Pregunte sin pena

Autor:

Mariela Rodríguez Méndez

M. F.: Hace dos años terminé una relación a través de una conversación telefónica, por discusiones y celos excesivos durante un largo viaje. Pocos meses después comencé a tener sueños eróticos recurrentes con él. Inicié una nueva relación y los sueños siguieron. Al regresar, lo he llamado para volver a su lado, aun sabiendo que hemos seguido caminos diferentes. Sé que me corresponde, pero sus prejuicios no lo dejan aceptar una relación nuevamente conmigo. Tengo 28 años y quisiera me ayudaran a entender qué me ha estado ocurriendo, cómo hacer que él olvide sus prejuicios y me acepte de nuevo.

Las discusiones y celos excesivos indican la dificultad de ambos para afrontar aquello que no se resolvía con ese erotismo intenso. Tal vez lo que llamas prejuicios se relaciona con esas historias frustrantes que no se olvidan. Estas podrían adquirir otras significaciones si se habla de ellas y se crean formas de superar o limar las asperezas que evocan cuando reaparecen.

Los sueños expresan deseos inconscientes, tal como mostró Freud hace más de un siglo. El deseo guarda relación con aquello que ha marcado el cuerpo cuya repetición se anhela. Las fantasías oníricas viabilizan su realización, aunque para ello sea preciso armar el escenario más inverosímil.

El amor de pareja tiene entre sus componentes el erotismo, siempre al servicio de lo más íntimo del sujeto. Pero este lazo despierta deseos más allá del acto amoroso, cuya satisfacción exige de muchas otras invenciones que muestren compromiso e implicación.

Ya sabes lo que te conmueve. Se trata de luchar por alcanzarlo y protegerlo de los seguros embates que lo condenarían a existir solo en sueños.

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