El descrédito de ciertos créditos

Ni la imaginación más calenturienta pudiera vislumbrar hasta dónde puede llegar el absurdo de ciertas desapariciones y misterios, al punto de que parecen obra de cierta prestidigitación con los recursos que los ciudadanos pagan y luego no reciben.

Ana María Garriga Sotolongo no sabe ya a quién encomendarse en lo que considera «una estafa a la cara» casi «de la edad antigua». La lectora, quien reside en calle F, entre Norte y Cuarta, reparto Celso Maragoto, de la ciudad de Pinar del Río, relata que en 1987 comenzó a erigir una vivienda por medios propios. Una vez entregados todos los documentos requeridos, le concedieron la licencia de construcción 1-534.87, a nombre de Domingo Iglesias Hernández. Y le habilitaron un crédito bancario por valor de unos 1 681 pesos, desglosado en diferentes materiales y componentes para la obra. En consecuencia, se le entregó una chequera, que implicaba el pago de 35 plazos, mediante descuento de la nómina salarial.

Tal monto fueron descontándoselo mensualmente de su salario en su centro de trabajo. Y le entregaron un expediente donde se plasmaban las extracciones de materiales que iba haciendo.

El 22 de septiembre de 1991, después de 36 meses, había pagado ya el crédito al Banco; y, sin embargo, no se le habían entregado los materiales correspondientes. Siempre que iba al almacén de materiales, situado en el reparto donde reside, le respondían que para crédito no había nada, y eso debía verse en la Dirección Municipal de Vivienda. Cuando acudía a esta entidad, se le comunicaba sencillamente que no había materiales para crédito. Había que esperar.

En 2002 la citaron por el Banco para que entregara la chequera que le habían dado: ya no tenía validez. Y la encomendaron a Vivienda.

Hace dos años, los trabajadores sociales hicieron un censo del estado constructivo de las viviendas, e informaron que a todas las ya iniciadas se les iba a dar la facilidad para su terminación. Ana María fue a Vivienda y le expresaron que no tenían respuesta para su caso.

«¿A quién le puedo exigir responsabilidad por mi dinero o por los materiales asignados, que pagué?», pregunta Ana María. Son 16 años esperando. Parece increíble, pero sucede.

En la localidad holguinera de Cueto, Fernando Beltrán Champagne está exigiendo una investigación profunda y detallada de un caso no menos extraño.

Beltrán, quien reside en Camilo Cienfuegos 107, entre Rubén Casaus y Frank País, en ese poblado, cuenta que en 1989 comenzó la construcción de su casa por esfuerzo propio, y la misma fue paralizada por la llegada del período especial, cuando solo habían fabricado la zapata de tres cuartos y las paredes de bloques de los mismos y el baño. En 1997 le concedieron un crédito por valor de 2 000 pesos para los materiales de la inversión y la mano de obra, que respondía a la empresa Microservi, de Cueto.

Pero esta ejecutó el cerramento y piso de tres cuartos y el baño, y solo se utilizaron 360 pesos en materiales, aun cuando todavía le están descontando gradualmente los 2 000 pesos.

Microservi sí cobró el cheque emitido por el Banco, como si la obra hubiera sido terminada. Sí, porque según Beltrán, su casa ya está dada como concluida, aunque todavía es una inversión trunca.

Lo peor es que en todos estos años Beltrán ha hecho sus reclamaciones en Microservi y en las unidades municipal y provincial inversionistas de la Vivienda y «estas no han sabido darme una respuesta convincente y clara de la situación que tanto me afecta. Se me ha manifestado que no cuentan con el expediente de la vivienda, ya que el mismo hubo de ser objeto de pérdida. Y yo me pregunto por el destino de los materiales que fueron asignados a mi vivienda».

La indisciplina económica y el descontrol de ciertas entidades los pagan así estos trabajadores con paciente sufrimiento. El techo es algo muy serio. ¿Cuál será el enigma de tales fantasmagóricas operaciones? Al final, solo ha prevalecido el descrédito de esos créditos.

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