Qué hacer con la oveja negra de la familia

Autor:

Mariela Rodríguez Méndez

M.R.: Soy madre de tres varones. El menor, de 13 años, presenta problemas de conducta. Me tiene desesperada. Por eso pido ayuda psicológica. Ya no sé a dónde recurrir. Tiene tratamiento psiquiátrico (no muy efectivo) por atentar contra su vida en dos ocasiones. Fuma, ingiere bebidas alcohólicas, le gusta el dinero, es mentiroso, problemático, se come las cosas ajenas del refrigerador, su horario de salir a la calle es a las 11.00 p.m.; tiene pésima conducta en la escuela, pero además, sus amistades son hombres mucho mayores que él. Desde los cinco días de nacido vive con mis padres, a los cuales ni respeta, pero no se enfrenta ni a mí ni a su papá. Ya no sé cómo le voy hablar.

Lo primero que le recomiendo es asistir a un psicólogo. En su área de salud podrán orientarle. Él es un adolescente que probablemente se comporta de este modo en busca de una identidad única que aún no encuentra, pero tales actos también pueden ser sus señales de alarma para reclamar un cambio en la interacción familiar hacia él. Requiere, además, otro sistema de autoridad con reglas claras y consecuencias tangibles. Seguramente le habla todos los días, pero no ha logrado un diálogo donde él se implique con ganas de decir, seguro de ser escuchado, aceptado, amado. Es hora de cambiar el estilo de relación con este hijo que deja de ser niño pero aún necesita acompañamiento en el proceso de devenir hombre.

Si los abuelos ya no pueden más es hora de que ustedes asuman el papel de padres con la autoridad, ternura, amor y competencia de la que, estoy segura, son capaces. Más allá de lo difícil que resulte, este ser es carne de su carne, fruto de su savia, y aún busca activamente un lugar en el mundo familiar. Están a tiempo de despejar problemas y rescatar la obra iniciada en ese especial encuentro de un día, hace más de 13 años.

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