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Ciencia, voluntad y mirada al futuro

Son tres los principales retos que enfrenta la ginecobstetricia infanto-juvenil a nivel mundial: el embarazo precoz, el aborto y las ITS. Para prevenir daños y promover salud, hace falta un proceso de actualización continua y sobre todo vocación ética para encarar el tema

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

El éxito está antes que el trabajo solo en el diccionario.

Anónimo

Cada minuto tienen lugar en el mundo 300 nuevos embarazos. De estos, 190 no son deseados, 110 tendrán complicaciones en su curso y 40 terminarán en un aborto inseguro, sobre todo en aquellas naciones donde se niega a las mujeres el derecho a decidir sobre sus cuerpos y su reproducción.

No es de extrañar que cada minuto ocurra al menos un deceso vinculado a la gestación o el parto, y que un número abrumador de esas pérdidas se registre en países en desarrollo, como los de África y América Latina.

Así anda el reloj mundial de la muerte materna, comentaba esta semana en el XV Congreso de la Sociedad Cubana de Obstetricia y Ginecología el mexicano Javier Domínguez, experto del Fondo de Población de Naciones Unidas.

Más allá de razones biológicas, como el embarazo en edades extremas, la malnutrición o el incremento de enfermedades crónicas e infecciosas, detrás de las altas tasas de mortalidad y morbilidad materna hay un trasfondo político y social significativo, insistía el experto, y sus colegas de Cuba y otras naciones invitadas le dieron la razón.

María, Julieta y lo diverso

Al particularizar en la situación de las adolescentes quedó claro que todos los riesgos se multiplican. Este no es un asunto nuevo: Eva y Adán eran púberes, María se embarazó con menos de 15 años sin consumar el coito, y Julieta fue arrastrada a un suicido pasional con apenas 17 años.

Pero ahora en países como Cuba la pirámide de población es muy frágil en ese segmento: En 2025 habrá cerca de 700 000 mujeres menos  en edad fértil que ahora, y muchas verán comprometida su fertilidad si no se las protege de las ITS y los abortos en la adolescencia, alertó la doctora María del Carmen Franco, de la Oficina Nacional de Estadística e Información, ONEI.

Al decir del doctor Jorge Peláez, vicepresidente del comité organizador del evento, son tres los principales retos que enfrenta la ginecobstetricia infanto-juvenil a nivel mundial: el embarazo precoz, el aborto y las ITS.

Estos reflejan la falta de conocimientos y de autocuidado con que se encaran las prácticas sexuales a esa edad, la ineficacia de muchas campañas educativas y la insuficiente comunicación familiar, realidad que Sexo Sentido ha palpado en encuentros de lectoría en diversas provincias.

Los resultados del programa son visibles, pero estamos lejos de la excelencia, reconocía el director nacional de Salud materno-infantil, Roberto Álvarez Fumero. Si bien más jóvenes dicen usar condón en sus relaciones sexuales, también son muchas las adolescentes que antes de los 20 años ya se han hecho un aborto o han padecido alguna ITS, temas de los que es preciso hablar más en los medios por las consecuencias a largo plazo, alertaron especialistas en varios paneles.

La buena noticia es que esos riesgos son previsibles y modificables. En algunos países se necesitan nuevas leyes para proteger los derechos sexuales y reproductivos a partir del respeto a la diversidad de intereses, gustos y realidades. En otros la ley es letra muerta, porque no hay una voluntad de Estado de priorizar esos asuntos, o no existen políticas públicas que materialicen tales intenciones con recursos y personal calificado.

En el nuestro hay estrategias para una educación integrada en sexualidad desde la Primaria hasta la Universidad, pero a veces falta motivación en el profesorado a cargo de la tarea o sobran prejuicios y sesgos personales, resumía la profesora Stalina Santiesteban.

Nadie debe llamarse a engaño, precisó el doctor Evelio Cabezas, presidente del evento y de la Sociedad Cubana de Obstetricia y Ginecología: Con la dinámica social moderna no se puede aspirar a que las mujeres retrocedan al tiempo de la esclavitud hogareña, cuando eran retenidas en casa sin otro proyecto de vida que parir y cuidar hijos. Hoy ellas deciden cuándo, cómo y con quién tienen sexo, pero siguen expuestas a la violencia y las enfermedades.

Para prevenir daños y promover salud, hace falta una mayor entrada de especialistas en centros escolares y espacios comunitarios, un proceso de actualización continua y sobre todo vocación ética para encarar el tema.

Además se impone la adecuada armonía de los mensajes trasmitidos por la familia, la escuela, la comunidad y los medios de difusión masiva, para que no se anulen entre sí por exceso de prejuicios o erotización desmedida.

En el Congreso y sus eventos colaterales quedó claro que los servicios de salud sexual y reproductiva serán más eficaces en tanto se piensen más diferenciadamente: no puede brindarse la misma atención a una adolescente (cuya menarquia es cada vez más temprana, como lo es también su iniciación en la vida sexual activa y su demanda de anticonceptivos) que a una joven que aplaza su maternidad (sobre todo el segundo parto) para encaminar sus estudios, lograr el empleo de su gusto o porque busca al compañero ideal, aunque luego no siga junto a él.

Tampoco lleva el mismo acompañamiento una adulta que necesita saber los riesgos de parir después de los 35 o de usar uno u otro tipo de anticonceptivos (porque tiene derecho a ambos y a información sobre el tema), que una mujer de edad mediana o una posmenopáusica decidida a no perder la intimidad placentera y la alegría de existir, aun cuando arrastre las consecuencias de un estilo de vida inadecuado.

De todas ellas se habló en el Congreso recién concluido, y poco a poco nuestra sección publicará cifras, polémicas y resultados.

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