Hasta a caballo...

El 13 de marzo pasado, contó aquí Fernando Guevara, residente en Felton, municipio holguinero de Mayarí, que la leche para niños y dietas de enfermos no tenía horario fijo de llegada al territorio, al colmo de que se recibía en los puntos de venta a cualquier hora del día y de la noche. En ocasiones, agregó, no arriba en el día y se distribuye al siguiente, como si los niños no tuvieran que alimentarse cada mañana. Y tal situación mantenía en jaque a los padres para comprar la leche «cuando llegue».

«Lo que no comprende este redactor es cómo las autoridades de Mayarí pueden dormir tranquilas cuando peligra la alimentación de niños y enfermos», señalé entonces.

Al respecto, Camilo Fuentes Zapata, subdirector comercial de la Empresa de Productos Lácteos de Holguín, responde que Fernando fue visitado el 11 de marzo por él y por el administrador del depósito de helados de Mayarí. Allí, los directivos reconocieron el problema y se disculparon «por las molestias ocasionadas a causa del inadecuado servicio de distribución de leche fluida del establecimiento Mártires de Levisa, en Mayarí.

Le explicaron al afectado «que la desagradable situación es consecuencia del mal estado técnico de los medios de transporte de la pasteurizadora responsabilizada con el acopio de leche fresca en los municipios de Banes, Cueto, Mayarí y Frank País». El establecimiento —precisa Fuentes Zapata— dispone de seis medios de transporte, y a veces realizan las operaciones con dos o tres. Se desfasan los horarios de recogida, lo que provoca la llegada tardía del producto y retrasos en el proceso productivo y la distribución final. A ello se suman afectaciones imprevistas, como la falta de agua para la producción, roturas de calderas y de máquinas embolsadoras.

Los directivos —apunta— admitieron que las molestias padecidas pudieron ser atenuadas con la información oportuna que debió fluir hacia las áreas donde se comercializa la leche. Y después se refirieron a que «esa deficiencia tiene que ver con el Jefe del departamento comercial del establecimiento, quien además violó lo indicado por la dirección de esa área en la Empresa de Productos Lácteos de Holguín, provocando problemas organizativos y descontrol en el sistema de distribución, por lo que se le aplicó la medida disciplinaria correspondiente.

«De igual modo —concluye—, se le comunicó a Fernando que actualmente no existe solución para los problemas que ocasiona la falta de transporte. En cambio, sí es posible enfrentar los problemas subjetivos, sobre todo brindar información oportuna a los consumidores cada vez que se presente una afectación».

Hay respuestas que cierran todos los caminos y, de hecho, promueven la resignación y el imposible, como la de Camilo Fuentes Zapata. La cuota diaria de leche para los niños y los enfermos no entiende de demoras. Está claro que la situación de recursos es menesterosa. Pero algo hay que hacer, menos declararse incapaces de resolver: alertar a las instancias superiores, buscar cooperación con otras entidades, acarrear la leche hasta a caballo si fuera necesario; pero no dejar esperando a los niños y a los enfermos.

El párrafo precedente serviría también para la historia que cuenta Dayán González Noda, desde calle 80, No. 8 310, entre 83 y 85, en Güira de Melena, provincia de Artemisa.

Dayán tiene un bebé de un mes de nacido, y la pediatra le prescribió leche maternizada, debido a que la madre de la criatura no tiene leche en sus pechos. Y cuando Dayán fue a la farmacia, hace dos semanas, se sorprendió con que la leche maternizada no había llegado completa.

Solo le vendieron una bolsita, de dos que normalmente le corresponden al bebito. El padre preguntó a la dependienta que si después le reponían la faltante, y ella, aunque amable, le alimentó la desesperanza: eso no tiene solución.

Dayán tuvo que terminar en la tienda en divisas, a comprar el famoso NAN, «una fortuna para el salario de hoy». Pero la mayor sorpresa fue cuando recientemente volvió a la farmacia, y la dependienta le dijo que no entró la leche maternizada, como si se tratara de dipirona para el dolor de cabeza.

«Un bebé —sentencia el padre— no sabe lo que es la frase: no hay. De inmediato me dirigí a los órganos pertinentes y me dijeron que hay problemas con la leche. Estamos hablando de un producto de fabricación nacional, no de un alimento para personas adultas, cuya falta se pueda entender o sustituir por otro. La única respuesta sería que la leche maternizada no faltara en la farmacia».

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