El fruto maduro

Desde el punto de vista físico, un embarazo tardío puede ser bueno si se planifica para llegar en un estado de salud favorable y se vigila el régimen emocional y nutricional en esa etapa

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

Solo el coraje en el camino hace que el camino se manifieste.

Paulo Coelho

La tasa de fecundidad en Cuba es la más baja de América Latina. En 2010 estaba en 1,6 hijos por mujer. Hacer que esa cifra mejore sin irrespetar los derechos reproductivos de las cubanas es una tarea que involucra no solo a los servicios de salud, sino a toda la sociedad y su entramado cultural.

Sin que constituya la salvación demográfica ideal, el hecho de que tiendan a aumentar los partos en mujeres alrededor de los 40 años puede ser una ventaja para una población que envejece aceleradamente y recarga sobre su población entre 18 y 40 el peso de los estudios superiores, la producción de bienes y el cuidado de sus mayores.

Esos y otros conflictos socioeconómicos archiconocidos, más la búsqueda del ideal de pareja estable o de una red de apoyo para criar en solitario, han corrido la edad en que las mujeres planean asumir su primer embarazo, e incluso el segundo o tercero si la otra persona no tiene descendencia.

También influyen en ese retraso las complicaciones por infertilidad, sobre todo si en la adolescencia no se cuidó la salud reproductiva y se vivieron episodios de ITS, abortos o inflamaciones pélvicas mal cuidadas.

Otro factor clave para aplazar la decisión es el desarrollo tecnológico y la confianza en que existen condiciones para acompañar el proceso y recibir alertas en caso de que algo vaya mal.

Desde el punto de vista físico un embarazo tardío puede ser bueno si se planifica para llegar en un estado de salud favorable y se vigila el régimen emocional y nutricional en esa etapa. Es una carga hormonal y emocional que renueva el organismo y hace sentir revitalizada a la mujer, según experiencia de la doctora Martha Pérez Viñas, especialista en Medicina Natural y Tradicional.

Antes que la edad, en la mortalidad materna influyen factores asociados al estilo de vida como la anemia, la malnutrición, la hipertensión arterial, el asma bronquial, las infecciones vaginales y la diabetes mellitus, según detalló en un congreso de Ginecología y Obstetricia la profesora Mireya Álvarez Toste.

En todos esos están las sombras de la alimentación chatarra, el consumo frecuente de tabaco o alcohol, la obesidad y el sedentarismo o una vida sexual y reproductiva poco responsable.

Algunas complicaciones pueden ser mortales, como la eclampsia y preclampsia, la sepsis en el tracto urinario y genital, las hemorragias y la trombosis venosa profunda, esta última asociada a predisposición genética, reposo en cama prolongado, antecedentes de otras cirugías o abuso de anticonceptivos orales, al decir del doctor Reinaldo López.

También complican el panorama la existencia de trastornos autoinmunes, cáncer y enfermedades cardiacas, pero esto no significa que deba renunciarse a la maternidad, sino entenderse como un desafío mayor para la familia y el personal de salud.

La vigilancia debe funcionar a lo largo de todo el proceso, pues el 44 por ciento de las complicaciones graves se dan después del alumbramiento.

Alma lista

En lo socio-sicológico, después de los 40 debe haber madurez e independencia suficientes para asumir la aventura maternal, siempre que sea una noticia bien recibida.

Como escribe Sonia Ceballos en el sitio digital Vida Lúcida, la edad mediana nos coloca al centro de dos generaciones: «una que debe voltear y evaluar el pasado, y otra que debe planificar la mitad del camino que aún les falta». El auge cognitivo, la mejora del control de emociones y la experiencia lista para ser transmitida hacen de esta época el mejor período vital.

Arribamos a las cuatro décadas con muchas herramientas emocionales para manejarnos y controlar el entorno. Como las hormonas son menos inestables, hay más racionalidad en las decisiones y mayores autoconocimiento y autoestima.

Muchas han cumplido su meta procreativa, pero la que decidió posponerla o repetirla sabe mejor a qué se enfrenta, cómo potenciar sus capacidades y respetar sus límites. La comunicación a esta edad suele ser asertiva, más fluida, y eso le permite expresar criterios y sentimientos, y definir metas y defenderlas con honestidad.

El reto de la crianza no es peor si parieras en la adolescencia o a los 30 años. Lo más difícil es no dañar a esas criaturas con el estigma de la malacrianza por ser el fruto de la vejez. Tratarles con sabiduría es asignatura difícil, pero no imposible, y la complicidad se disfruta intensamente, a juzgar por el brillo en los ojos de la doctora Martha.

Una mujer madura

Una mujer madura, no provoca, ya es provocante. / No es inteligente, es sabia. / No se insinúa, muestra el camino sutilmente. / No se precipita, espera el momento indicado. No nada, navega. / No vuela, flota. / No piensa en cantidades, prefiere calidad. / No ve, observa. / No anda, camina. / No es pretenciosa, simplemente se gusta. /No juzga, analiza. / No compara, asimila. / No consuela, entibia el corazón. / No busca, despierta los sentidos. / No coloca cadenas, deja libre… / Porque sabe lo que quiere, cómo lo quiere y cuándo lo quiere.

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