Primero las disculpas

Me excuso con los lectores, los máximos sensores y censores de esta sección. Por un lapsus mentis, en el encabezamiento del Acuse del pasado domingo, en el cual reflejé la respuesta de la Dirección Provincial de Justicia de Ciudad de La Habana a una queja, olvidé identificar de primera mano cuál era la entidad de la cual se señalaban las difíciles condiciones para sus trabajadores y para la población que recibía el servicio: El Registro Civil de Arroyo Naranjo. Aunque después se alude a este, en primera instancia pudo haber creado confusiones, incluso al extremo de que se pensara que nos referíamos al departamento de Atención a la Población de la Dirección Provincial de Justicia. Me excuso también con la institución.

Decisión unilateral: Ernesto Ricardo Ojeda me escribe en nombre de los estudiantes de Medicina de la ciudad de Holguín, que ven sucederse irregularidades en el cumplimiento de las disposiciones ministeriales con respecto al tratamiento en las terminales de ómnibus de los alumnos universitarios. El joven, quien reside en calle 9na. número 19B, en el reparto Parera de la Ciudad de los Parques, precisa que, por indicaciones superiores, en las terminales intermunicipales estaba dispuesto que de cada diez pasajeros de la cola, montara un miembro de la FEU, pues ellos deben viajar el fin de semana a sus domicilios, tienen horarios fijos que cumplir, y en el caso de los de Medicina, deben hacer guardias en diferentes centros asistenciales de la provincia. Como siempre lo hacía, el pasado sábado 5 de abril Ernesto fue a la terminal Las Baleares, para transportarse a Banes a las 7 de la mañana, y le dijeron que ya esa facilidad había sido eliminada. Sin embargo, él se dirigió a otra terminal intermunicipal de la ciudad, La Molienda, y corroboró que allí se mantiene la disposición. El universitario se pregunta si una entidad, unilateralmente, puede desentenderse de una directiva del país. ¿Cómo se llama eso?

Un S.O.S. por el Museo Emilio Bacardí: Eduardo Díaz, de calle A número 20, reparto Moros, en la ciudad de Santa Clara, viajó recientemente a Santiago de Cuba, y visitó el museo Emilio Bacardí, de esa urbe. Lo impresionaron las colecciones del mismo, la majestuosidad del inmueble y la profesionalidad y amabilidad de la guía, así como la utilización de sus salas como centros docentes. La nota discordante fue presenciar cómo las conocidas momias que exhibe esa institución se encuentran en un área que no presenta el mejor estado constructivo, y no posee la climatización requerida, para que las elevadas temperaturas y la alta humedad del clima no aceleren su deterioro. Igualmente, le preocupa que en otras salas, a obras de gran valor de Wifredo Lam, Ponce de León, Amelia Peláez y pinturas europeas del siglo XVIII, también les falta esa climatización preventiva.

Su experiencia en Cinecittá: Sergio Damián Cristiá no pretende generalizar un juicio por lo que vivió ese día en el popular restaurante italiano de la céntrica esquina capitalina de 23 y 12. Pero él, quien reside en Soledad 395, entre 6 y 8, en Guanabacoa, dice que hace unos días frecuentó la unidad: entró y estuvo sentado más de 40 minutos sin que apenas le sirvieran un vaso de agua. «Platos van y platos vienen (no a mi mesa), sin contar con la cara de satisfacción de muchos que entraron después que yo, terminaron de comer y se marcharon. En total unos 45 minutos de espera. Me pregunto qué ocurriría si yo, que soy cajero dependiente, decidiera atender a los clientes a mi antojo, sin respetar nada».

¿Completo o incompleto?: Del reparto Completo, en la ciudad de Bayamo, me habla uno de sus residentes: Luis Alberto Araújo, quien reside en Eduardo Galindo 132, entre Ignacio Pérez y Roberto Reyes. Él asegura que tal reparto, a la entrada de la ciudad de Bayamo, es algo así como un rincón del olvido. Precisa que tal urbanización es la única de la ciudad que no tiene ni escuela primaria, solo dos bodegas. El reparto no tiene desagüe de aguas negras, y como consecuencia tienen numerosos focos de mosquitos Aedes aegypti. Tampoco posee capacidades para instalar teléfonos, y solo pocas familias cuentan con ese servicio. Eduardo, quien es presidente de un CDR, se pregunta por qué en la ciudad de Bayamo, donde tantas transformaciones urbanísticas y sociales se experimentan, no se atiende ese reparto.

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