Árbol torcido jamás endereza, pero...

Autor:

Mariela Rodríguez Méndez

T. R. Viví un amor muy bonito con un hombre mayor que ya había estado en prisión. Al principio mis padres se opusieron, pero fui contra ellos y traté siempre de cuidar la relación a pesar de los comentarios. Un día él me dejó sola para irse a una fiesta y bajo los efectos del alcohol se metió con una muchacha. Terminó de nuevo en prisión, dándoles razones para hablar a muchos. Terminamos y comencé con otro, sin éxito, pues no podía dejar de pensar en él. No logro interesarme en alguien después de tanto tiempo. Él piensa que yo jugué con él y le fui infiel. ¡No sabe cuánto lo amo! Sé que lo normal es que lo olvide, porque árbol torcido jamás endereza, pero no puedo engañarme a mí misma: estoy loca porque me llame algún día.

El amor es en cierto sentido un buen modo de engañarse. Quizá sea pertinente intentar comprender qué te sucede con este hombre, porque te puede indicar lo que buscas al amar. Luego podrás elegir si insistes en él o sigues buscando en otro lo que tanto te cautiva. Puede ayudarte una consulta profesional en esa faena de comprender mejor.

No siempre queremos lo que sería «nuestro bien». El deseo subvierte las normas para hacerse sentir con realidades como la tuya. Nada te impide amarlo o llamarle, pero eso te lleva también a responsabilizarte por la decisión. Él continuará con conductas como la de la fiesta por la satisfacción que le reportan el acto mismo, la prisión o las habladurías. Tú tendrías que aprender a arreglártelas con esos sucesos.

No engañarte implicaría reconocer que él también es ese otro hombre que ni siquiera te ha vuelto a llamar.

Mariela Rodríguez Méndez, máster en Psicología Clínica

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