Donde crecen virtudes

Rigor, disciplina y sentido de la responsabilidad se inculca a los jóvenes que durante estos 45 años pasaron por la gloriosa Brigada de la Frontera, en las narices de la base militar yanqui, enclavada en Guantánamo contra la voluntad de los cubanos   

Autor:

Lisván Lescaille Durand

GUANTÁNAMO.— Más de uno frunció el ceño cuando le dieron la noticia: «Vas para la Brigada de la Frontera». Desde la tranquilidad de la casa, pensaron que esa selección tal vez les depararía angustia sin límites.

Muchos se despidieron con infinita nostalgia de familiares, amigos y de la «media naranja», recién encontrada. A no pocos se les congeló el suspiro ante la certeza de partir a un sitio en las narices de la base militar yanqui, anclada en Guantánamo contra la voluntad de los cubanos, hace más de un siglo.

Más de uno pensó en el legado heroico de jóvenes como Ramón López Peña y Luis Ramírez López, entregados, al precio de sus vidas, a la misión de contener, a pocos metros de la patria, al voraz e insaciable contrario.

No pocos descargaron sus penas y nostalgias en algún hombro confidente, por la lejanía de sus familiares en cualquier provincia de Cuba. Pero todos —y han sido miles— desde 1961, en que surgió el entonces Batallón Fronterizo en Guantánamo —hoy insigne Brigada de la Frontera (BF), Orden Antonio Maceo—, vinieron a defender los sueños de una nación insurrecta.

Rigor y disciplina

Los toques de campana devuelven la vida a la unidad militar que muy pronto se torna impecable. En minutos desaparecen las hojas de los árboles, caídas por la impetuosidad del viento. Mientras, las personas y los objetos parecen movidos por un resorte que armoniza la existencia.

A las 5 y 30 minutos de casi todos sus amaneceres, el joven soldado Denis Díaz, despereza el espíritu y calienta sus músculos

Denis Díaz: «Me siento un soldado con buena preparación militar y política». Foto: Jorge Luis Merencio Cautín

con una dosis de ejercicios físicos. Siente que a sus 19 años los «hierros» hacen bien a su anatomía, acostumbrada al entrenamiento desde hace 14 meses cuando llegara a la BF, desde Mayarí Arriba en Santiago de Cuba.

«Le cogí la vuelta al horario de vida en la unidad: gimnasia matutina, aseo personal, desayuno, limpieza en áreas exteriores e interiores, formación del pelotón, clases de preparación combativa y política, almuerzo, descanso, y nuevamente clases...

«Por lo general, en las noches —continúa Díaz—, el noticiero de televisión es sagrado; le siguen otras tareas hasta la hora del sueño. ¡Ah! un día por la tarde, y en los ratos libres, la practica de deportes reconforta: béisbol, baloncesto, dominó, ajedrez, damas...».

A punto de que concluya, en enero, su deber en el Servicio Militar Activo (SMA), ¿Qué cree haber ganado Denis?: «Me siento un soldado con buena preparación militar y política. Aunque ya era militante de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), he fortalecido mi conciencia revolucionaria...

«Humanamente, abunda, crecí como hombre y ciudadano, adquirí disciplina y conocimientos generales superiores. Para cuando me desmovilice, tengo la vista puesta en la Licenciatura en Cultura Física», confiesa.

Oportunidades para crecer

Ella sabe bien lo que quiere. Y por eso lucha. Un año y tres meses atrás, cuando terminó el preuniversitario se propuso, firmemente, coger experiencia para acceder a una carrera militar; empeño que condujo sus pasos hacia el Servicio Militar Voluntario Femenino en la BF.

«Esta es la vía más efectiva, razona Aislén Lara Socarrás, guantanamera de 19 años; ser soldado de la BF cerca del enemigo

Aislén Lara Socarrás: «Sales de esta unidad más convencida de la defensa de la Revolución». Foto:  Jorge Luis Merencio Cautín

representa mucho para mi formación político-ideológica. Aquí gané la militancia de la UJC, al calor de numerosas actividades políticas, trabajos voluntarios y tareas de la organización juvenil.

«Y eso me compromete más, acentúa Aislén. Una sale de esta unidad más convencida de la importancia de defender la Revolución».

Al soldado Leonel Soyet Aldana, le va «de lo mejor», en los dos meses que lleva incorporado a la Brigada de la Frontera. Tiene 18 años de edad y es de Mayarí Abajo, en Holguín. Dice que sabía parte de la historia de esta institución, «pero conocerla in situ es más gratificante.

«No albergo dudas de que me aportará muchísimo. Por lo pronto ya opté por la Orden 18 del Ministro de las FAR y espero conseguir ese beneficio para poder estudiar una carrera universitaria, asimilando la fuerte disciplina y la elevada exigencia del mando que caracterizan la vida militar».

Huellas que marcan

Ni el tiempo, ni experiencias posteriores consiguen apartar las lecciones del SMA, especialmente en la Brigada de la Frontera. Lo sostiene más de un egresado de esa escuela formadora de mejores seres humanos; entre ellos Carlos Lage Codorniú, el actual presidente nacional de la FEU.

Este joven tiene hoy 25 años y más entrenamiento como dirigente juvenil que cuando cumplió el SMA en la BF, desde agosto de 1999 hasta julio de 2000. Y sus palabras encierran el legado de tamaña experiencia:

«El SMA, en general, se convierte en una etapa decisiva en la formación de la voluntad, la disciplina y el carácter que te permite asumir retos de manera independiente, creciéndote sobre las dificultades.

«En la Frontera esos retos van sembrando valores; se refuerza, por ejemplo, la responsabilidad. Nadie allí asume un servicio de guardia como algo rutinario, uno sabe el enorme peso que tiene sobre sus espaldas cada minuto de guardia en el frente; y trata de hacerlo lo mejor posible.

«Por otro lado, se crea una especie de devoción por la Revolución; a muchos compañeros míos en la BF, los veo en las universidades y están en la vanguardia en sus especialidades o asumiendo tareas como profesionales y dirigentes.

Carlos Lage Codorniú: «... Retos que van sembrando valores». Foto: Franklin Reyes «Es una experiencia que te acompaña para el resto de la vida y que emite señales o mensajes en cada momento de tu actuación; significa tiempo ganado para los jóvenes, no solo por la preparación militar adquirida sino porque forma a mejores seres humanos», corrobora Lage Codorniú.

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