El amor de mi vida enfermó

Autor:

Mariela Rodríguez Méndez

A. A.: Estoy casado con el amor de mi vida. Además de pasión, he encontrado en ella la confianza, comprensión, afinidad de carácter, y muchos otros ingredientes del amor. El problema es que hace más de un año padece una penosa enfermedad, que según los médicos es curable. Hemos estado mucho tiempo hospitalizados. Ha bajado mucho de peso, ha descuidado su imagen y su autoestima se ha deteriorado. A pesar de que la animo, se siente mal y ve que su padecimiento no acaba. Al mejorar un poco, tratamos de tener relaciones íntimas y descubrí que he perdido parte de la pasión que sentía, o ella parte de la sensualidad. Estoy dispuesto a estar a su lado hasta el fin de mis días. ¿Qué hago? Decidí escribirle esta carta porque no quiero comentarle nada a ella y dañarla.

No hay que dar por definitiva esta situación con la mujer que amas, cuya salud aún está dañada. El reinicio de la intimidad es un paso de avance que requiere de esos ingredientes del amor y la parte de la pasión que queda. La enfermedad ha representado un corte en la relación amorosa, que obligó a postergar todo lo erótico.

El retorno de sus deseos será un buen indicador de su recuperación. Cuando las personas vuelven a sentirse sanas, reaparecen ganas de crear, amar y disfrutar de la vida. Ahora se requiere un tiempo para su recuperación y en consecuencia el retorno de su posición de mujer deseante y sensual. Ella ha mejorado, pero aún está padeciendo, sin deseos de cuidar más que su precaria salud. Su vida podrá retornar tanto como su relación, pero tendrán que armarla poco a poco.

Mientras, haces bien en pedir ayuda cada vez que necesites y hablar de tus vivencias con un profesional para enfrentar tan difícil prueba de amor.

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