La fábrica que nunca duerme

Autor:

Juventud Rebelde

El país pretende satisfacer su demanda de cepillos dentales y sustituir un alto volumen de importaciones. Detrás de ese esfuerzo están los jóvenes de la Empresa de Cepillos y Artículos Plásticos Juan Antonio Márquez

Ciego de Ávila.— Ella mira con desconfianza. El periodista enfoca con la cámara y desde el visor la ve hacer un gesto de enfado. En la nave de insertado el ruido es ensordecedor. El sonido de las máquinas termina por adentrarse en el cerebro y por unos segundos lo único que existe es eso: un martilleo constante, que obliga a respirar hondo para olvidarlo.

Giami Bello Campos, director de Ventas y el más joven en el consejo de dirección de la Juan Antonio Márquez Pero ella permanece impasible. Detrás, los obreros pasan por su espalda con las cajas llenas de cepillos y escobas recién montadas. El periodista vuelve a enfocarla. Ella mueve la cabeza. La luz del flash ilumina su rostro y ahora Yaumara Zamora Flores, de 30 años, se echa a reír.

«Hay que tener mucha concentración», dice. Señala la máquina encerdadora: Por un lado abre los huecos al molde del cepillo de lavar y otra sección le incrusta las cerdas. La punta del obturador martillea sin cesar y uno piensa sin remedio cómo quedarían unos dedos atrapados por ese mecanismo.

«No pasa nada», comenta Yaumara y acomoda los nuevos cepillos dentro de una caja. «En un turno de ocho horas y con la norma, una no tiene tiempo para pensar». «¿Y el cansancio? ¿No te cansas después de tanto tiempo?». Yaumara encoge los hombros y se ríe: «Hasta eso se puede aguantar». Y vuelve a la máquina.

Unir la noche con el día

Yaumara es una de las jóvenes que labora en la Empresa de Cepillos y Artículos Plásticos Juan Antonio Márquez, de Ciego de Ávila. Esa entidad, fundada por el Che el 13 de febrero de 1963, nunca duerme. A las 11 de la noche de cualquier día, al traspasar los cien metros que separan la verja de entrada con las naves, el visitante puede escuchar el ruido de las máquinas y sentir el olor a polietileno caliente.

Así llega el amanecer. Un nuevo turno hace su entrada y en el trasiego se ve a jóvenes enfundados en overoles azules. Uno de ellos es Eduardo Gil Páez. Tiene 25 años y es alto y de ojos claros. Trabaja de operario en una de las nuevas máquinas, en la que se fabrican las palanganas plásticas para lavar.

La máquina está a prueba, pero Eduardo Gil Pérez le empieza a conocer la cuenta: con ocho sacos de polietileno, se fabrican 400 palanganas «Con el tiempo me he dado cuenta que uno cambia con este trabajo», confiesa después de abrir la compuerta y sacar una palangana del interior de la máquina. «Hay que prestarle mucha atención al molde. El equipo está en prueba y hay que ver si se encuentra ajustado, si la pieza salió bien amoldada y sin jorobas. Aquí uno tiene que volverse muy cuidadoso».

Hay motivos para serlo. Esas palanganas, junto con las escobas, cubos, trapeadores y cepillos de lavar forman parte de los productos de la Juan Antonio Márquez destinados a sustituir importaciones para el sector de la Salud con valor por encima de los 250 000 pesos en divisa.

«Antes se importaban de China, pero ahora la empresa tiene la misión de sustituir esos artículos con sus producciones. Por eso hay que ser muy constante a la hora de vigilar la elaboración del producto», explica Lizbeth Cordero Vega, especialista de calidad y secretaria general del comité de base de la UJC.

Lizbeth trabaja en un local contiguo a la nave de Eduardo. Allí radica el laboratorio de la empresa, la cual ha sido certificada con distintas normas de calidad. Los técnicos, con batas azules, toman unas lupas y revisan en detalle los productos tomados como muestras en las líneas de producción.

Tienen que contar los «pelitos» de las escobas y cepillos. Las primeras deben tener entre 21 y 24 filamentos por orificio; los segundos, entre 20 y 23 por hoyo además de estar bien alineados. Los recipientes, por su parte, no deben tener vetas o faltarles un pedazo.

«Son algunos de los requisitos, entre muchos», explica Lizbeth. «Constantemente los inspectores traen las muestras. Si encontramos un defecto, tenemos potestad para todo. Incluso para... mire —y señala el teléfono— detener la producción de una línea. Completica...».

El gran mercado

La línea de cepillos dentales puede obtener 6 500 artículos en ocho horas de trabajo. Con la apertura al mercado en moneda nacional, esa producción se convierte en el corazón de la empresa avileña. Los números indican que entre los obreros no son muchos los menores de 35 años; sin embargo la gran mayoría de los jóvenes están vinculados directamente a la producción y algunos ocupan puestos claves. Uno de ellos, Boris Abel Díaz, es el jefe de la Unidad Empresarial de Base encargada de producir cepillos dentales.

«Aquí la norma es de 6 500 cepillos en cada turno de trabajo», explica Boris. «Son cuatro turnos al día, con 44 trabajadores en total por la mañana, la tarde, noche y madrugada. Así es la semana completa. Esta línea no descansa».

Hoy la Juan Antonio Márquez tiene capacidad para producir cinco millones de esos artículos. La novedad radica en que esos cepillos, antes destinados a las tiendas recaudadoras de divisa, se dirigirán ahora a los establecimientos del Ministerio de Comercio Interior para ser vendidos en moneda nacional.

«Con esta prioridad del Estado de vender el artículo en pesos, el cepillo dental se convierte en el primer mercado de la empresa, seguido de las escobas plásticas, con las que se puede ahorrar más de un millón de dólares por concepto de importaciones», señala Gianni Bello Campos, director de Ventas de la entidad.

Las intenciones son incrementar de forma paulatina la fabricación de cepillos de dientes. Ello implicaría invertir en tres máquinas (una encerdadora, una blisteadora y una de inyección para moldear la base) y así montar una segunda línea, con lo que la capacidad se elevaría a 12 millones en 2010.

Gianni apunta: «En 2011, de continuarse los planes concebidos en la dirección estratégica de la entidad, se podrían rondar los 30 millones de cepillos anualmente. Ese es el potencial de la demanda en el país, de acuerdo con estudios del Ministerio de Salud Pública. Y pensamos que se puede lograr. Conocemos la tecnología, tenemos local para ampliar la capacidad de producción y existe un mercado. Lo que queda es trabajar».

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