«Criónica» de una muerte anunciada - Ciencia y Técnica

«Criónica» de una muerte anunciada

¿Será posible revivir a alguien después de ser declarado fallecido? A ello aspira la criónica, una técnica que consiste en inyectarle al cuerpo una combinación de sustancias químicas anticongelantes y luego preservarlo en nitrógeno líquido a una temperatura de –196 grados centígrados

Autor:

Patricia Cáceres

Nadie niega que el deseo de no morir es inherente a la naturaleza humana. Toda civilización, de una forma u otra, lo ha expresado en su filosofía, su cultura, su religión… Y, aunque en el mundo de la ciencia la mayoría permanece escéptica ante la posibilidad de regresar a la vida luego de dar el último adiós, algunos prefieren no descartar la opción, solo «por si acaso».

Al menos así piensan tres académicos de la prestigiosa Universidad de Oxford, en Inglaterra, quienes pagarán próximamente para ser congelados al morir. ¿Su objetivo?: regresar a la vida en el futuro, cuando exista la tecnología que lo permita.

Según el periódico británico The Sunday Times, se trata de los profesores e investigadores Nick Bostrom, Anders Sandberg y Stuart Armstrong, del Instituto del Futuro de la Humanidad de la Oxford Martin School, de la mencionada universidad.

Los dos primeros (neuropacientes) aspiran a que sus cabezas sean congeladas cuando sean declarados muertos, y que en el futuro sus cerebros se trasplanten a nuevos cuerpos. El tercero de ellos pagará para que su organismo completo sea sometido al mismo procedimiento.

Ello será posible —aseguran— gracias a la criónica, una técnica que consiste en inyectarle al cuerpo humano una combinación de sustancias químicas anticongelantes y luego preservarlo en nitrógeno líquido a una temperatura de –196 grados centígrados.

Según The Sunday Times, los académicos pagarán alrededor de 80 000 dólares cada uno a la Fundación de Extensión de la Vida Alcor, compañía estadounidense fundada en 1972, que es líder mundial en investigación y tecnología criónica.

«Mi esperanza es que quizá en cien o 200 años la sociedad habrá desarrollado las tecnologías para revivirme y curarme de lo que me haya causado la muerte», expresó Sandberg. «Me despertaré en un mundo completamente nuevo y eso me parece muy emocionante», añadió.

«Si vemos lo que ha pasado en los últimos cien años y cuántas características del mundo de hoy pudieron haber sido anticipadas por una persona en 1913, te das cuenta de que entre más incierto sientas el futuro, más sentido tiene tener tus opciones vivas, por ejemplo, intentar preservar tanta información en el cerebro como sea posible y no desecharla», afirmó por su parte el profesor Bostrom, quien se ha especializado en física, neurociencia computacional y lógica matemática.

«Es un intento de preservar y proteger el regalo de la vida humana. El propósito de la criónica es mantener la vida, no revertir la muerte», acotó.

En abril de este año, la compañía Alcor anunció que ya cuenta con 117 crionizados, total o parcialmente. Estos se sumergen en un dispositivo conocido como bigfoot Dewar, diseñado para albergar cuatro cuerpos completos de pacientes y seis neuropacientes. El Dewar es un recipiente aislado que no consume energía eléctrica, al que periódicamente se le añade nitrógeno líquido para reemplazar la pequeña cantidad que se evapora.

¿Ciencia o fantasía?

La criónica tuvo su génesis en Estados Unidos en 1967, cuando el doctor James Bedford se convirtió en la primera persona en ser preservada tras su muerte. Los primeros servicios comerciales de este procedimiento no comenzaron hasta la década de los 70.

Durante años circuló la leyenda urbana de que el productor, director, guionista y animador estadounidense Walt Disney, pocos minutos antes de morir, había sido criogenizado. Supuestamente su cuerpo había sido introducido, cuando aún estaba vivo, en una cámara y congelado a bajas temperaturas. Cuando la ciencia avanzara lo suficiente, se le curaría el cáncer de pulmón que lo aquejaba y se resucitaría.

No obstante, con el paso del tiempo se confirmó que la historia era falsa y que el magnate del entretenimiento fue cremado y enterrado en California. Hasta la fecha, el paciente criopreservado más famoso es Ted Williams, un jugador de béisbol estadounidense.

