Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

¿Heraldo de virilidad?

Ni hombres ni mujeres deberían esperar a vivir episodios de disfunción eréctil para empezar a dominar la milenaria técnica de la Entrada Suave

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

Cualquiera sea nuestra situación, hagamos de la vida una fiesta de esperanza. Frase popular

Cuando se pregunta a hombres sexualmente activos qué es lo peor que puede pasarles en su desempeño erótico, la gran mayoría responde: no tener erección o perderla en el momento inoportuno. Si eso falla, automáticamente asumen que lo demás está perdido, pero los que se «pierden» en ese momento son ellos, culturalmente condicionados a vivir una masculinidad centrada en el falo como símbolo de poder y único garante de los placeres del cuerpo.

Todo hombre vivirá ese episodio alguna vez, y lo que puede cambiar su desenlace es la filosofía con que lo asuma. Si su reacción involucra frustración, culpabilidad y estrés, difícilmente saldrá airoso. Si predominan la autoconfianza, el sentido del humor y la imaginación, el acto sexual fluirá naturalmente por otros caminos y en muchísimos casos logrará una penetración exitosa, aunque requiera un poquito de ayuda inicial.

Según el libro El hombre multiorgásmico, de Mantak Chia, en la mayoría de los casos es una experiencia pasajera causada por tensión física (cansancio, malestar, un resfriado, intoxicación) o emocional (miedo escénico, pareja nueva, preocupaciones ajenas al erotismo). Lo triste es que algunos hombres asumen que «les toca» fallar (por su edad o por insatisfacción con su pene), y esta presunción los lleva a atiborrarse de fármacos u otras sustancias sin prescripción médica, lo cual prueba que su autoestima tiene menos posibilidades de elevarse que su pene si no consigue ayuda psicológica a la mayor brevedad.

Cuando hay deseo y no aparece la erección lo más sensato es preguntarse qué ocurre, qué señal está dando tu cuerpo, para ayudarte a tomar medidas a largo plazo. Pero eso no implica renunciar al momento erótico, ya sea a solas o con una pareja: todos los caminos llevan a Roma si el peregrinaje se disfruta paso a paso, y si enrolas a todas tus células y tu espíritu en el mismo interés.

Pene cooperador

Si ya viviste algo así, analízalo con sinceridad: ¿Es un fenómeno muy frecuente o solo te ocurre cuando te esfuerzas por estar con alguien que no es realmente de tu agrado, o que sí te gusta, pero estás más empeñado en darle una buena impresión que en sentir y ofrecer verdadero placer?

En el segundo caso es una cuestión de actitud y autorrespeto, factores en los que hoy no vamos a ahondar. En el primero, busca las siguientes pistas: ¿Fallan también las erecciones nocturnas involuntarias y las matutinas? Este es un síntoma fisiológico importante, no circunstancial, y urge buscar su origen en otros sistemas, como el cardiovascular o el neurológico, así que en vez de hacerle un juicio por «traición» a tu pene agradece su alerta antes de que te sorprenda un infarto o un accidente cerebrovascular.

También busca antecedentes familiares de enfermedades crónicas y explora qué condiciones de tu salud (hábitos tóxicos, diabetes, hipertensión, estrés, obesidad, estado de la próstata...) requieren tratamiento sistemático o cambios urgentes y sostenibles en tu estilo de vida.

En otros casos la demora responde a falta de estímulo directo: si a solas logras erecciones satisfactorias y con tu pareja no, es tiempo de conversar, ilustrar mecanismos y buscar frases que sin matar la ilusión les ayuden a encaminarse en el juego. Como en cualquier deporte de equipo, de esos que tanto te entusiasman, puedes contar con otros «jugadores» clave, como los testículos, el perineo y el ano, ¡por no decir toda la piel!

Aguja y dedal

Si las pruebas indican que tu disfunción eréctil tendrá un carácter más permanente o los medicamentos para cuidar tu vida condicionan la respuesta de tus genitales, no te atormentes: siempre hay modos de devolverles vitalidad con la orientación del personal médico que te atiende y la complicidad de tu pareja.

Las opciones terapéuticas van desde la medicina tradicional hasta las prótesis peneanas, pero lo más importante es la confianza y la sed de experimentación. Y no hablamos solo de juegos sexuales, —que son importantísimos en cualquier caso—, sino incluso de penetración vaginal empleando la técnica de Entrada Suave, que promueven desde hace siglos los monjes taoístas.

Un lector que practica esta variante con su pareja hace años la describe así: «Si ambos tenemos deseo y el pene late, pero no logra dureza, nos concentramos en estimularla a ella para que se humedezca bien (también podemos usar lubricante). Cuando el canal de la vagina está listo ella o yo tomamos el pene con los dedos y lo introducimos el mayor tramo posible. Unas veces concentramos la presión en el glande, como si fuera un dedal empujando una aguja, y otras lo envolvemos como una serpentina para que se “desenrolle” adentro. Al principio es difícil y puede salirse varias veces, pero con práctica y mente positiva se adquiere gran habilidad. No duele y podemos hacerlo en la posición tradicional o con ella arriba.

«El siguiente paso es quedarnos aparentemente quietos, para que la calidez, la textura vaginal y la humedad lo “despierten”. Ambos contraemos y soltamos acompasadamente el suelo pélvico (como en un ordeño), nos acariciamos y nos decimos cosas estimulantes. Si el pene se entusiasma y pasa a otra fase de firmeza podemos tener un coito más movido, pero si no, no importa: la ternura y la armonía son tan grandes que tenemos orgasmos y yo puedo incluso eyacular».

A juicio de esta pareja, ni hombres ni mujeres deberían esperar a vivir episodios de disfunción eréctil para empezar a dominar esa técnica milenaria. A cualquier edad resulta un reto interesante, y una vez incorporada al repertorio se convierte en un mecanismo para sorprender y entusiasmar a los remolones o dormidos, por supuesto con su consentimiento previo.

Buen entrenamiento

Un elemento de la sabiduría popular confirmado por la ciencia es que los músculos que no se usan se atrofian, y eso vale también para el suelo pélvico masculino, donde se inserta la base del pene encargada de sostener el resto de esa estructura en una posición que desafía la gravedad.

Los hombres que pasan tiempo sin entrenar a conciencia el llamado músculo pubococcígeo (músculo PC, que va del pubis a la coxis) notan que poco a poco su pene se retrae. Por eso es básico fortalecer esa banda muscular del perineo con los llamados ejercicios de Kegel, que intencionan su contracción y relajación. Para estos no hay contraindicaciones y ayudan a cualquier edad.

Andrólogos de gran prestigio internacional como el cubano Ramiro  Fragas y el español José Luis Arrondo insisten en que el cuidado del cuerpo para garantizar el erotismo debe ser integral. Los ejercicios de Kegel y los respiratorios para encauzar la energía sexual hacen maravillas, pero es esencial llevar una vida sana desde la adolescencia y no sucumbir ante esos mitos que tratan al pene como heraldo de virilidad o instrumento al servicio incondicional de su dueño.

Hoy puede ser un gran día...

Las batallas se pierden con el mismo espíritu que se ganan. Walt Witman.

Una alegría compartida se transforma en doble alegría; una pena compartida, en media pena. Proverbio sueco

Amar a alguien profundamente te da fuerza; ser amado por alguien profundamente te da coraje. Lao Tsé

Un poco de conocimiento que actúa es más valioso que mucho conocimiento ocioso. Jalil Gibran

Cada nueva esperanza que sentimos nos hace ver de manera distinta el pasado. Luis Rosales

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