Maternidad vs. erotismo

Autor:

Mariela Rodríguez Méndez

T. B.: Tengo una relación de cuatro años y una niña de uno. Después de descubrir el embarazo empezamos a afrontar problemas con la relación en el campo de las relaciones sexuales. Ella, que siempre estaba llena de deseos, empezó a rechazarme y a poner justificaciones a la hora de la intimidad. No me preocupé, pues pensaba que era típico del embarazo. Después de haber parido siguió este problema: tenemos coito una vez al mes y siento que no está complacida. Ni siquiera me besa y en ocasiones cierra los ojos tratando de acudir al sueño. Amo mucho a mi familia y quisiera conservarla. Espero me aconseje para remediar esta situación. Mi esposa tiene 25 años y yo tengo 21.

Al embarazarse y tener un hijo la mujer suele volcar toda su energía y deseo en su maternidad. Sublima en ello todo su erotismo, y el interés sexual hacia su pareja suele disminuir e incluso esfumarse. Son tan fuertes las gratificaciones que siente con su bebé; puede ser tan intensa su sensación de satisfacción, que suele marginar al padre.

No por ello es menos significativa la función paterna de mediar en ese vínculo madre-hijo. Debe empezar a producirse cierta separación e independencia de ambos. La presencia del padre y su participación es vital para facilitar este proceso.

Es imperioso que el papá novel comprenda que la situación de la pareja cambió. Ya no es exactamente como antes, y aun así puede, a través del diálogo, la escucha atenta a la madre y la invención de nuevos lazos seductores, recuperar  un espacio en su nueva familia, como hombre y también como padre.

Mariela Rodríguez Méndez, máster en Psicología Clínica y psicoanalista

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