Amores tóxicos, hasta que decidas

Si tu felicidad es inversamente proporcional a la de tu pareja algo está funcionando mal entre ustedes

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son.

Tito Livio

Aceptar que tu pareja no hace lo que te gusta porque «no le nace» y partir de expectativas realistas sobre su persona es un mecanismo saludable para asumir una relación madura, pero solo funciona si el respeto es mutuo y no es preciso inmolarse psicológicamente para estar a su lado, afirma el doctor Walter Rizo, experto en temas de pareja y autor de numerosos folletos que circulan en versión digital.

En su libro Amores altamente peligrosos este psicólogo costarricense explica que si tu felicidad es inversamente proporcional a la de tu pareja algo está funcionando mal entre ustedes: «Frente a una incompatibilidad de raíz, la voluntad y las buenas intenciones no suelen ser suficientes para resolver el problema», acota.

No hay forma de sostener una relación apacible con alguien que se cree tan único que solo se quiere a sí mismo. Piensa cuán indecoroso es plegarte ante alguien que te hostiga con su reclamo o su mutismo arbitrario. Alguien que dice no vivir sin ti, pero tampoco puede vivir contigo, a menos que aceptes jugar el estrecho rol que te destina en su egoísta trama personal.

¡En guardia!

Si amas a alguien difícil o ambivalente en su trato y aún crees que vale la pena dedicar más tiempo a construir esa relación, debes saber que hay solo dos estrategias razonables para lidiar con ello: prevenir los problemas o afrontarlos. A cierta altura del juego es absurdo que te sorprendan sus reacciones y no tengas listo un contraataque para relajar.

Cada estrategia implica un modo diferente de mirar la situación acorde a las circunstancias, pero tiene una meta común: complacerle cariñosamente sin anularte ni autodestruirte, y sobre todo sin permitir que te traten como algo desechable o alguien a quien se debe controlar siempre por inútil o poco confiable.

Eso de que en el matrimonio se duerme con el enemigo es una frase no generalizable, pues solo se aplica a vínculos enfermizos en los que es difícil expresar o recibir afecto. Cuando eso ocurre no tiene lógica hablar de pareja romántica: puede ser costumbre, dependencia emocional o financiera, miedo, masoquismo… pero nunca amor.

Rizo pregunta: «¿Te entregarías en cuerpo y alma a quien te considera un enemigo potencial y se arrepiente de amarte cada día de su vida?». A juzgar por decenas de mensajes que recibo en Sexo sentido, muchísimas personas contestarían que sí, y no pocas buscarían justificaciones para ello a partir del llamado amor incondicional, base de una cultura del martirologio que en aras de salvar la relación formalizada reniega del respeto hacia la propia integridad, física y espiritual.

¿Cuáles son los límites entre un estilo afectivo pasional y uno neurótico? Según Rizo, entre el 20 y el 30 por ciento de la población desarrolla algún tipo extremo de amor lesivo o tóxico y se desconoce cuántos casos habrá de las versiones más leves. Por el momento se han descrito al menos ocho tipos clásicos, que en ocasiones se mezclan: el teatral hostigante; el paranoico desconfiado; el pasivo subversivo; el narcisista egocéntrico; el perfeccionista obsesivo compulsivo; el pendenciero antisocial; el ermitaño indiferente y el inestable caótico.

Estas cualidades en sí mismas no son defectos y de hecho pueden ser útiles para determinados oficios, pero cuando se despliegan en el hogar asfixian a la pareja.

Nadie puede decir que esta situación le tomó de sorpresa. El sentido común nos alerta sobre esas conductas patológicas casi desde el inicio de cualquier noviazgo, así que confiar en que el tiempo las redima es una prueba de inmadurez de ambas partes.

Cada quien aguanta ese tipo de estrés según su particular filosofía de vida, pero no puede esperar que la gente le trate con simpatía si su pareja le somete a vejaciones frecuentes o si vive en perenne estado de sobresalto o complejo de inferioridad.

Llegará el momento en que se canse de esperar por la metamorfosis del ser amado o se agote tanto emocionalmente que decida salir de ese marasmo de sentimientos encontrados. De hecho puede que ambos sean individuos maravillosos y aprendan a ser felices con otras personas, aunque el amor y el sexo no alcancen la intensidad que conocieron juntos.

En casos así la nostalgia invade, se sueña con el reencuentro y se buscan atajos para rescatar esa química especial…, pero en tales historias pasa lo mismo que con la montaña rusa: la primera subida es lenta y expectante, la primera bajada nos engancha y luego el sube y baja se va de tu control y no queda más que gritar o aguantarse hasta que pare el carro y te apartes de un salto sin nada más que el susto o un buen exceso de adrenalina.

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