Moda que te incomoda

La tendencia a apostar por modelos y tallas que se salen del viejo canon extradelgado parece ir en aumento en la alta moda

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

La mente es como un paracaídas: no sirve para nada si no se abre.

Grafiti en Nueva York

Desde hace casi un lustro, firmas de gran distribución en el mercado internacional de la moda apuestan por aumentar su clientela creando prendas aptas para la gente real, con mucha más carne que hueso.

El boom mediático del fenómeno se desató en 2013 con la línea de tallas grandes Violeta by Mango, cuya campaña se apoyó en la divisa Me gusta y me queda bien; pero ya desde la primera década del XXI este mercado era una meta para agencias de modelos internacionales y firmas como Cabiria, Forever 21, Asos y H&M.

Marcas que todavía se rehúsan al cambio son arrastradas a polémicas públicas o demandas financieras por discriminar a la gente voluminosa. Por eso los nuevos diseños invaden tiendas de lujo y las ventas en Internet, y representan un quinto del total del negocio de la moda femenina, cifra que irá creciendo en la medida en que sea evidente más fluidez en ese negocio que en el de las excentricidades para divas.

Aunque en países del Sur parecería absurdo hablar de tendencias en la alta costura, no puede obviarse que las manufacturas caseras y las de copia a bajo costo tienen en las revistas de modas su santo grial: si estas deciden «normalizar» las tallas grandes será un influjo favorable para la globalizada producción en serie o al menudeo.

Belleza artificial

En el mundo de los negocios la discriminación por la imagen no solo va en lo que se usa, sino también en la elección de los rostros que representan a una firma o institución, sea privada o estatal.

Ese elitismo estético puede ser política declarada o sutil, pero igual afecta la autoestima de millones de personas que no encuentran sus «espejos» vivientes entre la gente de éxito y desarrollan una sensación de inferioridad que las hace más vulnerables al abuso social o a la aceptación de parejas sin defender el amor, el respeto, el sentido común o la igualdad de derechos.

Si antes el patito feo podía llegar a ser feliz con un poco de paciencia, hoy necesitaría acceder a lujosos servicios que supuestamente garantizan el estándar de belleza aun en contra de cualquier condición genética… Pero hace falta dinero para transitar esos atajos milagrosos, lo cual crea un círculo que atenta contra la dignidad y la conducta.

Lo peor es que esa obsesión le quita el sueño no solo a personas maduras, sino también a jóvenes y adolescentes que no aprendieron a disfrutar su natural lozanía ni potenciar sus dones amatorios con un enfoque realista y divertido.

Por suerte hay asociaciones e individuos dispuestos a denunciar el daño psicológico, social y físico de esos esquemas irracionales, y por varias vías se reclama más igualdad de oportunidades y se promueve la flexibilidad en el campo profesional y las relaciones interpersonales.

El Día Internacional contra la Discriminación, que se celebra cada 1ro. de marzo, es uno de esos espacios de concientización para revelar cómo entre dietas, cirugías y químicos a veces es imposible distinguir siquiera el sexo, la edad biológica o la etnia en grupos fanatizados con la imagen que vende el éxito.

Peor aún: se está perdiendo la variedad natural de la especie, que alegra la vista y refuerza nuestra unicidad como seres creativos y espirituales, y para colmo se comprometen las capacidades reproductivas de las nuevas generaciones porque los trastornos alimentarios y la exposición a sustancias y procederes agresivos atentan contra el funcionamiento endocrino y por tanto contra la calidad y disponibilidad de sus óvulos y espermatozoides.

Del estereotipo de la rubia «imbécil, pero buena en la cama», a la maratónica campaña por clonar a la fulana o el mengano de moda, la humanidad ha dado zancadas peligrosas que amenazan la esencia del placer, el equilibrio con la naturaleza y hasta su propia capacidad soñadora.

Y no es un asunto para resolver entre publicistas y diseñadores: Quien regala hoy una Barbie o un Spiderman no ofrece apenas un juguete, sino un camino hacia el mañana, y este pudiera resultar cruel y angosto para esas personitas que adoramos en casa.

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