Escuela especial santiaguera ayuda a niños no videntes a integrarse a la sociedad

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La escuela especial para niños ciegos y de baja visión Antonio Fernández León garantiza a los infantes todas las condiciones y medios necesarios para el eficaz impulso del proceso docente educativo

SANTIAGO DE CUBA.— La risa le llega casi de oreja a oreja, el rostro se le deslumbra, su vista se pierde en lo que solo consigue imaginar... No puede ver, pero sus manos abrazan los manubrios, los pies les dan a los pedales y el corazón le palpita más fuerte.

No es por el nerviosismo, sino por el placer de saberse sobre las ruedas, dándole vueltas a la plaza, testigo del vidente que parece, mas no es.

«Aprendí a montar y a dominar la bicicleta, cayéndome varias veces, desde los cinco años de edad; también juego con todos mis amigos del barrio y corro muchísimo en la pelota cuando quiero anotarle a mi equipo una carrera», confiesa con la sonrisa de un recuerdo alegre este pionero santiaguero de quinto grado.

«Seré deportista», afirma el carismático Camilo Fernández Quiala. Camilo Fernández Quiala es un travieso niño que nos demuestra que ser ciego no es una barrera para realizar un sueño y explorar lo desconocido, en un viaje desde los ojos hasta el alma.

Mientras compartíamos sus vivencias y peripecias llegaba su profesora preferida al aula, y grande fue el asombro para todos: sin que ella dijera una palabra, Camilo la reconoció solo por el olor y el sonido de sus pasos.

Leocadia Wilson, estimuladora visual y su seño de primer grado, expresa que siente un gran aprecio por este alumno con desarrolladas habilidades sensoriales. «Camilo es un chico muy popular; todos los estudiantes admiran en él su carácter peculiar, siempre alegre, optimista y carismático... Desde muy pequeño aprendió a cumplir sus deberes con responsabilidad y total independencia».

La sublime pretensión de ayudar a infantes que como Camilo miran los colores del universo con el corazón, es una realidad palpable en el trabajo de la Escuela especial para niños ciegos y de baja visión Antonio Fernández León, centro fundado por Fidel el 27 de julio de 1993.

Una obra de virtud

En esta institución, en el poblado de Boniato, municipio cabecera de esta provincia, se recuerda con especial emoción la presencia del Comandante en Jefe en la inauguración.

En aquel entonces el líder de la Revolución escribió en el libro de honor de la escuela: «Con la más profunda e inolvidable emoción para los alumnos, padres y educadores de la escuela especial».

Esas palabras han inspirado durante estos 15 años al colectivo docente y médico que labora día tras día en el internado provincial, para propiciar el crecimiento espiritual e intelectual de las nuevas generaciones de pioneros que allí se preparan.

«Este centro cuenta actualmente con 81 profesores capacitados para apoyar con dedicación y esmero a los infantes que, desde primero y hasta noveno grado, necesitan ayuda debido a dificultades en la visión. En general brindamos las vías que permiten al niño integrarse a la sociedad sin ningún problema», afirma Leticia Chacón Gaínza, directora y fundadora de la escuela.

En estos momentos el centro posee una matrícula de 111 niños: diez ciegos, 14 sordociegos, diez estrábicos y 77 con baja visión.

Considerada como de excelencia entre las de su tipo, y ganadora por cuatro años consecutivos de la Distinción Vanguardia Nacional, la Antonio Fernández León garantiza a los infantes todas las condiciones y medios necesarios para el eficaz impulso del proceso docente educativo.

Al colectivo pedagógico de avanzada se suman los integrantes del equipo médico, quienes velan constantemente por el tratamiento y los ejercicios que logren desarrollar en los niños la percepción táctil y la estimulación auditiva, sensorial y visual.

Aunque comunicarse con Jenny, una pequeña sorda y ciega, es un poco difícil, ella sintió a su lado la presencia del equipo de reporteros. Por un instante atrapamos sus palabras de satisfacción en un gesto cariñoso y alegre, para el que no hizo falta traductor.

«A mí me gustan mucho los caballos; gracias a ellos he podido avanzar y me relaciono más con mis amigos», compartió entre señas la pionerita, una de las vinculadas al tratamiento de la equinoterapia.

Con un plan de estudio ajustado a las necesidades de la enseñanza especial, el internado provincial Antonio Fernández León garantiza la calidad del aprendizaje y mantiene un ciento por ciento de retención escolar.

Su participación en festivales deportivos, foros y eventos científicos y de Pedagogía, con relevantes resultados, exponen las razones por las que este centro posee una amplia gama de reconocimientos.

A esto se le suma el desempeño altruista de sus trabajadores, que acumulan constantes donaciones de sangre y disímiles horas de trabajo voluntario en obras de choque de la ciudad.

En honor a la virtud, esta escuela especial recibió de manos del Secretariado Nacional de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) la Bandera 50 Aniversario del Triunfo de la Revolución, mérito otorgado a solo cuatro centros educacionales en todo el territorio nacional.

El momento es interrumpido por las ansias desbordadas de Camilo, que otra vez colorean nuestro diálogo. «Seré deportista, te lo digo con confianza; no uso bastón porque yo soy de los que no se caen».

En esa certeza, desarrollada en las aulas de la escuela Antonio Fernández León, está la garantía del triunfo de sus fantasías.

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