El hombre de hielo

Más de 5 000 años en el hielo hicieron de este hombre de la Edad de Cobre la momia europea mejor conservada. Investigaciones recientes esclarecen las causas de su muerte y si tiene o no parientes modernos

Autor:

Patricia Cáceres

La tormenta alpina se hacía más intensa. La nieve sellaba el horizonte, mientras la temperatura no cesaba en su caída.

Sangraba. Una flecha incrustada en uno de sus pulmones y una contusión craneal severa no le dejaban avanzar mucho más. Estaba agotado. Y no tardó en desplomarse en aquel risco nevado de los Alpes italianos. Allí pasó los últimos 5 300 años.

Así murió Ötzi, un homínido de la Edad de Cobre al que la ciencia bautizó como «el hombre de hielo», por haberse conservado más de cinco milenios en la nieve compacta.

Su cuerpo fue hallado en 1991 por una pareja de turistas alemanes que, en un principio, debido a la buena conservación del cuerpo, pensaron que se trataba de una muerte reciente.

El nombre de Ötzi proviene de Ötztal, o valle de Ötz, segmento de los Alpes italianos donde fue descubierto.

A sus 45 años debió pesar unos 50 kilos y su estatura rondaba el metro y medio. Tenía ojos marrones, una larga barba y un rostro plagado de arrugas, según varias reconstrucciones faciales coincidentes.

Al morir vestía pieles de cabra, con botas de piel de ciervo rellenas de hierba para aislar el frío, y un gorro de oso. Atada a su cintura, una bolsa con yesca y pirita lo acompañaba para hacer fuego en caso de necesitarlo. Tenía consigo además un hacha de cobre, algunas flechas y un arco de madera.

Era cazador. Y no son pocos los que sostienen que huía de posibles enemigos territoriales. Incluso se halló sangre de otra persona en las pieles con las que se protegía y en su cuchillo.

Muerte violenta

La muerte de Ötzi, por supuesto, ha sido un misterio desde su descubrimiento. Y no por falta de pruebas, sino justamente por lo contrario.

La momia ha arrojado pistas sustanciales que sugieren varias causas. Los investigadores creen que «el hombre de hielo» se vio inmerso en un combate horas antes de su deceso, cuando, además de recibir un flechazo en la espalda, sufrió un corte profundo en la mano y un golpe seco en el cráneo.

Los glóbulos rojos dispuestos en las heridas, que además son los más antiguos que se han analizado, confirman dichas teorías.

Albert Zink, líder del equipo investigador que estuvo trabajando con la momia en la Academia Europea de Bolzano, Italia, confirmó que su muerte fue gradual. «Resultó gravemente herido por una flecha que le atravesó su espalda y fue posiblemente rematado de un golpe en la cabeza que le habría causado la muerte».

Algunas muestras del cerebro del cadáver, en un estudio reciente, confirmaron que sufrió una grave lesión en el cráneo antes de morir.

El especialista afirmó que sus glóbulos rojos tienen la misma morfología que los modernos. «Sabemos que Ötzi no sufría ninguna enfermedad derivada de una alteración en estos. Y nos indican también que la herida de su espalda era fresca, por lo que murió pocos minutos después de recibir el impacto de la flecha», aseveró Zink.

«Lo más probable es que muriese en el mismo sitio en el que fue encontrado, porque no tenemos ninguna prueba de que fuese transportado desde otro lugar», concluyó el científico.

Expertos de la Academia Europea de Bolzano y las universidades alemanas de Saarland y Kiel tomaron dos pequeñísimas muestras de su tejido cerebral.

El equipo logró identificar un total de 502 proteínas diferentes en la muestra. Y como diez de estas solo se presentan en la sangre coagulada, y esta a su vez suele ser resultado de grandes contusiones. Todo parece indicar que varios coágulos se formaron en el cerebro del cazador.

Por otra parte, la presencia en el cuerpo del polen del árbol carpe negro, que florece en los Alpes entre marzo y junio, indica que Ötzi murió en primavera o principios de verano.

