Cómo el Comandante Ernesto Che Guevara entró a la Fortaleza de la Cabaña

Testimonio del Comandante Oscar Fernández Mell, ayudante personal del Che y médico guerrillero, quien integrara la Comandancia de la Columna 8 Ciro Redondo

Autor:

Juventud Rebelde

Los dos rebeldes, comandantes y médicos guerrilleros, juntos al principio de la Revolución.

Fotos: Franklin Reyes

Dirigiéndose a los cerca de 300 descamisados de su columna, ya en el interior de la fortaleza de la Cabaña, el Che les dijo: «Tienen ustedes que aprender del porte y aspecto y de la marcialidad de los soldados del Ejército aquí presentes». Y dirigiéndose a los 3 000 soldados derrotados de la tiranía: «Y ustedes deben aprender de nuestros rebeldes cómo se gana una guerra».

Allí, entre los combatientes de la Columna 8 Ciro Redondo, comandada precisamente por el Che, y como su ayudante personal, estaba el doctor Oscar Fernández Mell quien, ahora, en su casa de Ciudad de La Habana, nos habla de cómo, hace 48 años, en las primeras horas del 3 de enero de aquel año 1959, entró el Comandante Guevara con su tropa en la antigua instalación militar.

«Al pasar por Colón lo primero que hice fue visitar a mi familia y después continuar hacia La Habana. El Comandante Guevara estuvo en el Regimiento de Matanzas. Ya Camilo había pasado por allí y había nombrado a los jefes civiles y militares de la provincia. Luego continuamos hasta llegar al territorio habanero del Cotorro.

«Desde la empresa telefónica de allí el Che trata de comunicarse con Camilo en Columbia, pero no lo logra. En su carro venían Castellanos manejando y él y Aleida delante también. Detrás Hermes y Villegas. Me dijo que hacía falta buscar un itinerario para entrar a La Habana, pero que no fuera el habitual de entrada de la gente.

«Le dije que lo llevaría por un camino accesorio que es el que yo usaba para entrar y salir de La Habana, cuando trabajaba en el Calixto García y regresaba a Colón. Entonces me dijo que fuera delante. A la altura de Cuatro Caminos, tomamos a la izquierda, pasamos por Managua, Santiago de Las Vegas, Rancho Boyeros, y en la Ciudad Deportiva, hacia la derecha por toda la Vía Blanca, la Avenida Gancedo, la Avenida de la Motorizada, la Avenida del Puerto, hasta el túnel.

«Recuerdo que una buena parte de la Columna siguió por el camino convencional, por toda la carretera central. Creo que los demás ni se enteraron y siguieron sin nosotros por toda la calzada de San Miguel del Padrón, el paso superior, hasta la Cabaña».

—¿Ustedes llegaron primero?

—Sí. El primer vehículo de nuestra Columna que llegó a la Cabaña fue el que yo llevaba, un Buick azul y blanco, nuevo, del último año, que había pertenecido al Capitán de la tiranía jefe del pueblo de Remedios, en Las Villas. Lo había dejado en el Regimiento y lo tomamos militarmente.

—¿Y la entrada a la Cabaña?

—Cuando llegamos allí estaban esperándonos las Milicias del 26 de Julio en La Habana, mandadas por Gaspar González Lanuza. Entre los milicianos vi a actores y artistas como Antonio González Regueral, César Mas y a Carlos Alberto Badía. La fortaleza había sido entregada a la Revolución. Ya González Lanuza, cumpliendo órdenes del Comandante Diego (después traidor) había tomado La Punta y la CMQ. Es importante hacer constar que en la Cabaña estaba el coronel de la dictadura Varela Castro, puesto allí por orden del coronel Barquín, ambos oficiales de la tiranía que estaban presos en la Isla de Pinos y fueron liberados el mismo día primero.

«El Che no había podido hablar con Camilo. Y allí Varela Castro le mostró una nota de Lanuza que le decía que estaba en la CMQ. Guevara fue enseguida para allá, con sus compañeros Alberto Castellanos (chofer), Harry Villegas y Hermes Peña. Aleida se quedó en otro carro.

«Nuestro jefe regresó enseguida para la Cabaña, luego de hablar telefónicamente con Camilo. Nosotros fuimos para la casa del coronel Fernández Miranda que, hasta su fuga en unión del tirano, fue el Jefe del Regimiento. Era hermano de Marta Fernández, la esposa de Batista».

—¿Y dónde se establece la Comandancia?

—Al inicio en la casa de Fernández Miranda. Guevara repartió enseguida la vivienda: el cuarto suyo, el de Aleida, el mío y dos para Villegas, Castellanos, Argudín y Hermes. Había una guarnición con otros oficiales rebeldes como Carlos Coello.

