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Radio cubana, horcón de nuestra cultura

Este 22 de agosto Cuba celebra el centenario de un medio de comunicación que se erige como memoria viva individual y colectiva, en constante apuesta por ser más competitiva, inclusiva, emancipadora, democrática y fiel a sus audiencias

 

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

Jailer Cañizares de la Paz recuerda con exactitud la primera vez que tomó en sus manos la vieja grabadora de la familia paterna. Jugó todo cuanto quiso de espaldas a los adultos. Un rato después, el batey Tuinucú —con eterno olor a maleza y ferrocarril— supo sobre la travesura del pequeño.

Luego de grabar y montar varias voces, apagó el radio que se mantenía encendido durante todo el día y puso a todo volumen su propio programa. Durante unos minutos, los oídos adultos quedaron encantados. Mas su mirada y sonrisa pícara delataron la génesis de una de sus mayores pasiones.

«La radio devuelve las escenas de la vida a través del sonido», confiesa ahora con 25 años como profesional en Radio Sancti Spíritus este joven tan fascinado por la magia que circula a través del éter como aquella jornada en casa de abuelos y tíos.

Precisamente, la misma curiosidad por crear lo llevó con apenas 14 años a los pasillos de lo que se conoce como el Palacio de la Radio en Cuba. Aprendió de los más experimentados, quienes le nombraron «el niño de la radio» y, un tiempo después con un permiso especial para trabajar, se hizo adulto entre cintas y micrófonos.

Hoy es musicalizador, realizador de sonidos y actor de primer nivel. Más allá de esos avales y sus múltiples premios, entre los que sobresale Mejor realizador de sonidos en la última edición del Festival Nacional de la Radio Cubana, su talento, olfato y entrega son garantías para que las obras con su crédito levanten los oídos más exigentes.

«Este medio es un templo. Estamos en tiempos en que no existen emisoras locales, sino internacionales. Por eso, entre los tantos retos resulta significativo enseñar a la juventud, la continuidad de nuestra centenaria y gran radio de Cuba, que hacer un programa significa algo maravilloso y exige de mucho respeto».

Cuando Jailer Cañizares habla no disimula su compromiso con la creación artística. Está consciente de la responsabilidad que asume en cada producción dramatizada o informativa. Sabe que sobre sus hombros como en los de otros muchos hombres y mujeres recaen horas y horas del pasado, presente y futuro de un fragmento de la cultura cubana.

«En el actual contexto, de convergencia mediática y de proliferación de incontables facilidades de comunicación vía internet, la Radio cubana debe encarar con audacia el desafío inmenso de la continuidad», puntualiza Onelio Castillo Corderí, vicepresidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión, (ICRT).

«Aun cuando el empeño demanda crecimientos cuantitativos como horas de transmisión y apertura de otras emisoras municipales, el juego se decide venas adentro de nuestros medios, con una propuesta cualitativa de mayor calado en función de construir una práctica comunicativa más dialógica y participativa», agrega.

¡Al aire!

«Apostar por la radio significa apostar por un medio con una historia, muchísima tradición y que cuenta con un elemento imprescindible, además de todas las cuestiones técnicas y todo lo que te pueda dar la academia y la práctica: la pasión. De ahí que cuando uno entra le cuesta tanto trabajo despegarse», alega Yusley Izquierdo Sierra, con 14 años de trabajo en Radio Guamá, Pinar del Río.

Resulta esa particularidad un punto de convergencia entre quienes laboran en el sistema de la Radio cubana, heredero del legado del veterano del Ejército Libertador y músico Luis Casas Romero, a quien se le reconoce como el protagonista de la primera transmisión, de manera experimental, el 22 de agosto de 1922, por la Estación 2LC, en La Habana.

Sin embargo, ya múltiples documentos, incluso sonoros, identifican como la primera transmisión radial de onda corta con carácter experimental hecha en Cuba en la lejana fecha de 1912, desde el poblado taguasquense de Tuinucú por el norteamericano aplatanado allí Frank Howard Jones.

