Adiestrada en perder el tiempo…

Recién graduada de ingeniera civil, Julena Ailén Pérez (Moncada 226, entre Habana y Maceo, Santiago de Cuba) fue ubicada para desarrollar su período de adiestramiento, como parte de su servicio social, en la delegación provincial del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH) en Santiago de Cuba.

La joven cuenta en su carta que el 15 de septiembre de 2014 llegó a esa entidad con el entusiasmo y las ganas de hacer de quien se estrena en esas lides. Pero…

«Me asignaron un primer tutor —relata— y él decidió no trabajar conmigo, porque en ese momento no le interesaba, así que me asignaron otro. Este, al final, nunca me hizo un plan de adiestramiento, ya que era un hombre muy ocupado. Aun así, le insistía en que lo hiciera. Iba todos los días al trabajo con esperanzas de que me pusieran a realizar alguna labor. Pero nada…».

Ella empezó a relacionarse con otras «adiestradas» y comenzaron las decepciones y los relajamientos. «Nos íbamos temprano —recuenta—, además de que firmábamos la tarjeta de tal manera que a fin de mes no nos descontaban nada. Al pasar los 15 primeros días ya me quería ir para otra entidad, cuando vi el trato tan desinteresado».

Refiere la muchacha que, según lo observado allí, es algo usual prestarles muy poca atención a los recién graduados. Tan es así, que una de las adiestradas decidió no ir más. Lleva dos meses sin presentarse en el centro y a nadie le alarma. Otra de las recién graduadas ya lleva un año de adiestramiento —afirma— y se ha conformado con tal situación. Pero esta es la fecha en que ni siquiera evaluación tiene. Ella desconocía que al adiestrado hay que evaluarlo, pero solo quiere completar sus dos años para irse de allí.  Ante tal situación, confiesa Julena que el desinterés y el rechazo a esa entidad fueron absorbiéndola.

Así, el 6 de enero pasado recibió una carta de aceptación para realizar su adiestramiento en otra entidad. Fue a Trabajo y Seguridad Social para ver si aceptaban realizarle el cambio de boleta de ubicación. Allí le dijeron que harían todo lo posible, mas para tal gestión necesitaba la carta de liberación del centro en el cual «labora».

Fue a Recursos Humanos de su centro, y el jefe de Personal le explicó que ellos tienen que mandar esa solicitud para el INRH. Ya la enviaron a la jefa de Recursos Humanos de ese organismo.

Julena lleva esperando más de 20 días. Como no tiene respuesta en su centro laboral, se tomó la libertad de llamar a la jefa de Recursos Humanos del INRH. Se enteró entonces que quieren reubicarla dentro del sistema de Recursos Hidráulicos. Pero ya la joven está decepcionada y se pregunta: «¿Es obligado estar en una entidad en la cual no recibiste la debida atención, y aún con tres meses y 20 días no tienes conocimiento de cuál es tu plan de adiestramiento, porque este no existe? ¿Cuándo obtendré una respuesta del INRH? ¿Por qué me tengo que ir para otro lugar, aun cuando tengo una carta de aceptación de una entidad que me recibe con los brazos abiertos?».

No es la primera vez que aparece una queja de la desatención a adiestrados. Téngase en cuenta que es decisivo ese primer momento de estrenarse el universitario en la vida laboral. Decisivo para bien o para mal en su futuro desempeño.

Ciudad equivocada

El viernes reseñé la denuncia de María Elena Herrera Cordero de un salidero de albañales que hay en la calle de su hogar, sin solución alguna hasta el momento.

La remitente señalaba que las aguas sucias llegaban hasta el pasillo de su vivienda interior, por lo cual hace casi un mes están informando a Acueducto, y les dicen que tienen que esperar 60 días. Y en el área de Salud le han dicho que deben aguardar 30 días.

Los vecinos de esa cuadra se preguntaban por qué hay que programarse 30 o 60 días para atender una queja y solucionar un asunto tan pernicioso, que amenaza la salud ambiental y personal de los ciudadanos.

El correo electrónico enviado por María Elena precisaba que la dirección del salidero es avenida 66, entre 49 y 51, pero no decía la ciudad o población de la misma. Y este redactor, mecánicamente asumió que era Marianao, en la capital. María Elena me escribió para aclararme que no es Marianao, sino la ciudad de Cienfuegos.

Me disculpo por este lamentable error y aseguro que tal distracción no volverá a suceder.

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