La sexualidad no tiene que ver con cambios de estética

La metrosexualidad no genera efectos negativos en la sociedad, ni en la salud de los jóvenes cubanos que se preocupan por el cuidado de su imagen, muchos de ellos por imitación de sus ídolos futbolistas, asegura el Doctor Julio César Pagés

Autor:

Elena Diego Parra

«Qué metrosexualidad ni que ocho cuartos. Para mí eso es una blandenguería, el hombre que es hombre no cae en eso de afeitarse el cuerpo, sacarse las cejas o pintarse el pelo», manifiesta un colega de unos 50 años, quien asegura que si alguno de sus dos hijos varones se atreve a incursionar en estas prácticas, «tendrá serios problemas» con él.

Como en este caso, muchos padres y madres cubanos se inquietan por la aparición de un fenómeno estilístico que se ha adentrado en nuestro universo joven: la metrosexualidad. Sobre el tema, el sitio web Soy Cuba, de JR, dialogó con el Doctor Julio César González Pagés, coordinador de la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades.

—Comencemos definiendo esta tendencia.

—Algunas veces se establece un símil entre metrosexualidad y masculinidad de forma errada. La metrosexualidad surge en las urbes de los países más desarrollados del mundo, por ejemplo, en Londres, Nueva York y París, y tiene que ver con un sector de los hombres de determinada clase, que han hecho mucho más énfasis en su cuidado estético y físico, lo que es también un indicador de vida para una parte de la población.

«Cuando el fenómeno llega a Cuba, se distorsiona y solo se asocia con cierta estética de afeitado de los brazos y las piernas, actos que tienen relación con la metrosexualidad, pero no son el indicador más importante. Vale aclarar que tampoco podemos acuñar cualquier cambio de estética como metrosexualidad».

—¿Qué papel desempeña la industria en su aparición y difusión?

—Un papel notable, porque nos están vendiendo un estilo de vida con el que se promocionan formas de consumo para los hombres. Si hay detrás de esto una conspiración, no lo sé, pero en la medida en que las mujeres tratan de disminuir el uso de los cosméticos, este ha aumentado en los hombres. Hoy la industria es más poderosa porque vende tantos maquillajes y cremas antiarrugas para mujeres como para los del sexo opuesto.

«Hay todo un estudio de la filosofía masculina para venderte productos que te mantengan bien masculino, bien sensual. Cremas de tortuga para los hombres que fruncen mucho el cejo y se arrugan, tintes para las canas en diferentes tonalidades, comidas orgánicas…; todo eso que anteriormente se vendía solo a las mujeres ha alcanzado un grado alto de especialización también para hombres».

—¿Sería reduccionista ubicar la tendencia solo entre los jóvenes?

—Bueno, lo que pasa es que los jóvenes son casi siempre los abanderados de las cuestiones transgresoras, más cuando tienen que ver con la moda. Pero la metrosexualidad, en esencia, se relaciona con sectores urbanos de clase media de hombres no tan jóvenes, sino más bien treintones, cuarentones, que asumen cierto estilo de vida glamoroso: van al gimnasio, compran en determinadas tiendas, y no necesariamente son homosexuales.

«Particularmente en Cuba, comenzó siendo una moda de adolescentes y jóvenes de menos de 20 años; pero se ha ido desplazando hacia un sector de hombres de entre 30 y 40, en quienes uno advierte una estética metrosexual».

—¿De qué modo se practica la metrosexualidad en el país, como una simple moda o como un fenómeno consciente de identidad individual?

—Ha sido más bien una moda reproductiva, es mimética de un fenómeno que ha llegado a través de las revistas, los turistas, los programas; es algo que están viendo en sus ídolos, fundamentalmente en los deportivos. Hoy el deporte se ha convertido en un gran socializador de las masculinidades. Los hombres cubanos, sobre todo los menores de 30 años, son altos consumidores de disciplinas como el fútbol, y era de esperarse que siguieran a ídolos como David Beckham, Piqué, entre otros que tienen esta estética, justamente porque los futbolistas han sido precursores en la representación de esta imagen.

—¿Puede asociarse la metrosexualidad con determinadas conductas o posturas sexuales o sociales?

—Hay tantos metrosexuales homosexuales como heterosexuales, lo que sucede es que el cuidado que estamos acostumbrados a ver en las mujeres se traslada a los hombres. La metrosexualidad nada tiene que ver con conductas sexuales ni sociales, ni políticas. He escuchado muchas veces asociarlo a la liberalidad; no obstante, conozco a hombres machistas y agresivos con una estética que se orienta por este estilo».

—Profesor, buena parte de la literatura extranjera afirma que la metrosexualidad, más que un cambio de imagen, es un cambio psicológico en el que el hombre deja ver su lado femenino. ¿Concuerda usted con esto?

—Lo que me dices solo refuerza un estereotipo de la femineidad. No tenemos lados femeninos ni masculinos, hay construcciones de género femeninas y masculinas. Por ello, ¿por qué un hombre no puede ser tierno y ser, por otra parte, vigoroso? Creo que al decir que un individuo saca su lado femenino cuando es delicado, estamos negando la posibilidad de que los hombres podamos ser delicados sin tener que ser femeninos propiamente.

«Esto ocurre porque reproducimos siempre estereotipos diferentes de lo masculino y lo femenino, y cerramos el círculo. Yo he visto hombres con comportamientos femeninos, y al mismo tiempo son poco solidarios, agresivos y hasta machistas. Esa exploración del lado femenino o masculino tiene que ser más plural, debe ser una exploración humana en la que tanto mujeres como hombres examinemos nuestros sentimientos y valores, pero sin poner etiquetas, porque al ponerlas reforzamos las divisiones que establecemos constantemente entre el hecho de ser hombre o mujer, o masculino o femenino».

—Hay quienes consideran que la persona que cuida en demasía su imagen es superficial o carece de valores…

—Esas correspondencias son absurdas. Tú puedes ser una persona muy profunda, con grandes valores, y a la vez preocuparte también por tu imagen. Nuestra piel y nuestra ropa son nuestra segunda máscara. Tenemos todo el derecho de elegir cómo nos veremos.

«El hecho de velar por vernos bien es algo positivo. Lo alarmante es que nuestros jóvenes dediquen gran parte de su tiempo solamente a peinarse, a arreglarse y dejen poco tiempo para cultivar el espíritu. No creo que haya que enjuiciar la metrosexualidad como algo que genera efectos negativos en la sociedad, ni hay que enunciarlo o reconocerlo como nocivo a la salud, solo hay que seguirlo».

—¿Por qué cree que les preocupe a algunos padres el cambio estético en sus hijos?

—Por el gran miedo que tienen, sobre todo los que tienen hijos heterosexuales, a que estos se conviertan en homosexuales. Nada más alejado de la verdad, porque la sexualidad es una opción que no tiene que ver con cambios de estética.

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