Contrapunteos históricos a un lado, la radio, desde sus primeros años, supo construirse como patrimonio nacional. Se ha convertido en la más fiel compañera de varias generaciones, sobre todo en los momentos más complejos, donde desde escenarios de crisis como la propia lucha en la Sierra Maestra, bajo los embates de los más fuertes huracanes o cuando la COVID-19 intentaba asfixiar a toda la nación, no ha dejado en silencio sus frecuencias.

Foto: Alien Fernández Martínez

«Ha tenido que asaltar horizontes tan retadores, transgresores y revolucionarios como aquellos que debieron conquistar sus padres fundadores. Una radio que, como afirmara el catedrático español Armand Balsebre, es camaleónica y se adapta mejor que nadie a todos los entornos sociales, culturales y geográficos», señala Castillo Corderí, un estudioso y realizador del medio.

Por ello no sorprenden los resultados de investigaciones internacionales que concluyen que la radio se consolida como el medio que más confianza genera a sus usuarios. «Hay que anclarse a ese contexto», refiere, sin titubeos, la Doctora en Ciencias de la Comunicación Ana Teresa Badía Valdés, otra enamorada del éter.

Un medio de comunicación que en su centenario no se pone de espaldas al mundo. Buscar la renovación constante, sin perder sus esencias como vía imprescindible para sonorizar el diarismo de esta nación.

«Con la humildad y la lucidez de sus cien años, quién rebate que vibra en el alma de nuestra gente y es también horcón de su cultura. Se levanta como memoria viva individual y colectiva, una práctica social significante. A pesar de severas restricciones materiales, tecnológicas y financieras, en la familia de la Radio Cubana se curte cotidianamente el deber que apunta a una propuesta comunicativa cada vez más competitiva, inclusiva, cercana, emancipadora, democrática, fiel a la patria y su pueblo», sintetiza Onelio.

Yuxtaposición con el presente

«Si la radio cubana celebra hoy su centenario es justamente porque en cada una de sus épocas ha contado con el vigor y el hacer de la juventud», dice Elsa Ramos Ramírez, quien llegó a Radio Sancti Spíritus hace tres décadas desde la Universidad de Oriente y, desde su redacción informativa se ha convertido en una de las firmas más reconocidas a nivel de país, avalada, en cuatro ocasiones, con el Premio Nacional de Periodismo por la obra del año, Juan Gualberto Gómez.

De la entrega del espíritu bisoño puede dar una disertación la holguinera Arletis Saragoza Expósito, integrante del colectivo de la emisora municipal de Urbano Noris, Radio SG, La voz del azúcar, a donde llegó recién graduada y con no pocas protestas por soñar con un «medio mayor».

«En septiembre cumpliré 14 años y aquí estoy. La radio, sobre todo la que se hace en municipios, te da muchas ventajas y eso pareciera un disparate, pero es real, porque estás más cerca de los públicos, sientes y padeces los mismos problemas de tu comunidad. Desde aquí he podido materializar casi todos mis proyectos. Pero lamentablemente no es la experiencia de la gran mayoría de los jóvenes».

Tanto Elsa Ramos como Ana Teresa Badía reconocen como una urgencia en el medio el apropiarse de las ideas y competencias de los jóvenes para conquistar las nuevas audiencias, en su mayoría, a la distancia de un clic, ya sea en el escenario digital como en los dispositivos móviles.

«Creo que cuando los colectivos logran articular los saberes y experiencias de quienes hacen radio de hace algún tiempo con quienes llegan con nuevos conocimientos, prácticas y, sobre todo con nuevos discursos más parecidos a estos tiempos, podemos hablar de que existe una garantía para que nuestra radio cubana se escuche joven», añade la espirituana.

Los eventos de jóvenes radialistas devienen oportunidad de pensamiento. Foto:Tomada del perfil de Facebook del evento pinareño

Sin embargo, en no pocas ocasiones las propias rutinas del medio contagian a los más noveles y coartan sus espíritus. «Pero, muchas estaciones cubanas la impronta de los pinos nuevos colorea los sonidos de la radio, desata nudos y acompaña a consagrados que nunca han renunciado a soñar. Ante la quietud de seguir haciendo lo mismo, creo impostergable afrontar riesgos y experimentar, introducir propuestas innovadoras que puedan descollar y posicionarse como espectáculo radiofónico de un alcance  notable», opina Castillo Corderí, quien no olvida sus inicios en una emisora municipal en Camagüey.

