Pansexualidad es esencia, no apariencia

La pansexualidad va más allá de la imagen física o el desempeño en la cama. Su compromiso romántico nace de una comunión emocional e intelectual con el ser humano, restando peso al género u orientación sexual

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

El amor, por etéreas e ideales

que sean sus apariencias, tiene su

raíz en el instinto sexual.

Arthur Schopenhauer.

«El prefijo pan significa todo, así que pansexualidad… ¡Uf, eso es mucho para procesar!», resume el joven, y cierra el mensaje que acaba de llegar a su celular. Un amigo le aclara: «Pansexual es quien no da importancia al sexo de las personas a la hora de elegir pareja, sino a sus valores humanos. Deberías conocerlo, porque hay mucha gente así».

Otras personas de su grupo escuchan el comentario y de inmediato se forma el debate: «¡Más nombres! ¿No le llamaban a eso bisexualidad?». «Mi vecina dice que es heteroflexible… ¿No es lo mismo?». «Eso de los valores está bien para elegir amigos, pero ¡el sexo es otra cosa!».

Cuestión de actitud

Aunque suenen raros, tales términos se manejan en el mundo desde hace décadas. Más allá de matices semánticos, son el resultado de un proceso de maduración de la personalidad en sujetos que, en materia de deseos, no se identifican con la tradicional visión de homo o heterosexualidad.

La bisexualidad encasilla a quienes se interesan erótica y afectivamente por hombres y mujeres, binomio que deja fuera la transexualidad y la intersexualidad. Mientras, los vocablos heteroflexibilidad y homoflexibilidad indican que, aun teniendo una preferencia concreta, de vez en cuando se permiten aventuras con alguien diferente.

La pansexualidad va más allá de la imagen física o el desempeño en la cama. Su compromiso romántico nace de una comunión emocional e intelectual con el ser humano, restando peso al género u orientación sexual.

Cuando esa magia se da entre un hombre y una mujer heterosexuales o entre homosexuales del mismo género, no es vivida como un conflicto. El susto llega si ese sentimiento, más profundo que la amistad, lo provoca alguien que no entra en tus esquemas habituales.

Una persona pansexual se arriesga al vínculo porque no sigue patrones discriminatorios en cuanto a identidad sexual. Eso no significa que «cualquiera le sirve»: pueden ser menos liberales en otros aspectos como edad, origen, filosofía de vida o sentir predilección por rasgos como color de piel, tipo de ojos, oficios, timbre de voz, carácter…

La pansexualidad es una elección de vida que no hace alardes ni pide permiso, aun cuando puede ser mal vista por grupos educados bajo otros conceptos, riesgo que corre todo el que no se ajuste a la norma heterosexual patriarcal dominante en estos tiempos. En materia de amor, se abren a compartir esencias, sin importar la apariencia o los cromosomas.

Ven como un privilegio el vínculo espiritual y se fascinan con los sentimientos, conductas, carisma y modos de relacionarse de esa otra persona, según se explica en el sitio Definición.de.com.

Romper los moldes

Arturo Ochoa Poveda, webmáster y editor del sitio www.jovenxlavida.cubava.cu, opina que al conocer nuevas personas tendemos a catalogarlas, lo cual presupone crear un mapa mental sobre sus intenciones o intereses para con nosotros. Ese mapa se construye a partir de sus acciones, forma de expresarse y gente con quien se reúne. Si no logramos ubicar a alguien terminamos rechazándole, porque lidiamos mal con la ambigüedad, opina el colega.

Sin embargo, no es correcto tildar de anormal a una persona, porque se permita una conducta erótica al margen de reglas que no tienen en cuenta sus intereses o deseos.

Según explica el Doctor en Ciencias Matemáticas, Jorge Lemagnie, los estereotipos de normalidad son simplificaciones creadas por las ciencias para evaluar tendencias individuales y grupales en sus áreas de estudio. La anormalidad no es una aberración, sino una forma de marcar aquello que se aleja de los límites predefinidos por el observador a su conveniencia, en función de lo más común encontrado en su objeto de estudio.

Entre seres humanos lo natural es la diversidad en casi todos los campos, y debería ser esa la norma vigente, no las representaciones rígidas que reflejan rezagos de otras épocas y contextos, devenidas hábitos porque la gente no suele cuestionárselas mientras se siente a gusto con ellas.

En el caso de la atracción sexual no es defendible la norma binaria. Centenares de estudios indican que apenas la mitad de la población es exclusivamente heterosexual u homosexual. El resto se ubica en algún punto intermedio de la escala que el biólogo norteamericano Alfred Kinsey propuso desde el pasado siglo, a raíz de sus investigaciones.

Los medios de comunicación han presentado el fenómeno en decenas de materiales. Un ejemplo es el personaje de Nolan Ross, en la serie Revenge. Similares historias se muestran en Sexo en la ciudad, Californication, Marvel, Doctor Who, Torchwood, Club de cuervos y varios animados manga japoneses.

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