Expresar el amor

El amor es ese regalo que suele acompañarnos toda la vida

Autores:

Mileyda Menéndez Dávila
Anabel Benítez

No hay amor suficiente capaz de llenar el vacío de una persona que no se ama a sí misma.

Irene Orce

Todos hemos experimentado ese sentimiento llamado amor porque, como seres emocionales, generalmente funcionamos más rápido por la afectividad que por el conocimiento. Podemos saber cómo son las cosas y, aun si son malas, pero nos gustan, las preferimos así. ¿Cuántas chucherías no has comprado a sabiendas de que no servían, solo porque eran bonitas?

Recibimos el amor de nuestra madre desde que nacemos, y ese regalo suele acompañarnos toda la vida. Recibimos amor en el hogar, en la escuela, de las amistades… Ese cúmulo de experiencias va conformando nuestro mapa de afectos, que usamos luego para no perder el rumbo cuando algo no nos sale como lo esperábamos.

A veces también damos amor, pero no siempre lo expresamos con claridad. Hay gente que nos paraliza, como si nos avergonzara decirle que la amamos o admiramos, cuando realmente lo hacemos… en silencio.

El mayor de los afectos es motor impulsor de casi todas nuestras acciones, sobre todo las buenas, e incluso el trabajo y el servicio a la comunidad se generan más fácilmente bajo el efecto del enamoramiento.

Hay dos grandes grupos receptores de nuestros afectos: la familia y las amistades. En el primero también se incluye a la pareja, pues aunque parta de una amistad, al consolidarse puede ser germen de nuevas vidas.

Algunas personas encuentran entre sus pares (por edad o intereses) mayor fidelidad, incluso, que la percibida en los lazos sanguíneos: más afinidad, espacios para la duda o la espontaneidad y una abnegación muy grande en los momentos difíciles.

Ese amor amistoso es auténtico, pero tiene sus reglas y condiciones. Si sientes algo así, cerciórate de que puedes dar un afecto puro y observa las respuestas de su acción en las otras personas. Los beneficios de esa incondicionalidad suelen ser recíprocos cuando no se confunden su alcance y sus propósitos.

No siempre sabemos expresar nuestros sentimientos y disfrutar de ellos oportunamente con total libertad. Sobre todo en las edades extremas (adolescencia y senectud), nos cuesta a veces abrirnos a una pasión que se sabe que existe porque se puede hasta oler, pero no se expresa verbalmente ni con otros recursos comunicativos.

No dejes de expresar tus sentimientos por temor a que sean mal recibidos o comprendidos, o porque creas que al hacerlo te considerarán un ser débil, incapaz de sostenerte de forma independiente.

Ese miedo al fracaso es terrible y enfermizo, mientras que la transparencia te hace sentir muy bien con la gente y sobre todo contigo, porque el corazón se aligera y la creatividad busca nuevos caminos para manifestarse.

Por lo general damos lo que recibimos: amor o indiferencia, miedo o afectos… Aun si te cuesta mucho trabajo abrir tu espíritu, no desistas: ya aparecerá una persona con suficientes capacidades para penetrar en ti y saber qué esconden tus temores.

La próxima vez que te resulte difícil dejarte llevar por un impulso afectuoso, recuerda:

*No te avergüences de amar, cualesquiera que sean las circunstancias. El amor es tan noble y hermoso que vale la pena luchar por él.

*Cuida tus amistades y hazles sentir que están presentes, aunque la vida te distraiga con nuevas experiencias.

*No dejes para mañana la frase necesaria con la que expresar tu afecto, ni permitas que la muerte o la distancia te robe la oportunidad de decir lo adecuado a esa persona especial, aunque sepas que no va a estar contigo para siempre.

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