Estados Unidos: buscando narcos en ojo ajeno

Es un guión repetido una y otra vez. Estados Unidos siempre se las agencia para ocultar la viga en su ojo, y enarbola como estandarte su aparente combate contra el narcotráfico para arremeter contra supuestas infracciones de otros países, y ¡oh casualidad!, siempre son Estados que han plantado firme junto a sus pueblos, y ejecutan políticas socio-económicas que disgustan bastante al imperio porque son ejemplo de soberanía, independencia y defensa de sus recursos.

Esas actitudes hay que castigarlas y Washington —en permanente reposición de sus guiones hollywoodenses— pone en práctica la máquina de agresión propagandística, precursora de quién sabe qué planes belicosos e intervencionistas mucho más peligrosos.

Recién, la Casa Blanca presentó un informe a su Congreso —amparada en una ley de 1961 con la cual se otorgan el «derecho» de apuntar a otras naciones y culparlas de lo que les venga en gana—, donde asevera que Venezuela, Bolivia y otros más han fracasado en la lucha contra el narcotráfico. Expresamente, afirma sin pruebas que Venezuela fracasó «manifiestamente, durante los últimos 12 meses, en sus obligaciones bajo los acuerdos antinarcóticos»; y como lo dijo el señor imperial, es palabra y orden de descalificación que el mundo entero debe creer y acatar…

«Los países con una posición ideológica, cultural, programática antiimperialista siempre serán descertificados por parte del Gobierno de Estados Unidos», desenmascaró de inmediato el presidente Evo Morales. «Si tiene un costo que es la certificación, no me asusta, porque son descertificaciones decididas políticamente y no valorando el esfuerzo que hace el Gobierno nacional en la lucha contra el narcotráfico». Y agregó: en la región «solo dos países han sido descertificados: Venezuela y Bolivia. Ya sabemos por qué».

Con ese actuar, Washington pretende desconocer, y ocultar al mundo desde su privilegiada posición de emporio mediático, que Venezuela ha sido reconocida por la ONU por haber paralizado la proliferación de cultivos ilícitos en su territorio, y en lo que va de año incautó 30,2 toneladas de drogas, destruyó 17 laboratorios de procesamiento de estupefacientes en zonas de su larga frontera de 2 200 kilómetros —buena parte de ellos con Colombia, el mayor productor del continente—, y ha capturado y deportado a 15 individuos sindicados como narcotraficantes por la Interpol, siete de ellos recién este lunes (seis colombianos y un estadounidense).

«Si algún país ha fracasado es Estados Unidos; es una amenaza para el mundo, no ha logrado interceptar la droga que llega a su territorio», apuntó el ministro venezolano de Relaciones Interiores y Justicia, Tareck El Aissami, al intervenir en el Seminario Políticas y Estrategias Soberanas de Venezuela en la Lucha Mundial Antidroga, que tuvo como participantes a periodistas nacionales y extranjeros, un ejemplo de su política de transparencia sobre el delicado tema.

Sin embargo, esta es la viga que la Casa Blanca no quiere ver ni sacarse del ojo: continúa siendo el mayor mercado comprador y consumidor de drogas de esta maltratada Tierra; lo confirma el informe mundial de la Organización de Naciones Unidas (ONU), el cual asegura que en el estado de Tennessee el cultivo de marihuana es 17 veces mayor que el de soya. Y si no logran contener el consumo, es además el mayor productor de metanfetaminas en los laboratorios de los carteles de este negocio execrable, y de marihuana, incluso la modificada genéticamente con la aplicación de su gran desarrollo científico-técnico, la llamada supermarihuana o sinsemilla, con un 30 por ciento más de concentración de THC.

Como siempre, la cínica aplicación del doble rasero, sobre todo cuando se trata de desprestigiar a otros y pavimentar si le es posible un camino que les permita cualquier justificación para desestabilizar gobiernos y hasta provocar una intervención con los aviesos propósitos de apoderarse de riquezas ajenas. Así van las cosas, y esto de la descertificación es una de las piedras para pavimentar caminos donde transiten carros de guerra intervencionista… ¡Cuidado!

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