Descorchando reclamos…

Hoy llueven las felicitaciones por el nuevo año. Todos se salpican de sanos deseos, como interminables guirnaldas de esperanza. Lo difícil es, cuando atrapemos el 2007, plasmar ese designio en los duros lances de la vida cotidiana, para que no quede en la mera embriaguez de los festejos.

Son muchos los anhelos para Cuba que esta noche descorcharemos: que el 2007 y los años siguientes nos encuentren unidos y con mayor fuerza espiritual, para vencer todos los demonios externos e internos y defender con resultados más loables —en la mente y en el cuerpo de la nación— las razones que nos sustentan. Que la Letra de nuestros babalawos, y cuanta plegaria mística o terrenal florezca, la iluminemos a diario con las fuerzas del bien y la virtud.

Si tuviera que escoger entre tantos deseos, junto al ansia de salud para tantos y particularmente para alguien muy especial, heme aquí levantando mi copa porque las palabras estén más sustentadas por los hechos y no queden colgadas, solitariamente retóricas. Porque es asunto de salud mental y política también, que las nobles ideas no se entrampen tanto en la urdimbre cotidiana, y podamos ir cercando a esa hidra de la burocracia y la insensibilidad públicas, tan fuerte para reacomodarse y reproducirse en cada debilidad de nuestro proceso.

Si al ser humano se consagra todo y se le protege, si él ha sido el sentido último y la brújula de esta expedición por la justicia, es un contrasentido que al mismo tiempo muchas estructuras administrativas del país no lo asuman consecuentemente en su quehacer. ¿Qué hace tanta consigna diaria huérfana de gestión? ¿Cómo dirigir sin rendir cuentas, sin pegar el oído al lamento concreto, ni ver ni escuchar ni responder al problema de cada cubano, que debiera ser el de todos? ¿Por qué someter al óxido los engranajes de la democracia socialista?

Esas interrogantes se las hacen muchos de los que carenan en este rincón, que recibió 5 146 cartas en el 2006, casi un 33 por ciento más que en el 2005, y más que duplicada la cifra del 2004. Esas bien pueden ser las preguntas de muchos cubanos, cuando ya dejamos atrás el viejo año y entre copas hacemos balances.

EL COMODÍN DE LOS RECURSOS

Del resumen del trabajo, esta sección pudo colegir que, si bien las consabidas carencias de recursos y otras agonías materiales gravitan sobre el país, muchas veces sirven de chivo expiatorio y pretexto para no pocos desentendimientos e insuficiencias. Son el comodín de no pocas respuestas.

Junto a graves problemas materiales, las cartas de nuestros lectores reflejan, según las eficientes procesadoras y analistas de nuestra base de datos, asuntos muy recurrentes en el orden de lo que se denomina en Cuba lo subjetivo: Falta de información a los ciudadanos por parte de muchas entidades; demoras en responder planteamientos y en buscar soluciones, cuando no se dan respuestas superficiales y engañosas; maltratos, burocracia, componendas y hasta pequeños cacicazgos donde se manipula todo, se resta y se divide. Y de manera extrema, los que ni siquiera se dignan atender las quejas.

Hay políticas orientadas y legislación transparente, pero al final, en la base de la sociedad, se adulteran, por falta de control y exigencia, y también por deficientes comunicación y organización entre los niveles superiores de esos organismos y las instancias inferiores. Todo ello incide en que a veces se tomen decisiones arbitrarias y carentes de basamento legal, ajenas al espíritu de justicia que defiende el proceso revolucionario.

Una vez califiqué a Acuse de recibo como «el asidero de los desatendidos». No puedo dejar de esgrimir una vez más esta definición cuando observo y leo entre líneas todo lo que arriba a nuestro buzón. Los integrantes del colectivo que garantiza esta columna no nos vamos a marear con este brindis ni a creernos cosas por el alza de la correspondencia, por muchos éxitos que pueda tener esta columna de todos.

Si cada vez arriban más cartas con historias que van desde lo trágico hasta el absurdo, es porque sus remitentes no han encontrado respuesta en las estructuras institucionales. Si el país ha creado un vasto sistema de Atención a la población en organismos y entidades, es contraproducente que la gente toque a nuestra puerta de regreso, ya exhausta de todas las gestiones posibles, muchas veces en varios niveles y estamentos. Eso es para estudiar.

Esta vez incluyo en el análisis junto a las cartas publicadas soberanamente las que, por su especificidad tan especial, son tramitadas por la dirección de Juventud Rebelde, con los jefes de organismos e instituciones, y otros cuadros y funcionarios, para que investiguen y atiendan a sus remitentes. Del total de ellas en el 2006, solo en el 44 por ciento la entidad implicada cursó respuesta.

TANTO SUBIR PARA VOLVER AL MISMO SITIO

Son bastante frecuentes los casos de reclamos ciudadanos que comienzan a ascender infructuosamente en la escala de la administración estatal, para al final ser remitidos a su mismo punto de origen, al mismo escenario del problema donde no se le atendió, con la consiguiente frustración del que ya lo agotó todo.

Y la ironía más cruel es que la mera publicación en este espacio suscite de inmediato la respuesta que nunca se dio a un problema de años. Así, Acuse no deja de estar entrampado en las telarañas de todas esas deficiencias institucionales. Si no hubiera tanto recalo de lo que pudo haberse solucionado en la eslabonada cadena de la sociedad, este espacio podría, sin desatender las quejas concretas, enrumbar más hacia la exposición de reflexiones, sentimientos, sugerencias de los ciudadanos. Una especie de foro permanente. Pero nos ahogamos también con nuestros lectores en las aguas estancadas, sufrimos las irregularidades del voltaje, los largos trámites a pesar de todo lo anunciado, y nos albergamos con ellos tras el derrumbe de no pocas esperanzas. Caemos en los huecos y baches y volvemos a levantarnos.

¿Estaremos haciéndoles el trabajo a otros?, me pregunto a veces. Porque aun ni cuando se deshace el entuerto, esa es la esencia del problema. Las quejas y los casos son solo destellos de lo que deberían atender las instituciones: problemas de eficiencia y de gestión, métodos de dirección erróneos e improvisados, que no miran hacia abajo ni hacia los lados; falta de democracia en algunos colectivos, burocratización y centralización excesiva de unciones, entre otros pésimos hábitos y también problemas funcionales y estructurales de nuestra sociedad, que merecen un profundo examen.

Hoy esperamos el Primero de Enero por partida doble. Sin ánimo de aguafiestas —porque hay que sorber el gozo de todo lo alcanzado y enorgullecernos de unas cuantas razones— invito a ver en cada copa lo que nos falta para atender al prójimo y preservarlo no solo globalmente, sino con lupa, mirándole a los ojos y sosteniendo su mano. Eso, si queremos ser consecuentes.

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