Jaime Crombet está orgulloso de los jóvenes cubanos

El Vicepresidente de la Asamblea Nacional comparte un tramo importante de la historia escrita por la juventud en la Revolución

Autor:

Juventud Rebelde

Fotos: José Luis Vidal Del Amo y Archivo

La conversación transcurre en la sede de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en la barriada habanera de Playa. La soleada mañana que se filtra por los ventanales impide pensar en un mes invernal.

Siempre afable, con voz pausada y un rostro que transmuta sabiduría, en buena parte vinculada a la juventud cubana y sus organizaciones, Jaime Crombet Hernández-Baquero se dispuso a abordar las experiencias adquiridas durante su desempeño como dirigente de la Unión de Jóvenes Comunistas.

En esa organización ocupó importantes responsabilidades, entre estas la de Primer Secretario de su Comité Nacional, entre 1966 y 1972, años trascendentales de la epopeya revolucionaria cubana.

Nacido el 3 de abril de 1941, ingeniero civil, Crombet, vicepresidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, compartió una parte importante de la historia escrita por los jóvenes cubanos.

—¿Cuáles eran las inquietudes de la juventud en aquellos años en que usted era Primer Secretario de su Comité Nacional?

—Siempre hay que contextualizar las experiencias, enmarcarlas en un momento, para que se entiendan las cosas; porque a veces se hacen extrapolaciones, no siempre felices, en comparaciones de épocas. La Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR) resultó una gran experiencia y nuestros mayores méritos fueron, en principio, empezar a movilizar y a organizar a la juventud, sobre todo muchos aún sin empleo.

«Para incorporarlos a las tareas de la Revolución se hizo un gran movimiento de muchachos que subieron cinco veces el Pico Turquino. Se les llamó Los Cinco Picos y resultaron una cantera de personal para las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), y diferentes obras de la Revolución.

«En 1961, la obra cumbre fue la Campaña de Alfabetización, en la que más de 100 000 estudiantes participaron en aquella gigantesca batalla cultural y educacional de gran trascendencia para el país.

«Entonces nuestra juventud vivía un proceso de enfrentamiento muy fuerte ante las acciones del imperialismo por destruir la naciente Revolución Cubana.

«Se formaron bandas armadas contrarrevolucionarias en varias provincias. Hubo que hacer una gran movilización de jóvenes y de obreros y de combatientes en general para enfrentarlos, en una épica contienda que llamamos la Lucha contra bandidos.

«Recuerdo, estando en la Universidad de La Habana, que en aquellas batallas hubo milicianos de ese centro de estudios, tanto en Girón como en la limpia del Escambray, a solicitud de los estudiantes y aprobada en ambos casos por Fidel, que nos visitaba con mucha frecuencia.

«Fue una época de profunda pugna ideológica, política e incluso militar con el imperialismo, de radicalización de la lucha de clases, del surgimiento de una vanguardia, en la que esa juventud, quizá pudiera decirte que con criterio a veces un tanto estrecho, excesivamente selectivo, muy riguroso, se desarrolló sobre todo en el sector estudiantil, en las FAR y en el Ministerio del Interior (MININT), y fue ganando fuerzas poco a poco en el sector joven obrero y campesino. La UJC tenía gran capacidad de movilización por su indudable condición de vanguardia.

«Son años también en los que el imperialismo desarrollaba una guerra cruel e injusta contra Vietnam, mientras crecía un movimiento revolucionario muy fuerte en América Latina y en África, y se desarrollaba la legendaria epopeya internacionalista del Che.

«La juventud carecía entonces del nivel cultural que muestra hoy, pero también había una imbatible disposición para cumplir cualquier misión. Organizamos a los más jóvenes en las llamadas Pre-columnas y a quienes poseían edad laboral en las Columnas Juveniles Agropecuarias y de la Construcción.

«En muy poco tiempo se unieron más de 30 000 para las Columnas Juveniles Agropecuarias y unos 10 000 para las Columnas Juveniles de la Construcción. ¿Qué ocurría en 1968? Por acuerdos especiales existentes entonces con la Unión Soviética y con los países socialistas, Cuba se comprometió a incrementar sus aportes en azúcar a cambio de combustibles y otros productos industriales precisos para su desarrollo, a precios preferenciales.

«Fidel convocó a incrementar las producciones de azúcar y agropecuarias en general. Se hizo un esfuerzo especial por las FAR en Camagüey, la gran provincia que abarcaba en aquel momento al Camagüey actual, Ciego de Ávila, Jatibonico, que ahora pertenece a Sancti Spíritus, y Amancio y Colombia, hoy en territorio de Las Tunas. O sea, tanto Camagüey como Ciego se caracterizaban por un gran potencial agropecuario y un enorme déficit de fuerza laboral.

«Las FAR desplegaron sus bríos en 1967 para incrementar la producción azucarera, lo que debilitaba mucho la disposición combativa del país. Por eso se nos dio la tarea, basándose en la experiencia, capacidad organizativa y de movilización de la UJC, de relevar a las FAR, a fin de fortalecer la defensa nacional y demostrar, además, que la juventud podía enfrentar grandes tareas económicas.

