Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Déjame recorrer tus accidentes…

La coordinación de los estímulos de carácter sexual implica la participación de varias áreas de nuestro cerebro

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

Jamás la humanidad podrá inventar un lenguaje ni más extenso, ni más cálido, ni más cruel que el de nuestro cuerpo.Olga Bertomeu

Los estímulos sexuales, procedan de donde procedan —visiones agradables, recuerdos, palabras, aromas…—, desencadenan las primeras respuestas y emociones del juego erótico en todas las personas, aunque para los hombres el sentido del tacto resulte especialmente importante, asevera el andrólogo español José Luis Arrondo en su libro Historia íntima del pene. La nueva sexualidad masculina.

«Erotizar los sentidos requiere también un aprendizaje, que aumentará la receptividad al placer, las ganas de repetir, las posibilidades de sentir y disfrutar del juego sexual», explica en ese ameno texto el Vicepresidente de la Academia Española de Sexología y Medicina Sexual.

«El varón puede ser estimulado desde su mundo sicoemocional a través de los llamados estímulos sicógenos —que se originan en la imaginación: los recuerdos, la vista, el oído—, o por causas locales o directas, como la estimulación reflexógena —el tacto, el masaje, el mordisco, el pellizco…—».

Pero advierte que esa estimulación debe ser progresiva: ir poco a poco para disfrutar despacio del juego erótico. «¿Por qué no copiar de las culturas asiáticas, que rinden verdadero culto al placer sin prisas y saben muy bien cómo preparar el cuerpo para el disfrute?», recomienda, y argumenta: «Ir directamente al ataque, dada la sensibilidad de algunos órganos genitales, puede acarrear molestias y rechazo en la mayoría de las parejas». 

Cada quien debe saber cuáles son los estímulos que más le excitan o le frenan, un repertorio variable de persona a persona. La coordinación de los estímulos de carácter sexual implica la participación de varias áreas de nuestro cerebro, ese «capataz de las calenturas y sede de las emociones», como lo describe Arrondo, que ejerce la función de controlar los estímulos, de inhibirlos opotenciarlos con la imaginación.

Para Arrondo, el tacto y el contacto resultan un verdadero lenguaje erótico. Mediante caricias y masajes las personas pueden comunicarse, y ese explorar las zonas más sensibles del compañero de juego redundará en una relación mucho más intensa y disfrutable.

Por eso el experto invita a conocer las principales zonas erógenas propias y de cada pareja, porque cuando se estimulan adecuadamente el cerebro recibe esas sensaciones, esa llamada de atención, y envía instrucciones para que el cuerpo reaccione adecuadamente mediante la excitación.

Mapa sensual

Técnicamente hablando, el órgano masculino más erógeno es el pene: el glande y la zona del frenillo se estimulan con el más ligero roce debido a su densa masa de terminaciones nerviosas. Pero también los testículos, recubiertos por una piel fina (escroto), son muy sensibles a las caricias, y en la zona del ano y la próstata hay también muchos nervios, cuya estimulación intensifica el disfrute del orgasmo.

«En cada persona, como en cada cultura, pueden variar las zonas más apetecidas», reconoce. La zona más extensa y disponible es la piel: toda ella se puede estimular y es como un «gigantesco mapa de comunicación con los sentidos», que ofrece casi dos metros cuadrados para intercambiar.

«Se dice que nuestra vida está en nuestras manos, pero también en las manos de los demás: ¡qué felicidad recibir un relajado masaje sensual o erótico!», escribe el experto, para quien «tan importante es que aprendamos a tocar, como a disfrutar del placer de ser tocados».

Por eso insiste en la virtud de los masajes, y hasta recomienda el uso de aceites esenciales para recorrer zonas sensibles como los muslos, cuello o espalda, porque esos masajes sensuales aumentan y prolongan el bienestar.

Arrondo cita estudios que afirman otras ventajas del tacto cuidadoso: reforzar la confianza durante el juego, aumentar el deseo, reducir la ansiedad, liberar tensiones y bloqueos, relajar los músculos… Y todo eso puede redundar «en hacer el amor de manera más lenta y gratificante».

Tales mimos mejoran la circulación sanguínea, llevan oxígeno a todo el cuerpo y preparan al organismo para una respuesta más agradable, además de ayudar a recuperar el deseo en parejas que han caído en la rutina, y contribuir a solucionar disfunciones sexuales causadas por bloqueos sicológicos.

«En términos antropológicos, el tacto, el contacto físico, es lo primero (el recién nacido) y lo último (el moribundo) que el hombre siente», reflexiona Arrondo, y pregunta: «¿Cuándo nos convenceremos los humanos de que ni un solo recoveco de nuestro cuerpo es ajeno al gozoso estremecimiento y a la irresistible seducción?».

 

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.