«Hay que continuar perfeccionándose, priorizando la comunicación interna y con los públicos externos, y luego trabajar en temas de imagen, de posicionamiento, en temas de marca, entre otros. «Se hace necesario contar cada vez más con directivos capaces. La falta de liderazgo en algunos de nuestros espacios no nos puede seguir ganando la pelea. Se precisa borrar las divisiones entre departamentos, como feudos, de los cuales se hablaba desde que entré a la radio en 1995 y continúan hoy esas desigualdades y preferencias, y los beneficios a unos y a otros no. Todo esto debe quedar atrás si queremos caminar hacia un futuro mejor para la Radio cubana», dice Badía Valdés, quien desde hace 20 años amanece en Radio Rebelde e imparte saberes en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

A su juicio, son algunas realidades que laceran la construcción de los discursos sonoros, el cual nunca debe dejar de ser asumido «como un hecho tecnológico, cultural, simbólico y social, siempre en respuesta a las necesidades comunicativas e informativas de la sociedad».

Ediciones de vida

«Es fatal hacer una radio que solo sea una vitrina», enfatiza Saragoza Expósito, quien además de periodista incursiona como locutora, guionista y directora de programas.

Los estudios de audiencias —ausentes en la gran mayoría de las emisoras del país— permiten no tantear en la construcción de la agenda mediática, en la que  aún resulta una deuda dialogar con los verdaderos intereses de los públicos.

«La participación ciudadana en la gestión de los contenidos radiofónicos es muy importante. Las audiencias tienen que contar con espacios en la radio. No se trata de que nuestros medios sean los encargados de resolver los problemas, pero sí de canalizarlos, denunciarlos. De esa forma, se logra una mejor concepción de cómo los ciudadanos están presentes en nuestras programaciones», opina Badía Valdés.

Para ello resulta medular, de acuerdo con la holguinera Arletis Saragoza, la exigencia a los colectivos de programas de realizar profundas investigaciones, así como apropiarse de los saberes científicos y  las mejores prácticas.

«Los programas no se pueden materializar sin conocer las vivencias y los desafíos de los públicos a los que van dirigidos. Por ejemplo, en los juveniles contamos con pesquisas del Centro de Estudios Sobre la Juventud, y es vital vincularlos con las estaciones, junto a sus familias para que tengan sentido de pertenencia hacia el medio».

Una experiencia que ha generado en diferentes etapas muy buenos frutos en la creación de programas, donde las voces bisoñas han debatido sobre temáticas de interés para esos grupos etarios, está relacionada con la existencia de un círculo de interés con niños, adolescentes y jóvenes seguidores de la radio en Cabaiguán, municipio de Sancti Spíritus.

Ganar audiencias adolescentes y juveniles es un reto constante en el sistema de emisoras del país. Foto: Tomada del perfil de Facebook de Yaikel Arias

«Hemos querido, en principio, potenciar el sistema de corresponsales y después ofrecerles todas las herramientas para que puedan ellos mismos incorporarle sus saberes a la programación. Ahí está, quizá, el relevo de nuestra Radio cubana», afirma Yaikel Arias, máximo líder de esa idea y quien descubrió el medio al ser corresponsal de la Federación Estudiantil de la Enseñanza Media, desde el preuniversitario.

Justamente, en las agendas de los eventos que ponen a reflexionar a la juventud radialista sobre sus quehaceres y de los que han sobrevivido: el Taller y Concurso de la Radio Joven Antonio Lloga In Memoriam, en Santiago de Cuba; el Festival Nacional de la Radio Universitaria, en Holguín y el Encuentro de Jóvenes Radialistas La Vuelta Abajo, en Pinar del Río, siempre sobresale el cómo seducir precisamente a esas audiencias bisoñas en constante interacción
con otras fuentes de generación de contenidos.

Según Onelio Castillo, dichos espacios, de los cuales ha sido partícipe en reiteradas ocasiones, devienen epicentros de pensamiento. «En estos foros se exploran nuevos cauces de la realización. Se sientan pautas en ese campo tan híbrido de los géneros y los formatos, así como se enaltece el ejemplo de maestros y maestras del medio».

