intimidad como parte del desenvolvimiento social de la relación, lo cual indica que los miembros de cada una de estas parejas no tienen similitudes en cuanto a amigos o trabajos en común.

Es válido aclarar que no necesariamente tienen que realizar las mismas actividades ni tener las mismas amistades, pues cada uno tiene una identidad propia, pero no debe desconocerse la del otro.

Afirma Quintana que el conocimiento de lo que se siente y se piensa es importante para el progreso de una relación y también a la hora de intentar un mejoramiento del vínculo de amor. Cuando se aprecian de modos diferentes los aspectos que se comparten, se generan insatisfacciones que pueden perjudicar la unión afectiva.

Vivir en pareja implica, pues, estar preparados para la convivencia y la tolerancia de múltiples criterios y comportamientos, con el fin de alcanzar mayor comprensión, aceptación y disfrute junto al otro.

(Santiago Feliú)

Dame un beso/
desmedido y saturado
de cualquier intención de
amor,
oscuro y preso,
largo, infeliz,
sin tener por qué,
escondido, infiel,
beso por querer.
Dame un beso
de lujuria calculada,
descarado y total,
sin fe,
bueno y culpable,
asustado y cruel,
solo hasta los dos,
verbo de besar.
Sin perdón, sin dios,
de otra pasión,
de la desamorada felicidad.
Dame el beso
de la duda sin ternura,
de los tristes y cansados del
amor,
mojado y valiente,
que no se me pueda olvidar,
solidario y bien,
bésame el besar.
Sin perdón, sin dios,
sin terminar,
beso tuyo en este ahora y
nada más.
Sin perdón, sin dios,
lleno de no,
beso tuyo para recordar.

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