Aguacero de insensibilidad

Sucedió el pasado día 17, alrededor de la 1:30 de la tarde. La capitalina Marilín Ortega Pérez (calle 234 e/ 25a y 27, edif. 25, apto. 20, La Coronela, La Lisa) se hallaba en la gestión para sacar la línea del celular y el correo Nauta en la dependencia de Etecsa sita en Hidalgo y San Pedro, Nuevo Vedado. Mientras, se desató la lluvia, con sus rayos y truenos incluidos.

«Cuál sería mi sorpresa —narra la habanera— cuando termino de realizar el papeleo y me informa, al parecer la portera, que tenía que salir si no iba a realizar ningún otro trámite. Le explico que se fijara en el torrencial aguacero que estaba cayendo y que no había nadie más para entrar (...), que me dejara guarecerme hasta que amainara la tormenta. Al no entender mi solicitud le pedí, por favor, que me pusiera en contacto con el responsable del local y le planteo lo que estaba sucediendo; por respuesta me dice lo mismo, que el local era pequeño y no había espacio suficiente».

«Es cierto que el local es pequeño, pero si no había ningún cliente en ese momento para atender y la situación era especial, yo me pregunto: ¿Por qué ser insensible ante los problemas de los clientes? ¿Acaso se ha perdido el sentido de humanidad?».

Le deben 1 380 CUC

En dilemas como el de Gerardo Noa Silva (calle 57, e/ 8 y 18, No. 819, apto 1, Nueva Gerona, Isla de la Juventud) no nos cansaremos de insistir, porque el trabajo y su pago son, valga el repetido adjetivo, sagrados.

Gerardo fue colaborador de la Misión Deportiva Barrio Adentro desde 2014 al 2016 en la República Bolivariana de Venezuela. Culminó sin dificultad sus labores y aún le deben 1 380 CUC. «Cuando pido mi estado de cuenta por dudas en cuanto al dinero depositado, me explica la compañera Mara, trabajadora de Cubadeporte, del departamento Infomisión, que por error de ellos me estaban pagando como técnico, pues no me habían actualizado en la base de datos: en vez de depositarme 180 CUC como debe ser, me depositaban cien. Ya a mi esposa, estando yo cumpliendo misión (...) la había mandado a buscar la Jefa de Colaboración del municipio donde vivo, la compañera Sonia, pues los papeles en Cubadeporte se habían extraviado y se necesitaba que yo los volviera a entregar para ella ir a llevarlos», narra el pinero.

Y agrega: «Terminé mi misión en abril de 2016 y aún ni un centavo de ese dinero que se me debe. He ido varias veces a Cubadeporte y en una de ellas me dijeron que a principios de enero 2017 (...) iba a estar depositado. (...) Nada. (...) Ya no sé a dónde ir».

Quienes deben pagarle, y al parecer fueron irresponsables en los trámites desde antes del fin de la misión, ¿qué pueden argumentar?

Cinco meses sin el Valproato

Así como lo lee. El capitalino Juan Fernández Ponce (Lagueruela No. 162, apto. 2, entre Gelabert y Avellaneda, 10 de Octubre) anda muy preocupado, en «búsqueda y captura» infructuosa del Valproato de Magnesio. «Padezco de epilepsia y necesito tomarlo. Hace cinco meses que no entra a la farmacia y estoy esperando (…). Y no me responden», se duele el remitente. ¿Por qué, al menos, no existe una información y orientación oportuna respecto al fármaco?

Dejar datos de contacto

En ocasiones, ante la necesidad de precisar un dato, verificar un nombre, esclarecer una descripción de cualquier misiva, los redactores de Acuse nos comunicamos operativamente con los remitentes. Por eso es valioso que, de ser posible, aunque la carta haya llegado vía correo postal o entrega personal, en ella se deje algún dato de contacto (teléfono o correo electrónico) propio o de algún familiar. Mientras más conectados estemos, mejor. Gracias.

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