Pregunte sin pena

Autor:

Mariela Rodríguez Méndez

L.S.: Hoy me he dado cuenta de algo que me dolió. Me miré en el espejo de la película Diario de una ninfómana. El personaje soy yo y mi vida me la ha robado un director de cine. El mismo conflicto. Temo que mi existencia sea eternamente así. Las etiquetas no me importan. Asumo que eso no es vida; solo puedo obtener enfermedades venéreas. Quiero tener amor, romances y que todos los días me regalen rosas. Me aterroriza ir a un sicólogo. ¿Qué podría hacer para controlar mis ganas? Tengo 19 años.

El amor, a pesar de ser mortificante, permite darle lugar al deseo y con él al placer. Pero amar implica poner límite a la búsqueda incesante de una satisfacción que cuando parece llegar se esfuma; recurrente ilusión y vacío subsiguiente.

Acabas de ver algo que te dolió y es el momento de preguntarse por el significado de esas ganas, más que querer controlarlas a toda costa, lo cual podría ser infructuoso.

En los manuales de clasificación se prefiere llamar hipersexualidad a la ninfomanía o furor uterino, o satiriasis cuando ocurre en los hombres. Esta exacerbación por lo sexual puede tener más de una razón sicológica. Por eso es importante acudir a la consulta especializada, aunque resulte difícil hablar de estas problemáticas.

Paradójicamente, el encuentro del placer deseado implica otro modo de arreglárselas con lo que siempre falta, con lo limitado de la experiencia humana y con las marcas que ha dejado nuestra historia.

Te exhortamos a iniciar esta otra búsqueda de control poniendo en la escena tu palabra que pueda llevarte a comprender estas «ganas» y «pérdidas» hasta encontrar otra manera de buscar ese amor.

Mariela Rodríguez Méndez, máster en Sicología clínica

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.