Adiestrado en el ocio

Romer Torres (Edificio 6, apto. 1, Micro  1-B, reparto Abel Santamaría, Santiago de Cuba) lleva siete meses perdiendo el tiempo en la Empresa de Servicios a Trabajadores del Ministerio de la Construcción en esa ciudad.

El joven graduado de la Licenciatura de Ciencias Alimentarias en el Instituto de Farmacia y Alimentos de la Universidad de La Habana, fue ubicado en la entidad santiaguera para cumplir sus dos años de servicio social y el correspondiente adiestramiento. Pero más bien se «adiestra» en el ocio.

«Estoy perdiendo el tiempo. No tengo plan de adiestramiento acorde con el perfil de mi carrera, ni tutor de experiencia reconocida, como plantea la Resolución 9 del 2007 del Ministerio del Trabajo y Seguridad Social, referida al período de adiestramiento y servicio social. No tengo evaluación del primer semestre. En la empresa no hay perfil para desempeñar mi profesión».

Romer ha hablado con el jefe de Recursos Humanos en la entidad; ha ido en varias ocasiones a la Dirección de Trabajo. Y todo sigue igual. Actualmente, se adiestra como técnico de Recursos Humanos, algo ajeno a su carrera. El de Recursos Humanos le plantea que no tiene autoridad para liberarlo de esa ubicación, pues solo lo puede hacer el ministerio de la Construcción. «Pero, ¿quién se hace responsable del daño que me ocasionan?, cuestiona él. ¿He estudiado tanto tiempo para no serle útil a mi país en lo que me prepararon?».

Según Romer, son amplias las posibilidades de trabajo que tiene su especialidad en Santiago de Cuba: en la Planta Procesadora de Soya, la Refinería de Aceite Comestible, el Combinado Lácteo, el Combinado Cárnico, la Fábrica de Refrescos, el Centro de Inspección de Calidad de los Alimentos, la Fábrica de Ron y Cerveza, Almacenes Universales y Cuba Control, entre otros.

Entonces, ¿por qué la sin razón?

El peso de un error

El pasado 11 de mayo, Enrique Torres, del municipio guantanamero de El Salvador, contaba aquí muy defraudado que, tras haber estudiado y prepararse para los exámenes de ingreso a la Educación Superior en la Sede Universitaria Municipal, el día de la primera prueba él y otros optantes no aparecían en el listado, y no pudieron examinarse.

Al respecto, responde René Sánchez Díaz, director de Ingreso y Ubicación Laboral del Ministerio de Educación Superior (MES): funcionarios de la Comisión de Ingreso provincial se entrevistaron con el demandante e investigaron los hechos.

Enrique, al ser baja de un centro de enseñanza militar, solo tiene derecho a reingresar a la Educación Superior mediante exámenes de concurso. Y en tal sentido fue orientado correctamente. A fin de prepararse para las pruebas, se inscribió en el curso de preparación que se impartió en la Facultad Obrero Campesina (FOC) Inti Peredo, no en una sede universitaria.

La Secretaría Docente de la FOC informó a Enrique que sus datos serían incluidos en un listado que se enviaría a la Dirección Municipal de Educación, y se realizarían los trámites correspondientes para que se presentara a los exámenes. Esa información errónea que recibió, le había sido dada a su vez por la Comisión de Ingreso Municipal de El Salvador a la Dirección Municipal de Educación. Lo establecido, agrega, es que el joven formalizara su inscripción en la Universidad de Guantánamo, para poder realizar los exámenes. Al no hacerlo, por desconocimiento, no podía aparecer en el listado de los inscritos.

«Teniendo en cuenta que el joven y otros de la misma FOC no fueron informados adecuadamente —suscribe el directivo—, hemos autorizado que realicen los exámenes de Español e Historia en las fechas previstas de la primera convocatoria, y el de Matemática en la segunda convocatoria».

Agradezco la respuesta y la solución puntual del MES, sin inflexibilidad. La lección del caso es que una orientación errónea de una Comisión de Ingreso local puede lastrar el futuro de un joven. ¿Qué análisis se habrá hecho de los responsables del desaguisado?

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