Pregunte sin pena

A pesar de la distancia entre lo fantaseado y lo posible, es preciso crear maneras de arreglárselas para preservar el vínculo

Autor:

Mariela Rodríguez Méndez

A.P.: Llevo casado cinco años. El último, he sentido mis orgasmos más intensos y eso me hace querer tener sexo más frecuente con mi esposa. Ella no quiere tener relaciones todos los días. A veces pienso que estoy creando una adicción porque deseo bastante sentir ese placer intenso una y otra vez. ¿Qué me recomendaría? Tengo 30 años.

El problema no parece radicar en la frecuencia de su deseo, ni en el de su esposa. Ambas son plausibles. El inconveniente es que no siempre coinciden y usted está llamado a postergar su satisfacción o alcanzarla de un modo diferente al fantaseado. A veces resulta efectivo volcar toda esa energía en otra actividad creativa. Ese deseo puede tomar muchos caminos diferentes y placenteros, hasta poder realizarse con esa esposa que tanta satisfacción evoca.

No es esta la única diferencia que puede enfrentar una pareja. A pesar de la distancia entre lo fantaseado y lo posible, es preciso crear maneras de arreglárselas para preservar el vínculo.

Por otra parte, pudiera analizar si han acontecido otros eventos, que hayan podido dejar en este primerísimo plano tal impulso sexual. Tal vez, haya aspectos de la vida que estén funcionando de forma diferente, sobre los cuales no quiera pensar. En ocasiones, esas ideas tan insistentes pueden taponar otros asuntos más significativos. Llama la atención que solo en este último año haya descubierto este placer que quiere experimentar constantemente y que lo lleva a preocuparse.

No hay suficientes elementos para suponer que haya una adicción al sexo, pero asista a un sicólogo si persiste la misma preocupación.

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