Bailar pegados ¡sí es bailar!

El doctor Fernando Bianco, presidente de la Sociedad Mundial de Sexología Clínica, piensa que si se busca la ayuda profesional adecuada, todo es válido cuando se trata de resolver diferencias sexuales en la pareja

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

El atractivo sexual consta de lo real y de lo imaginado. Sofía Loren

Martha y Lorenzo han decidido buscar ayuda porque sus desempeños sexuales son muy diferentes: Él prefiere la noche, es imaginativo, fogoso, conversador… ella, en cambio, cierra los ojos durante el coito, apenas colabora en las maniobras del esposo y, si pudiera, solo haría el amor en las mañanas antes del café.

Ambos conocen las fortalezas de su relación: se aman, la pasan bien en las tareas cotidianas, han logrado buena comunicación, comparten proyectos… pero temen que todo se vaya a pique por esa incómoda disparidad erótica, situación que no habían vivido con sus parejas anteriores.

«Yo sé que es cuestión de entendernos, de acoplar ritmos», dice Lorenzo. «Tengo esperanzas: ya lo estamos logrando con la música», le apoya Martha, quien recibió ese consejo de una amiga cuya relación pasó al principio por el mismo conflicto y su terapeuta le recomendó, entre otros ejercicios, bailar juntos para hacer que sus cuerpos se entendiesen mejor y aprendieran a comunicarse naturalmente.

Todo es válido en una terapia, siempre que no violente derechos ajenos ni hiera sensibilidades, asegura el doctor Fernando Bianco, presidente de la Sociedad Mundial de Sexología Clínica, optimista en cuanto a las posibilidades de casi todas parejas de resolver estas diferencias cuando buscan la ayuda profesional adecuada.

Puede tratarse de un pobre ajuste coital, como el ejemplo inicial (apraxia), o de incompatibilidad en la frecuencia del deseo o del tiempo de duración del acto (discronaxia). «En ambos casos es un problema de la pareja y no de un individuo en particular; por eso con otras personas pueden funcionar bien, pero si quieren estar juntos deben trabajar para resolverlo», aclara el experto.

La frecuencia coital es uno de los factores esenciales de la respuesta sexual humana, porque en esta se «operacionaliza» la variable del deseo. Una vez descartados otros problemas de salud o de las condiciones ambientales en que tienen lugar los encuentros eróticos, es lógico indagar por este factor como causa de disconformidad en la pareja.

Varios estudios realizados por diferentes instituciones en el mundo han llegado al consenso de que existen personas con una frecuencia sexual alta (varias veces a la semana), media (una vez a la semana) y baja (una al mes o menos), y las tres se consideran normales fisiológicamente.

El problema aparece cuando los miembros de la pareja tienen necesidades diferentes y no logran comunicarse para llegar a soluciones, o cuando la frecuencia de uno de ellos es demasiado alta; pero en este último caso no constituye una patología biológica, sino social, porque esa persona no logra concentrarse en un proyecto de vida enriquecedor más allá del goce de sus genitales.

«Quien solo piensa y vive para el sexo no funciona bien en nada más: ni como trabajador, ni como ciudadano, ni en la familia», afirma el doctor Bianco. Esto se conoce como donjuanismo o satirisis, en referencia a personajes que trascendieron en la literatura por su fogosa vida sexual.

Su contrario es la anorexia sexual, típica de aquellas personas que casi nunca tienen deseo y evaden a su pareja, dificultando la vida en común. Muchas veces este desinterés responde a tabúes arraigados desde la infancia o traumas por situaciones desagradables vividas en el pasado. El aprendizaje de lo prohibido provoca disfunciones, dice el doctor Bianco: «Hay que reaprender el dominio del cuerpo, pero para sentir placer, no para dejar de sentirlo».

Estas diferencias pueden ignorarse un tiempo, pero luego adquieren un protagonismo tal en la relación que terminan minándolo todo: la confianza mutua, la autoestima, la felicidad, las relaciones con otras personas…

Incluso se reflejan en disfunciones sexuales más severas como la dispaurenia, la anorgasmia y hasta la falta de erección masculina, creando un círculo vicioso del que solo se puede salir pidiendo ayuda y poniendo mucho de su parte para no perder la relación.

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