Libertad. Expansión. Descubrimiento

La antigua sabiduría oriental afirma que el placer puede prolongarse cuando la pareja controla su energía sexual y distribuye el goce por todo el cuerpo

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

Algunos maridos jóvenes se me antojan orangutanes empeñados en tocar el violín.

Honoré de Balzac

Hasta donde alcanza el conocimiento occidental más difundido en materia de sexualidad masculina, las sensaciones orgásmicas acompañan a la eyaculación en un proceso que para la mayoría de los hombres dura pocos minutos y solo funciona mientras el pene esté erecto. Sin embargo, la antigua sabiduría oriental afirma que el placer puede prolongarse cuando la pareja controla su energía sexual y distribuye el goce por todo el cuerpo.

El llamado sexo tántrico es una manera de lograrlo, pero más que técnica o lista de ejercicios es una filosofía de vida que persigue el placer en su expresión más amplia: la que nace de nutrir espíritu, mente y cuerpo con los poderes de la naturaleza y potenciar la capacidad sensorial en cada encuentro amoroso para ayudarnos a crecer en el respeto a las diferencias y al bienestar de los demás.

Tejer, construir

El vocablo tantra proviene de tantori, que en sánscrito (lengua antigua) significa tejer, construir, porque así se concebía el erotismo en ciertas culturas tibetanas e hindúes que datan de varios siglos antes de nuestra era.

Tantra es entonces liberación, expansión de los sentidos, plenitud de unión sexual sin culpas ni categorías cerradas (feo o hermoso, bueno o malo, puro o impuro, femenino o masculino) pues todo coexiste en cada individuo y es válido experimentar y descubrir nuevas sensaciones, siempre que sea de mutuo acuerdo entre personas adultas y responsables.

Contrario a lo que algunos piensan, el amor tántrico no es un maratón de resistencia sexual. La variable tiempo cede su valor al bienestar de los participantes, cuyos cerebros se autorregulan para multiplicar el goce de estar juntos y pasar otras urgencias a segundo plano.

Una sesión erótica pensada de modo creativo puede extenderse durante horas y hasta días sin peligro para la salud. Nadie pasa hambre si los besos se acompañan de frutas, vinos, semillas tostadas (maní, calabaza, almendras), miel, jugo u otros alimentos sanos y divertidos, y la higiene puede estar presente como un componente más de la estimulación y el reconocimiento mutuo que aportan los masajes eróticos, aplicados con bálsamos, esponjas, jabones de olor…

También es válido el descanso, tanto juntos como alternando roles, mientras se intercambian caricias y se recorren los cuerpos mediante la respiración o los besos. En definitiva no se trata de un sexo para perder calorías, sino de una práctica relajada, con movimientos suaves e intensos: una manera de explorar el cuerpo propio y el de la pareja sin prejuicios paralizantes, para disfrutar también de esa comunión espiritual que este estilo amatorio proporciona.

Los seis pasos recomendados en el sexo tántrico son: respiración (para relajarse y sentir el aroma de la pareja); caricias (sin tabúes, usar la imaginación); besos (apasionados o tiernos, por todo el cuerpo); penetración (opcional, no es un requisito en este tipo de práctica); control de la eyaculación y clímax.

Cada paso puede repetirse, combinarse, extenderse por horas, subir o bajar su nivel de intensidad… depende de la destreza que alcancen los amantes en cada encuentro.

De dominado a dominante

En muchas culturas orientales la energía sexual que se libera con la expulsión del semen es el impulso de la vida. Dominar esa fuerza es rasgo de madurez; por eso privilegian el «viaje» y no la meta, cuyo umbral disfrutan al máximo.

Sexo tántrico implica retardar la eyaculación, pero no a costa de un coito mecánico que perjudique o aburra a la pareja y mucho menos pensando en cosas ajenas, como el deporte o las matemáticas, pues si el espíritu no está presente se pierden las sensaciones más interesantes.

El control se propicia mediante el goce mutuo y recreando el ambiente para estimular todos los sentidos (oído, tacto, gusto, vista y olfato). El pene debe estar a gusto en la vagina o el ano, «dialogar» mediante pulsaciones, jugar con movimientos rotatorios más que de traslación, adivinar la temperatura y humedad reinantes. Obviamente, un preservativo no alcanza para una sesión, y además se recomienda usar lubricantes que faciliten experimentar nuevas posturas.

Como las mujeres, también los hombres pueden alcanzar orgasmos múltiples no asociados a la eyaculación en distintas partes de su cuerpo si se abren a experiencias nuevas y disfrutan dar y recibir con similar entusiasmo.

Cuando la salida del semen parece inminente, el hombre debe quedarse quieto, relajar los músculos del suelo pélvico, retener la respiración y concentrarse durante varios segundos, hasta que la urgencia pase y el delicioso hormigueo del preámbulo se difunda por todo el cuerpo.

También ayuda aplicar una presión digital bajo el glande o en el perineo (entre el ano y el escroto), acción que puede ejecutar cualquiera de los dos.

Si la erección decae no importa: suele ser un descanso que el organismo se permite para luego recuperar su vitalidad. En lugar de preocuparse es mejor aprovechar el tiempo en más caricias, utilizando dedos, lengua, labios, cabellos, pestañas y cuanto objeto resulte sensual y divertido.

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