«No estamos en tiempos de pedir una canción y responder una pregunta —reconoce Yusley Izquierdo Sierra, máximo gestor de La Vuelta Abajo—. Hoy ese heterogéneo grupo confluye en sitios físicos y virtuales, donde debaten y reflexionan, por lo que la radio tiene que ir hasta ellos. Además, hay que conocer sus hábitos de vida, de consumo».

Por esa cuerda de pensamiento transita la tesis de Maestría en Ciencias de la Comunicación Mediaciones tecnológicas e individuales en la recepción de un programa radial intencionado para jóvenes, de Jairo A. Pacheco. De acuerdo con esta investigación, tras la realización de un programa radial intencionado se comprobó que para esas audiencias «el producto radiofónico puede y debe integrar elementos del lenguaje digital, respetando sus códigos e incorporando narrativas multimediales que se acerquen al receptor moderno».

Un desafío que Elsa Ramos asegura y considera que ha de ser el objetivo del sistema de emisoras del país: «La radio es la conquista constante con sus oyentes. Todos los minutos cuentan».

De formatos y formas

Testigo de la preparación de varias generaciones de comunicadores, la académica Ana Teresa Badía insiste en que, en el nuevo ecosistema comunicativo, en el cual incluye el sonoro, conviven viejas y nuevas prácticas. Pero, considera que estas exigen la asunción de herramientas para trabajar, desde una mirada más compleja, el entramado mediático o cultural.

«Hay que seguir aplicando la digitalización, el uso de los podcast, que es el formato preferido por las audiencias en la era de internet y las prácticas transmedia. En el afán por renovar los discursos radiofónicos se precisa hacerlo con un mejor uso de sus recursos constitutivos como la música y los efectos. Hemos perdido también mucho la capacidad de hacer realizaciones artísticas, y debemos seguir apelando a la emotividad, que no es lo mismo que manipular emociones».

Desde hace unos años en Radio Sancti Spíritus se transmite de lunes a viernes, el programa La otra esquina, un proyecto que diariamente nace en las redes sociales y otras plataformas de contenidos para luego tocar las
audiencias que prefieren la radio tradicional. Dicha experiencia sirvió de base para la Tesis de Maestría en Ciencias de la Comunicación La otra esquina: una propuesta de narrativa transmedia, de Carlo Figueroa.

«Se confirma la pertinencia de la convergencia mediática, la inteligencia colectiva y la cultura participativa para lograr que dichos principios sean parte y no excepción de la radio de hoy», resulta una de las conclusiones del estudio. 

Esta idea la suscribe Badía Valdés, radialista que no deja de la mano la práctica y la academia: «Hay que seguir explorando nuevos soportes y formatos, diseñar herramientas cada vez más abarcadoras y complejas para la producción sonora radiofónica. Eso implica una constante actualización de una base conceptual de experimentación, de producción teórico, práctica, con anclaje en dinámicas varias para el trabajo de los temas».

A todo ello, Castillo Corderí añade que el actual contexto digital ha provocado que la radio cubana actual haya roto con paradigmas y cánones propios del medio. «Las audiencias generan y socializan contenidos, y tienen el poder de determinar qué escuchan, y cuándo y dónde lo hacen. Ante esa realidad y sus exigencias comunicacionales, no siempre la visión de nuestras emisoras es consecuente.

«Persisten en varios diseños de programación tendencias que impiden la asimilación de proyectos renovadores, todavía se advierten zonas de la creación apegadas en patrones del pasado, sobre todo en las propuestas dirigidas a la niñez, la adolescencia y los propios jóvenes.

«No podemos ser rehenes indefensos de la habitualidad, sin dudas un concepto clave, pero no estático en el tiempo. Esa habitualidad también se construye, se gestiona si se dinamizan las programaciones y sorprendemos a las audiencias».

Inmensas provocaciones que buscan erigir en nuestra radio cubana muchos más orgullos que los que disfrutamos en estos, sus cien primeros años, a fin de que su eslogan «Sonido para ver» roce con el anhelo de la periodista Ana Teresa Badía: «Que esté anclada cada vez más a la responsabilidad social, a la ética, a la calidad de información y siempre a la verdad».

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