«Ahí se establece la Comandancia y comienza el Che a trabajar a través de los enlaces, yo era su Capitán ayudante. Un día viene “Cuco”, es decir, Adolfo Rodríguez de la Vega, el clínico que posteriormente atendía su asma y le dice que allí estábamos perdidos, que no había condiciones de Comandancia y expuso: “Todas las comunicaciones con Columbia y con el país están allá dentro de la Fortaleza, aquí tú no puedes mandar a nadie, no tienes teléfonos ni nada”. Y una semana después es que nos trasladamos y surge así la famosa Comandancia del Che en la Cabaña. Pero no la casa del cuñado de Batista».

PRIMERA MISIÓN ENCARGADA POR EL CHE

«Me mandó para la Estrella, al sur de Las Minas de Bueycito, a un lugar llamado Platanito. Me dio la tarea que cumplía allí el doctor Sergio del Valle, quien se incorporó en los llanos a la Columna de Camilo. Esa misión me la dio en el territorio de la antigua Columna de él, la número 4. El que se quedó al frente de ella allá en La Pata de la Mesa fue el después Comandante Ramiro Valdés. Allí empezamos a trabajar en una suerte de hospital rústico. Le decíamos hospital por llamarlo de alguna manera. También estuve un tiempo con el poco más tarde Comandante Juan Almeida.

«En La Plata se celebraron los primeros combates. Allí cayeron heridos el Gallego Díaz y varios más».

—¿Trabajaba antes de alzarse en algún hospital?

—Sí, en el Calixto (García) y en una clínica en Colón, Matanzas, mi pueblo. Yo el Calixto no lo dejé nunca, pues si no, me estancaba. Era la meca.

—¿Era médico general?

—No. Lo mío era la Ortopedia y la Traumatología.

—¿Entonces conocía al famoso ortopédico Julio Martínez Páez?

—Sí, yo trabajaba en su servicio.

—¿Estuvo cerca del Che en la Invasión?

—Siempre a su lado, en la Comandancia.

—¿Tuvo que atenderlo como médico?

—En Cabaiguán, cuando la luxación del codo.

—¿No fue un disparo?

—No, se cayó brincando por los techos y tuvo una fisura. El Che a medida que iba tomando los pueblos iba nombrando a los jefes civiles y militares. En Santa Clara dejó a Calixto Morales, expedicionario del Granma, de Gobernador y a Ramiro como jefe militar. Allí se organizó la caravana de nuestra columna. Ya Camilo había salido delante para tomar Columbia y nosotros la Cabaña.

—¿Qué grado militar usted tenía entonces?

—Ninguno. En el Escambray yo era quien, en su nombre, entregaba los prisioneros. Yo veía que allí había coroneles de Batista y se lo dije al Che. Y él me dijo: «Bueno, ya eres Capitán».

—¿Y él lo ascendió después a Comandante?

—No, fue Camilo ya en La Habana, en los primeros tiempos del triunfo.

HISTORIA DE UN REBELDE

Para alzarse en las montañas de Oriente Oscar Fernández Mell embarcó en el puerto de Santa Cruz del Sur, atravesó el Golfo de Guacanayabo y fue a salir a Sevilla Abajo, al sur de la Sierra Maestra. Iba con un cargamento de zapatos, ropa y otros artículos necesarios. Por tierra llegó a las lomas, tras el fracaso de la Huelga del 9 de abril de 1958.

«Tenía unos 26 o 27 años. Cuando lo vi venía en un mulo. Era desgarbado, pálido, ni bajito ni alto y cargaba con una Beretta italiana. No se sospechaba la dimensión que alcanzaría, aunque se notaba sabiduría en su rostro. Con el tiempo todo el mundo comprendió que era un jefe muy culto y de eso se habla poco. Celia Sánchez tenía una gran confianza en él.

«Ya era una leyenda en la Sierra. Se decía, por ejemplo, que había puesto una bandera del 26 de Julio para que las avionetas de Batista bombardearan en un sitio donde no había nadie. Las anécdotas sobre él eran muchas.

«Me alcé porque hacían falta médicos, pensando que la lucha iba a ser mucho más prolongada. Al verlo le dije: ¿Usted es el Che? Sí, me respondió con una calma que después supe era proverbial. Entonces le dije que yo era médico también. Que quería trabajar. Me dijo que lo esperara en Las Mercedes. Los caminos estaban infernales.

«Una anécdota que lo retrata de cuerpo entero. Andaba en un jeep y me pidió que me montara. Me vio mirando el precipicio, y cómo el vehículo lo bordeaba. Creo que fue en la Loma del Carpintero. Se dio cuenta de que yo estaba temeroso ante el peligro. Entonces me prometió que luego me diría algo. Llegamos y yo, intrigado, le pregunté lo que él me iba a decir. Me respondió sonriente: “Nada importante: Quería decirte que es la primera vez en mi vida que yo manejo”. Era muy arriesgado».

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