Durante décadas, el debate sobre la criónica se ha intensificado. Muchos científicos la ven con buenos ojos mientras que otros insisten en que es una práctica errónea.

Danila Medvédev, presidenta de la compañía rusa Krio Rus, que también presta sus «servicios» en este campo, cree que la filosofía de la criónica es muy simple. Cualquier cosa es mejor que morirse del todo y convertirse en cenizas.

Medvédev considera que la muerte no se produce cuando el corazón deja de latir, sino cuando el cerebro ya no funciona. Y como este es como un disco duro y lleva toda la memoria, la identidad y la personalidad, es su estructura lo que hay que preservar.

Al decir del anatomista alemán Klaus Sames, si el cuerpo se expusiera a muy bajas temperaturas como las del nitrógeno, el metabolismo ya no sería mensurable y los tejidos vitales permanecerían durante mucho tiempo prácticamente inalterados. En una palabra: el reloj biológico se detendría.

«Métodos de congelación de cultivos de células vivas han demostrado que pueden resistir con vida disminuciones de temperatura hasta los –196 grados centígrados bajo cero. Otros experimentos corroboran también la supervivencia de seres pluricelulares sencillos tras haberlos congelado a  igual temperatura. Incluso miles de personas vivas hoy en día provienen de embriones congelados», señaló el investigador.

«Pero, desgraciadamente —subrayó— aún no es posible saber a ciencia cierta cuán perjudicial es en la práctica este proceso para el cuerpo humano.

«La dificultad es achacable sobre todo al tamaño del cuerpo, ya que tanto el calentamiento como la congelación solo pueden alcanzar las entrañas a un ritmo muy lento. Además, el cuerpo humano está compuesto de tejidos muy distintos, todos ellos de muy variado grosor y conducción de calor. Y en conclusión, hay diversas células corporales en esos tejidos con muy distinto grado de sensibilidad a cambios de temperatura», enfatizó el doctor Sames.

A juicio del experto, para la reanimación de personas fallecidas y conservadas criónicamente existe, además, un obstáculo todavía mayor. «En estados altamente tecnológicos se considera que una persona ha muerto solo cuando su cuerpo está tan dañado que la Medicina no es ya capaz de repararlo. Tras el recalentamiento del cuerpo, los daños continuarían su curso, en el caso de no haber aprendido a priori a bloquearlos», concluyó.

Otro detractor de la criónica es el profesor de la Universidad de York, en Inglaterra, David Pegg, quien la ha catalogado como «pura fantasía».

«El problema de la criónica es que toma a alguien que está muerto y lo congela de una manera que destruye las células del cuerpo. En el tejido mamífero, el hielo causa un gran daño a las complejas estructuras celulares que forman los órganos internos.

«No solo tienen que encontrar la manera de revivirlas, también tienen que reparar el inmenso daño que la muerte causó o las lesiones generadas antes de producirse la muerte», declaró a la BBC.

Según el profesor Pegg, la criónica es la última versión de recurrentes manifestaciones culturales a lo largo de la historia, como la momificación en la civilización egipcia, que pensaba en la vida después de la muerte.

«Lo problemático de la manifestación actual es que es presentada como una actividad científica cuando realmente no lo es», consideró el experto.

Congelación ovárica

Aunque todavía no podamos revivir cuerpos inertes o resucitar cerebros en cuerpos ajenos, conservar la fertilidad de una mujer mediante la congelación ovárica sí parece ser todo un hecho.

El procedimiento se conoce como criopreservación y consiste en extraer a una mujer una porción de su tejido ovárico, congelarla a muy bajas temperaturas y años más tarde implantárselo nuevamente para lograr un embarazo.

Esta prometedora técnica comenzó a utilizarse hace ocho años para conservar la fertilidad de mujeres jóvenes que iban a ser sometidas a tratamientos de cáncer, como la quimioterapia o radioterapia, que destruyen el tejido sano de la mujer y sus posibilidades de concebir un hijo.

Inicialmente, los científicos estimaron que el tiempo entre la congelación y el embarazo sería de algunos meses, o a lo sumo uno o dos años; tiempo suficiente para la recuperación de la paciente. Pero otros especialistas, como el doctor Jacques Donnez, de la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, han logrado prolongar el intervalo hasta diez años.

Hasta la fecha, se estima que han nacido 22 bebés en el mundo con esta práctica, todos sanos y todos de forma natural, sin necesidad de tratamiento de reproducción asistida.

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