Tras el análisis intestinal se demostró la presencia de carne roja de ciervo, que consumió unas ocho horas antes de morir con algún cereal o pan. En sus intestinos se encontraron también algunas semillas, frutos y pequeñas raíces.

También se encontraron en su muñeca algunas rayas tatuadas. Y como los científicos están seguros de que sufrió artritis en esa zona, se especula que la presencia de los tatuajes sería parte de un acto mágico-curativo.

Su ADN nos cuenta que…

El portal de física, química y biología Nature Communications publicó el genoma completo de Ötzi.

La publicación revela que el hombre de la Edad de Cobre tenía sangre tipo O, no toleraba la lactosa, y que además sufría una enfermedad cardiaca. Sus ojos eran marrones y podría haber sufrido varias infecciones bacterianas y caries.

Albert Zink cree que si bien el ADN mitocondrial de la momia ya había revelado algunas pistas sobre sus orígenes, fue el estudio del ADN nuclear el gran salto hacia delante.

«Hemos estado estudiando al hombre de hielo durante 20 años. Sabemos muchas cosas sobre él, dónde vivió, cómo murió, pero sabíamos poco de la información genética que cargaba», dijo a la BBC.

Fue el equipo de Zink el que secuenció el ADN de los núcleos de las células, lo que representó un 96 por ciento del genoma de Ötzi.

Zink señaló que las nuevas técnicas de secuencia para el análisis del genoma completo hicieron posible el estudio. «La secuencia del genoma completo te permite secuenciar todo el ADN que sale de una muestra; eso no era posible antes».

Según el experto, los ancestros de Ötzi migraron desde el Medio Oriente, donde la práctica de la agricultura se hizo común. «Es probable que este período de transición a una sociedad agraria explique su intolerancia a la lactosa», sostuvo.

«Él no era obeso —dice Zink—, sino muy activo, por lo que no tenía factores de riesgo importantes para el desarrollo de la calcificación de su corazón. Tal vez desarrolló alguna enfermedad cardiaca debido a una predisposición genética».

Otro de los aspectos más interesantes de la secuenciación del genoma de Ötzi —reseña el diario ABC— son sus descendientes. ¿Habrá algún linaje suyo?

La investigación muestra también que su cromosoma se halla en las mutaciones más comunes entre los pobladores de islas mediterráneas, Cerdeña y Córcega, y su genoma nuclear sitúa a su posible linaje en la misma región.

Tataraprimos de Ötzi

Un estudio genético realizado por el Instituto de Medicina Legal de la Universidad Médica de Innsbruck, de Austria, reveló que «el hombre de hielo» tiene al menos 19 parientes vivos. Existen muestras de ADN de 3 700 donantes de sangre en la región austriaca del Tirol, refiere el diario español ABC.

Los científicos descubrieron que 19 individuos comparten la misma mutación genética de la famosa momia.

Walther Parson, científico forense responsable del estudio,  dijo a la Austrian Press Agency que estos hombres y Ötzi tienen los mismos ancestros. «Se trata de partes del ADN que no suelen cambiar cuando son heredadas».

En ese sentido, la mutación de Ötzi es muy rara en Europa, pero ya se ha comprobado con este experimento que viven otras personas con la misma mutación entre las poblaciones de Suiza e Italia.

La momia es mía

Por haber sido hallado en la frontera de Austria e Italia, Ötzi ha sido motivo de disputa. Estos países han tratado de reservarse los derechos sobre la momia desde su descubrimiento. Finalmente, en 1998, la momia fue trasladada de Innsbruck, Austria, a Bolzano, Italia, donde descansa a seis grados Celsius bajo cero, en el Museo de Arqueología de esa ciudad.

Pero ambos países no fueron los únicos que reclamaron. El matrimonio alemán que encontró la momia pedía también su «trozo de momia», y se llevaron a sus bolsillos una recompensa de más de 150 000 euros.

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