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¡Tremenda Tarea!

Una proyección estratégica del Estado cubano, que apuesta por la vida de todos, nos pone ahora frente al desafío de readecuar muchos de nuestros hábitos para que el cambio climático afecte lo menos posible

Autor:

Liudmila Peña Herrera

HOLGUÍN.— Es un verano tórrido. Para quien observa desde las azoteas o los balcones, le parecen incontables los tapasoles, sombrillas, gorras, pamelas, abanicos, pencas…

En las paradas, en la calle, en las colas y hasta frente a los ventiladores en las habitaciones de las casas, la gente habla del cambio climático y de lo seguro que será derretirnos por tanto calor. Mas los especialistas dicen que no, que necesariamente estas altas temperaturas no tienen que ver con ese fenómeno.

En particular, Rolber Reyes Pupo, jefe de la Unidad de Medio Ambiente de la Delegación Territorial del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma) en Holguín, asegura que «las personas piensan que este año ha sido caliente debido al cambio climático, pero eso no sucede de hoy para mañana; el concepto real se basa en un cambio significativo en las medidas del clima, durante un período prolongado de tiempo. Además, incluye importantes transformaciones en la temperatura, la precipitación o los patrones de viento, que se producen —y esto es muy importante recalcarlo— durante varias décadas o más».

Sin embargo, las evidencias de este fenómeno en la Isla son palpables. Desde mediados del siglo XX, la temperatura superficial del aire en Cuba se ha incrementado en un 0,9ºC. Asimismo, los eventos de sequía han sido mucho más frecuentes en los últimos años, afectando, fundamentalmente, a la mitad oriental del país, desde principios de los años 1990. Entre ellos, destaca el complejo período de mayo de 2003 a mayo de 2005.

Igualmente, se ha producido un incremento del nivel del mar de 2,14 mm/año, un aumento de las enfermedades a través de diversos vectores, además de cambios ecológicos que han modificado diferentes patrones de reproducción de varias especies de insectos, responsables de la transmisión de enfermedades que hoy afectan a la población cubana.

Estas alteraciones han tenido un impacto negativo en nuestro entorno. Entre las más preocupantes, los especialistas destacan las siguientes: incremento paulatino de tornados, cambios en los patrones de rendimiento de diversos cultivos, disminución de los manglares y la identificación de enfermedades humanas relacionadas con el clima.

El territorio holguinero no escapa a esta realidad. Con seis municipios que poseen zonas costeras, la provincia se encuentra ante el reto de frenar la erosión y la afectación en las dunas y la vegetación costera de las playas arenosas, ejemplo de lo cual son las del norte de Cayo Saetía y Corinthia, con 8 300 metros de costa.

Además, los expertos aprecian un aumento de la vulnerabilidad costera por la elevación del nivel del mar, debido a lo cual es necesario tener en cuenta los estudios de Peligro, Vulnerabilidad y Riesgo, para evitar pérdidas humanas y afectaciones económicas en caso de eventos meteorológicos extremos.

Otro de los ejemplos que muestran la incidencia del cambio climático en esta zona oriental es el aumento de la frecuencia de los huracanes. Así lo asevera Reyes Pupo, quien explica que la tendencia de Holguín a ser afectado por un huracán es aproximadamente de uno cada ocho años, y lo que ha sucedido es que en ocho años han ocurrido tres: Ike (2008), Sandy, (2012) y Mathew (2016).

El especialista apunta que otro de los ejemplos concretos con los que se cuenta en el territorio son los eventos de fuertes lluvias. «En algunos lugares, como Pinares de Mayarí y Moa, llovía constantemente. Hoy la lluvia ha ido cambiando su patrón: ahora llueve torrencialmente un día, deja de llover un tiempo, y luego vuelven las lluvias. O sea, han cambiado las formas en que ocurren las precipitaciones», explica Reyes Pupo.

Teniendo en cuenta esta situación, como parte de la Tarea Vida, en Holguín se trabaja en un programa de enfrentamiento al cambio climático y un plan de acciones encaminado a reorganizar la vida humana, los cuales cuentan con cuatro etapas fundamentales: corto (2020), mediano (2030), largo (2050) y muy largo plazo (2100).

Sus prioridades se basan en los siguientes objetivos: preservar la vida de las personas (población amenazada), la seguridad física y alimentaria y el desarrollo del turismo.

Entre las acciones priorizadas a corto plazo destacan la recuperación integral de las playas arenosas de uso turístico, para lo cual es preciso preparar el vertimiento de arena en zonas de Guardalavaca, Estero Ciego, Yuraguanal, Don Lino, Pesquero y las de Ramón de Antillas; evaluar la recuperación de las bahías de Nipe y Banes; y rescatar integralmente las playas del norte de Cayo Saetía, Corinthia, Mejías y Cayo Moa Grande.

No obstante, todos los organismos de la provincia están convocados a evaluar su incidencia y establecer sus planes, en función de su responsabilidad, para rescatar las playas, aumentar las áreas de mangle, readecuar las zonas de cultivo o los productos que más se adecuen a los lugares afectados por la intrusión salina (otro de los efectos del cambio climático) y actuar rápidamente en la protección de los habitantes de zonas aledañas a las costas en casos de fenómenos climáticos peligrosos.

La Tarea Vida nos pone a todos de frente al reto que implica enfrentar el cambio climático y readecuar nuestros hábitos para que este nos afecte lo menos posible. La planificación y el trabajo unido e inteligente han sido características del hombre desde los tiempos remotos y no será en la actualidad que nuestra vida prescinda de ellas.

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