Silencio castigador

El silencio es una forma de agresión muy potente porque el mensaje que hay detrás de ella es decirle al otro “tú no existes”, que es el peor mensaje que podemos recibir

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

El aplazamiento es el asesino de la oportunidad. Oscar Wilde

Para la sicóloga chilena Pilar Sordo, el silencio compartido por una pareja se escucha muy alto porque hasta se puede sentir la tensión que esconde. En su práctica de la sexología clínica, este es uno de los más significativos y frecuentes indicadores de deterioro de una relación.

«El silencio es una forma de agresión muy potente porque el mensaje que hay detrás de ella es decirle al otro “tú no existes”, que es el peor mensaje que podemos recibir», escribe la experta en su blog. No hablarse para evitar el conflicto no solo no soluciona nada, sino que «agrava la situación porque enquista más rabia y hace cada vez más difícil retomar la conversación».

Hay dos características importantes de este maltrato: La primera es que no solo se da entre parejas, sino incluso con otras personas significativas como exparejas, descendientes de la pareja actual y suegras, los «enemigos» culturalmente establecidos que a veces ni propician tal reacción.

La segunda es que suele convertirse en una violencia de doble vía: la situación se prolonga indefinidamente si ninguna de las partes se esfuerza en sellar la disputa por un orgullo que supera al amor (y lo lacera, como es de esperar) o por asumir que estarían «gastando saliva» por gusto.

Nadie gana y ambos pierden, dice la autora de libros como Viva la Diferencia, No quiero crecer y Oídos sordos. Los conflictos solo se solucionan mediante negociaciones y eso implica tratar de ponerse en el lugar contrario para entender sus razones y reclamos.

Conteo de protección

No siempre es malo callarse: si se avecina una discusión sobre un tema nuevo o difícil y no sabes qué cauce tomarán las emociones; es bueno hacer un alto para reflexionar y elegir tus argumentos con cuidado. Tal pausa debe durar un plazo lógico, para no torturar a la otra persona, y puedes considerarlo tiempo perdido si lo empleas para rumiar otro ataque o desenterrar municiones del pasado con tal de salirte con la tuya esta vez.

En el momento de reiniciar la discusión ayuda mucho mirarse a los ojos, hablar en voz baja y pausada, no interrumpir el discurso ajeno ni emitir juicios a priori, y sobre todo, apelar a las fortalezas de la relación y al buen humor ante el asomo de nuevas discrepancias.

También se recomienda enfocarse en el problema concreto y no en las personas o en las malas experiencias del pasado, una estrategia comunicativa muy en boga para la resolución de conflictos también a nivel comunitario y laboral.

Reseteo emocional

Una forma de silencio que llega a ser abrumador es el de aquellas personas que se sienten atrapadas en una deprimente soledad, a pesar de vivir en pareja o familia, porque no encuentran ya nada en común con quienes la rodean.

Si no tienes obligaciones insoslayables en ese hogar ni temes empezar de nuevo, lo recomendable es romper ese estancamiento y buscar otros horizontes, de forma temporal o permanente. Aunque pudiera ser con un nuevo amor, es mejor permanecer a solas hasta entender lo que te disgustaba y aceptar con honestidad cómo ayudaste a crear ese desierto en tu vida.

Otras circunstancias de introspección momentánea son dignas de respetar: el duelo por una pérdida significativa, el tránsito reflexivo entre la adolescencia y la juventud madura, la elección consciente de periodos de meditación callada para tu crecimiento espiritual, la convalecencia tras una enfermedad que agotó tus reservas físicas y mentales…

Si ese mutismo se vuelve crónico o lo acompañan otros síntomas alarmantes, como el descuido del aseo personal, el incumplimiento de las tareas cotidianas, el desinterés por el alimento, el sexo u otras fuentes habituales de placer y ausencias de casa sin motivo o actitudes inexplicables, es tiempo de pedir ayuda: puedes estar atravesando una crisis sicótica o abusando de sustancias tóxicas cuyos efectos en tu vida no calculaste bien al introducirlas.

Si tu pareja o alguien muy cercano muestra tales señales, auxíliate de personas cuya autoridad reconozca (sus padres, jefes, profesores, médico de familia, líderes comunitarios) para sugerirle formas de retomar el curso de su existencia, o llama a la línea de apoyo antidrogas (113) en busca de consejos.

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