«Así, en marzo de 1968 se hizo el llamado para cumplir ese reclamo. Los primeros jóvenes de toda Cuba entraron en Camagüey el 3 de agosto de ese año. ¿Por qué se llamó Columna Juvenil del Centenario? Pues en homenaje al inicio de las Guerras de Independencia, 100 años antes, en 1868. Alrededor de 50 000 movilizados llegaron a la provincia de Camagüey para atender el desarrollo agropecuario, especialmente el cañero».

—¿Cuánto le aportó la Columna a su experiencia?

—Teníamos especies de divisiones con batallones, compañías y pelotones. Los jóvenes se movilizaban espontáneamente y recibían un pequeño estipendio; o sea, que sus ingresos no estaban vinculados directamente al resultado de su trabajo.

«Por otra parte, si cumplían eficientemente durante tres años sus responsabilidades se les reconocía ese tiempo como el cumplimiento del Servicio Militar Obligatorio. Además de las ocupaciones productivas —que eran las principales— se hacía un tremendo esfuerzo por elevar el nivel cultural y militar de los jóvenes, que accedían también a actividades culturales, deportivas, recreativas y políticas.

«Creo que el éxito principal del trabajo de mando y dirección de la Columna fue la ejemplaridad de los jefes y dirigentes que estaban allí. Teníamos varios batallones femeninos que cumplieron brillantemente, sobre todo trabajando en el cítrico y las hortalizas en Ciego de Ávila.

«La Columna se extendió a otras provincias: se crearon destacamentos en Oriente, Las Villas, Pinar del Río y se mantuvo el de la entonces Isla de Pinos, hoy Isla de la Juventud, así como en otros sectores donde había déficit de fuerza laboral. Surgió la Columna Juvenil del Mar para desarrollar a los muchachos de la pesca, sobre todo las Flotas Atunera, la del Alto y la del Golfo. Quizá muchos de los pescadores profesionales actuales surgieron de la Columna Juvenil del Mar; y también en el Níquel, en Siderurgia, Industria Textil, Industria del Vidrio, Ferrocarriles, en las construcciones de escuelas en el campo...

«Para que haya una idea: desde el año 1968 hasta 1971 se movilizaron más de 110 000 jóvenes a tareas productivas de vanguardia. En la zafra de 1971, la Columna era la fuerza más productiva del país. La zafra de 1971 dejó como saldo cerca de 86 Héroes Nacionales del Trabajo y de ellos 73 eran columnistas».

—Usted llegó a Angola en 1976 y fue el jefe político del Frente Norte. ¿Cuánto dejó en cubanos y angolanos esa epopeya?

—He comentado el espíritu nacional de defensa de la Revolución, de nuestra soberanía y nuestra independencia hasta la última gota de sangre. Había muchos antecedentes históricos, entre ellos la experiencia del Che en el Congo, su caída heroica junto a sus extraordinarios compañeros cubanos, bolivianos y peruanos en Bolivia.

«Todo ello, junto a la educación permanente de nuestro Partido, la constante prédica de Fidel, la convicción de que no puede haber un verdadero revolucionario si no es internacionalista, que no es más que contribuir a pagar nuestras propias deudas con el resto de la humanidad. Eso es lo que explica la disposición del pueblo para cumplir misiones en cualquier lugar del mundo.

«Fue una epopeya extraordinaria, en que la gente actuaba con una naturalidad increíble, como si estuvieran peleando en Cuba. No hacían una diferenciación en la defensa de su Patria y la de Angola. La heroicidad era cotidiana, y total la integración entre los grupos de combatientes».

MÁS HERMOSA Y FUERTE

—¿Qué puntos de contacto en lo político, ideológico y social usted ve entre su generación y la actual?

—No me voy a convertir en un viejo criticón de la juventud, pues vivo absolutamente enamorado y orgulloso de nuestros jóvenes. Creo que Cuba tiene el privilegio de contar con la juventud más hermosa, más fuerte y más sana del universo.

«Lo digo sin chovinismo, con la experiencia que tengo y lo que he podido vivir y conocer del resto del mundo. Contamos con una juventud culta, mucho más profunda, mucho más conciente, más revolucionaria; y hemos tenido el privilegio, todas las generaciones, de poseer un jefe insustituible, que nos ha formado y sigue encomendándole a la juventud obras de una alta prioridad, que es Fidel.

«Tenemos que seguir consolidando la invulnerabilidad política sobre la base de enfrentar nuestros propios errores: nosotros somos los que podemos destruir la Revolución, o sea, los cubanos, y en particular le corresponde a la juventud defenderla y eliminar, junto al resto de los revolucionarios, los defectos principales, los elementos delictivos, la corrupción, las fallas que tenemos en nuestro proceso, y seguir fortaleciendo la ideología.

«Nuestra juventud tiene una responsabilidad tremenda de preservar la Revolución, consolidarla, perfeccionarla y alcanzar niveles más altos de plenitud de calidad de vida, de niveles culturales, de niveles ideológicos».

*Cortesía de Radio Rebelde.

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