Espera en Guaracabulla

Dos enfermos postrados: su madre y su hermano; una casa tambaleante con techo derruido. Ese fue el paisaje de vida que describimos en esta columna el 14 de septiembre de 2013. Pablo Mirabal Peraza, la persona que narraba aquella historia, reclamaba al menos un oído institucional presto a escucharlo.

En un lugar intrincado de la geografía cubana: calle Fidelidad No.45, Guaracabulla, Placetas, Villa Clara, este hombre afrontaba la demencia senil de su progenitora y el carcinoma de próstata de su hermano, y ni siquiera podía esperar a corto plazo la entrega de un subsidio para reparar su vivienda, pues el propietario legal de la morada era su padre, fallecido en 1994. Los trámites para poner a su nombre el inmueble, y después solicitar que se aprobara y se otorgara el subsidio, al parecer podrían demorar muchísimo.

Las autoridades municipales —se quejaba entonces el remitente— no habían enviado al lugar, aun sabiendo la terrible situación, ni una comisión investigadora.

Al final de aquel Acuse nos preguntábamos: «¿Cómo ante un caso así no ha habido al menos la presencia de las autoridades correspondientes? ¿Por qué para las situaciones excepcionales no se crean vías expeditas (…) que no deban aguardar por todo el andamiaje burocrático? ¿O es que existen estas vías y nadie se las ha explicado a Pablo? Y si este último fuese el asunto, ¿no es también una limitación de oportunidades para los más desvalidos?».

El 28 de octubre de 2013 recibimos en nuestra redacción una carta de Noel Martínez Rodríguez, jefe del Departamento de Atención a la Población de la Dirección Provincial de la Vivienda (DPV) de Villa Clara.

Explicaba Noel que aquella misiva solo pretendía informar sobre las acciones emprendidas al respecto por la DPV, pues «a pesar de no tener facultades ni competencia para resolver el asunto, lo hemos investigado e intencionado con los órganos locales del Poder Popular».

Refería el funcionario que autoridades de la Vivienda y del gobierno local visitaron a Pablo y se comprobó que «realmente los ingresos familiares son de 200,00 pesos de la pensión de la madre, pues el Sr. Mirabal Peraza, quien se desempeñaba como auxiliar de conductor en Ferrocarriles de Cuba, dejó de trabajar para atender a su mamá y a su hermano»...

«Durante la visita efectuada (…) —continuaba la carta— se le orientó iniciar el proceso de incapacidad y tutela de su mamá y hermano, y se le ratificó la necesidad de la Declaratoria de Herederos para poder cumplir los requisitos que establece el Acuerdo No. 7387 y sus normas complementarias.

«Teniendo en cuenta que los problemas de Mirabal Peraza no son solo de Vivienda, pues inciden el Ministerio de Justicia, la Dirección de Trabajo y la Dirección de Salud, se deja notificada a la dirección del Gobierno de Placetas para que evalúe el caso y le emita la respuesta a usted y su órgano de prensa con todos los elementos».

Esas respuestas aún las esperamos.

Lo que sí llegó, tristemente, fue otra carta del guaracabullense, fechada el 20 de marzo de 2014 que, en síntesis, da cuenta de que el problema sigue igual, o peor, porque ya su anciana madre falleció.

Refiere Pablo en esta misiva que se produjeron varias visitas de funcionarios de la Vivienda y el Consejo Municipal de la Administración tras la publicación del caso. En octubre de 2013, «vinieron a visitarme Norbelio Machado Rodríguez y Leonardo Fariñas, director provincial y municipal de Vivienda, respectivamente (...) y me propusieron, de manera verbal, hacerme en breve tiempo una casa de madera y techo de zinc, de forma temporal, pues los trámites de traspaso de la propiedad que está a nombre de mi difunto padre a mi nombre demorarían más de un año. (…) Según ellos, esta vivienda se me construiría en poco menos de 20 días.

«Poco antes de concluir octubre volvió a visitarme el Director provincial y los compañeros de la (Empresa) Forestal, que serían los encargados de efectuar la obra. Hicieron las mediciones correspondientes para ejecutar el proyecto. Comenzaron a pasar los días y las semanas…», relata el remitente.

Y así han pasado seis meses. Antes se cobraban 200,00 pesos mediante la chequera que recibía la madre; ahora solo 158,00. El hermano de Pablo está mal. Y ni las tablas, ni el zinc, ni el subsidio, ni el acuerdo, ni la palabra, ni nada…

¿Cuánto más habrá de esperar Pablo?

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