Pregunte sin pena

Autor:

Mariela Rodríguez Méndez

J.C: Llevo 23 años de casada. Mi esposo me ama pero yo no a él. Mi vida ha transitado con monotonía. Es él quien busca las relaciones sexuales. Generalmente no las deseo. Creo que nunca me he entregado del todo. Dado su trabajo, él está fuera de la casa períodos prolongados. Dediqué la vida a criar mis hijos y siempre fui fiel. Hace seis meses reencontré a un amigo de la infancia que hacía 25 años no veía y me sentí atraída por él. Creo que nos amamos desde niños; soy muy feliz con él. Nuestra intimidad es fugaz pero divina. Mis entregas son totales. He descubierto muchas cosas que solo con él soy capaz de hacer por lo mucho que me gusta y porque siento que lo amo. Necesito un consejo. Tengo 43 años.

Está disfrutando el amor por primera vez en su vida. Es esta una decisión tomada. Tal vez dude cuál será el próximo paso: continuar así, dejar esta pasión o entregarse a ella renunciando a las seguridades de su matrimonio. Siempre hay consecuencias posibles. ¿Cuál podría usted asumir con menos dolor y mayor convicción? ¿Cuál le sería más llevadera? Estas son cuestiones para comenzar una historia donde en verdad es usted protagonista, aunque posiblemente no la única.

Siempre ha sido responsable de su suerte al dejar pasar los días y ponerse al servicio del deseo ajeno. En esta relación por primera vez no es solo la deseada. Usted también desea y se involucra en la intimidad erótica. Precisamente esta participación activa marca una diferencia.

Nuestra historia se perfila en nuestros actos y se narra con nuestras interpretaciones. ¿Cómo quiere que sea la suya? ¿A qué está dispuesta?

Mariela Rodríguez Méndez, máster en Psicología Clínica, psicoanalista

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