El bosque, el filtro, la decisión

Nueve de cada diez parejas en el mundo tienen relaciones sexuales antes del matrimonio, algo impensable 20 años atrás

Autor:

Liz Martínez Vivero

No puede impedirse el viento. Pero pueden construirse molinos.

Proverbio holandés

Los amantes beben un filtro de amor y hallan lecho nupcial sobre las hojas del bosque: no hay testigos, el elíxir los desinhibe… Así describe la tradición medieval del amor cortés las mágicas circunstancias que hicieron amarse al caballero Tristán y la joven Isolda en el camino a Cornualles.

La leyenda hizo lo suyo y otorgó a la historia esa pátina de amor místico, pero ¿quién descartaría una atracción efímera condicionada por la cercanía del viaje y el encanto de los cuerpos? ¿Cómo asegurar que no fue solo una treta del joven Tristán para ufanarse luego ante los otros caballeros?

La cultura occidental otorgó durante siglos singular importancia a condicionamientos éticos del matrimonio, como la virginidad femenina, corolario del rol subalterno de la mujer, aunque en algunas variantes el sagrado requisito incluía al novio.

La trasgresión de tales reglas suscitó dramas —reflejados en la literatura y la música— y cada sociedad configuró su reacción con el consecuente castigo… para ellas casi siempre.

A la altura de este nuevo milenio, los goces prematrimoniales se «normalizaron», y los largos noviazgos formales prácticamente se han extinguido: «Antes cada etapa tenía su encanto. Ahora muchas parejas jóvenes viven casi como matrimonios», comenta la educadora con 25 años de experiencia Xiomara Márquez.

Un estudio reciente de la Universidad de California confirma esa impresión: nueve de cada diez parejas en el mundo tienen relaciones sexuales antes del matrimonio, algo impensable 20 años atrás.

Romper el hielo ...con calma

Un adolescente que todavía no ha tenido su primera vez puede ser el hazmerreír de su grupo, si este es de los que miran el asunto superficialmente. Así lo ve Danilo León, estudiante del politécnico Lázaro Cárdenas, de Santa Clara, quien dice que muchos prefieren «inventar» para no pasar por inexpertos.

«Conocí a un muchacho que decía haber estado con media escuela. Lo decía solo para especular, pues un día supimos que era un pasma’o. Yo no lo culpo: si me hubiera pasado algo parecido también inventaría. Le hicieron pasar tremenda pena».

Es una historia frecuente, propia del modelo de masculinidad en el que importa más la aritmética que los sentimientos, dice el filósofo mexicano Juan Guillermo Figueroa, partidario de enseñar a los varones a cuidar de sus propios derechos en este terreno para hacerlos más libres en su disfrute.

Así lo ven por suerte varios jóvenes santaclareños, quienes se consideran preparados, pero sienten que aún no es su tiempo. Raúl Echemendía defiende tal postura: «He tenido varias relaciones y creo que todavía no he encontrado a la persona adecuada para tener sexo. Si mis compañeros lo supieran estoy seguro de que se burlarían de mí, pero eso no me preocupa. Además, considero que me sentiré mejor conmigo mismo si espero el momento propicio y no lo hago solo por quedar bien delante de otras personas».

Adriana Oropesa, recién graduada de Estudios Socioculturales, nos narra: «Tengo 23 años y hace uno que me casé, cuando todavía estudiábamos en la universidad. Fue mi primera relación sexual y no me arrepiento. Actué de esa manera por lo que me habían enseñado de niña. Mi esposo había tenido otras experiencias y respetó mi decisión de casarme virgen».

Para Mercedes, abuela de Adriana, son otros tiempos y ya los jóvenes no piensan igual: «Cada tiempo tiene sus cosas, sus cambios. Yo me casé “señorita”… pero en aquel entonces quien no lo fuera difícilmente llegaría a casarse si no tenía mucho dinero, porque era una deshonra para las muchachas».

Cada persona es un mundo, estima una joven contadora. «Cuando llega el momento lo esencial es estar preparado y protegerse, para no arrepentirse después. Debe ser algo que realmente se desee… y es importante que la otra persona sea quien quieres realmente que sea y no cualquiera para empezar».

La psicóloga Beatriz Ramírez, del Centro Comunitario de Salud Mental de Santa Clara, comulga con la desmitificación sobre el comienzo de la vida sexual: «Cada época debe liberarse de lastres puramente atávicos que tal vez tuvieron sentido en el pasado, pero ahora apenas subsisten como representación social tradicionalista de relaciones en franca evolución.

«Lo que no debe obviarse es la responsabilidad que implica esa decisión: dentro o fuera del matrimonio, debe procurarse que sea un acto responsable y significativo», recuerda.

Con quién y para quién

En la Edad Media los amantes solían servirse de tretas mágicas para la seducción, dicen las leyendas. El mismo acto siglos después se ha complejizado, pero entonces y ahora la plenitud de ambos amantes sigue siendo la meta.

Hoy el dilema no es cuándo «hacerlo», sino con quién y sobre todo para qué, dijo a JR el venezolano Fernando Bianco, presidente de la Sociedad Mundial de Sexología Clínica.

Desde su experiencia, hay muchos «para qué» posibles: amorosos, recreativos, reproductivos, de experimentación… y ninguno es bueno o malo en sí. La persona debe ser sincera consigo misma y con la otra parte. Y si no se tienen las mismas expectativas siempre queda el derecho a decir no a tiempo, sin importar cuestionamientos ajenos, afirma.

Complacer al grupo, atrapar a la pareja, obtener premios, ganar apuestas o «salir de eso» —como nos escriben a veces adolescentes confundidos—, no deben ser impulsos para tal decisión. Los tiempos, las épocas y las parejas cambian, pero Tristán e Isolda aún se adentran en el bosque en busca de idilio, aprendizaje y emoción.

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